La Patagonia argentina, una región de imponente belleza natural, ha enfrentado en las últimas semanas un desolador panorama provocado por incendios forestales de magnitud devastadora. Ante la emergencia y la destrucción que consumió más de 45.000 hectáreas, dejando a innumerables familias sin hogar, animales y medios de subsistencia, la Iglesia Católica ha desplegado un significativo esfuerzo de acompañamiento y asistencia. En una muestra tangible de cercanía pastoral y solidaridad, obispos de la región visitaron las áreas más golpeadas, llevando un mensaje de esperanza y celebrando una emotiva Eucaristía en el corazón de la tragedia.
El pasado lunes 2 de febrero, una fecha cargada de simbolismo por la celebración de la Fiesta de la Candelaria, Mons. Roberto Álvarez, obispo de Rawson y vicepresidente de Cáritas Argentina, junto a Mons. José Slaby, obispo prelado de Esquel, se trasladaron hasta la localidad de El Hoyo. Este municipio, ubicado en la provincia de Chubut, fue uno de los epicentros de la catástrofe, con sus paisajes transformados en desoladoras extensiones de ceniza y humo. La misión principal de los prelados fue brindar apoyo espiritual y moral a las comunidades damnificadas, así como supervisar y coordinar la ayuda humanitaria en curso.
Durante su visita, los obispos recorrieron incansablemente los barrios y parajes donde el fuego había dejado su huella más cruel. Se detuvieron en los hogares de las familias afectadas, escuchando sus testimonios de pérdida y desolación. En cada encuentro, ofrecieron palabras de consuelo y reafirmaron la inquebrantable cercanía de la Iglesia. Su presencia buscó ser un bálsamo para aquellos que lo habían perdido todo, transmitiendo un poderoso mensaje de fe y resiliencia en medio de la adversidad. La pérdida de viviendas, animales de trabajo y la infraestructura productiva local ha sumido a muchos en una profunda desesperación, haciendo de este acompañamiento espiritual una pieza fundamental para iniciar el proceso de recuperación emocional.
Más allá del soporte anímico, la respuesta de la Iglesia se articula a través de Cáritas Esquel, una organización que ha estado en la primera línea de la asistencia material. Desde el inicio de la emergencia, Cáritas ha movilizado recursos y voluntarios para proveer lo esencial: alimentos, agua potable, elementos de abrigo y artículos de higiene. La logística de distribución de ayuda a puntos remotos y afectados por los incendios ha sido un desafío, pero la red de Cáritas, con el apoyo de la comunidad y otras organizaciones, ha logrado canalizar eficazmente el socorro. Adicionalmente, la labor de Cáritas se extiende al ámbito del acompañamiento integral, no solo material sino también en el impulso de la reconstrucción comunitaria, buscando restaurar el tejido social y económico de las zonas arrasadas. Este enfoque holístico es crucial para una recuperación sostenible y digna de las poblaciones de la Patagonia.
La jornada culminó con una significativa celebración eucarística en la gruta de Rincón de Lobos, un lugar que, aunque rodeado por la devastación visible de las llamas, se convirtió en un santuario de esperanza. El escenario, un telón de fondo de árboles carbonizados y el persistente olor a quemado, no impidió que la fe se elevara. Mons. Álvarez y Mons. Slaby concelebraron la Misa, a la que se unió el párroco local, P. Mariusz Wojciech Jachym, un sacerdote redentorista de origen polaco, cuya labor pastoral en la zona es de vital importancia.
La homilía, pronunciada por Mons. Álvarez, fue un llamado conmovedor a la perseverancia en la oración. Animó a los presentes a “no cejar en la plegaria a la Madre María para que interceda por su pueblo”. De manera especial, invocó a Nuestra Señora de la Candelaria, cuya festividad se conmemoraba ese día, pidiendo su intercesión divina para que los incendios cesaran y la tan anhelada lluvia por fin llegara.
Fue en ese preciso instante, durante el transcurso de la liturgia, cuando un leve y suave rocío comenzó a caer del cielo. Este fenómeno, percibido por la comunidad como una respuesta directa a sus súplicas, generó una profunda emoción y gratitud entre los asistentes. Las lágrimas y abrazos se multiplicaron, interpretando la lluvia como un mensaje de esperanza y consuelo divino en medio de la desolación. Este momento se convirtió en un testimonio palpable de fe, reforzando la convicción de que, incluso en los tiempos más oscuros, la ayuda y el apoyo pueden manifestarse de formas inesperadas.
Al concluir la Misa, la comunidad se unió en una sentida oración a la Virgen de la Candelaria, un canto colectivo de súplica y fortaleza. El texto, profundamente arraigado en la realidad de la tragedia, expresaba el cansancio y el dolor de una tierra que se quemaba, de vidas que se convertían en cenizas. Se imploró a la “María de la Candelaria, del fuego tenue que es ofrenda”, que apagara las brasas y las llamas, que detuviera el viento, que sosegara las ambiciones y los recelos, y que rogara a su Hijo Jesús por amparo, por lluvia y por el fin de los males. La oración culminó con la petición de que solo una luz permaneciera encendida: la de la esperanza, que enciende el corazón y otorga la fuerza para reconstruirlo todo.
La visita de los obispos a El Hoyo y la celebración de esta Misa en un entorno devastado, representan un faro de luz en medio de la oscuridad. Demuestran el compromiso inquebrantable de la Iglesia con las comunidades afectadas por los incendios en la Patagonia, no solo en la asistencia inmediata, sino también en la inspiración para la reconstrucción y la renovación de la esperanza. La lluvia que acompañó la plegaria se ha convertido en un símbolo de la resiliencia y la fe de un pueblo que, a pesar de las adversidades, mira hacia el futuro con la convicción de que juntos podrán reconstruir lo que el fuego consumió.





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