22 marzo, 2026

Tallin, Estonia — En un significativo evento que reafirma la conexión entre la fe, la resiliencia histórica y la diplomacia vaticana, el arzobispo Paul Richard Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales del Vaticano, participó este sábado en una conferencia internacional celebrada en Tallin, Estonia. La cita conmemoró la vida y el legado del Beato Eduard Profittlich, un arzobispo jesuita de origen alemán, cuyo martirio bajo el régimen soviético lo ha erigido como un símbolo potente de “diplomacia y santidad”, así como de “servicio inquebrantable a la verdad ante toda forma de opresión”.

La figura central de este encuentro en la capital estonia fue Mons. Eduard Profittlich (1890–1942), quien fuera administrador apostólico en Estonia durante la oscura etapa de la ocupación soviética. Su historia culminó trágicamente en 1942, cuando pereció en una prisión de Kirov, víctima de acusaciones infundadas de espionaje. Este jesuita valiente, cuyo nombre resuena ahora en la historia religiosa y política de Estonia, fue el primer beatificado en la trayectoria del país báltico, un hito que marca un antes y un después para la comunidad católica local.

La beatificación de Mons. Profittlich se celebró con gran solemnidad hace apenas seis meses, el 6 de septiembre del año pasado, en una misa presidida por el Cardenal Christoph Schönborn, en representación del Santo Padre, en la plaza central de Tallin. Este evento no solo fue un acontecimiento de profunda resonancia espiritual, sino que adquirió un carácter de alcance nacional, subrayado por el Dicasterio para la Causa de los Santos del Vaticano. La fecha del 21 de febrero ha sido designada oficialmente por el Vaticano para la celebración de la memoria litúrgica del Beato Eduard Profittlich, otorgando a estas festividades una relevancia particular para los fieles estonios y para el reconocimiento perdurable de su legado.

Durante su intervención, Mons. Gallagher enfatizó cómo la vida de Profittlich iluminó uno de los periodos más oscuros de la historia, destacando su inquebrantable coherencia entre la fe profesada y el servicio activo a la humanidad. “Su sacrificio”, señaló Gallagher, “nos revela que la diplomacia, tal como la entiende la Iglesia, y la pastoral, aunque operen en esferas distintas, comparten una raíz común: el servicio a la verdad por amor a Dios y a la humanidad, frente a toda forma de opresión”. Esta afirmación encapsula la esencia de la vida de Profittlich, quien encarnó ambos roles con una dedicación ejemplar.

Un aspecto crucial de la vida del Beato Profittlich, según Mons. Gallagher, fue su firme decisión de permanecer en Estonia a pesar de la creciente y brutal persecución religiosa bajo la ocupación soviética. Lejos de buscar refugio, optó por quedarse, una elección que el representante vaticano describió como su “más alto acto diplomático”. Los diarios personales de Mons. Profittlich revelan que esta elección no fue una carga, sino una fuente de “una felicidad increíble” y “un profundo sentido de paz”. Esta determinación subraya su visión no solo como un pastor, sino como un “verdadero pontífice”, un “extraordinario constructor de puentes y mediador”, capaz de forjar lazos humanos y diplomáticos que enaltecieron la dignidad de un pueblo entero.

La misión de Profittlich trascendió lo meramente espiritual para tener un impacto político significativo. “Dio a Estonia una voz moral en un momento en que las grandes ideologías totalitarias intentaban sofocar su identidad”, rememoró el arzobispo Gallagher. Incluso durante su encarcelamiento, donde fue sometido a brutales interrogatorios y torturas, Mons. Profittlich “nunca permitió que su coraje se convirtiera en odio”. Permaneció fiel a la verdad suprema: que “el amor es la única fuerza capaz de vencer al mal”.

Por ello, su ejemplo “nos habla con urgencia hoy, en una época de conflictos y amenazas”, afirmó Gallagher. En la misión de los santos, al igual que en la alta diplomacia, “la verdad no es un accesorio, sino el alma del pensar y actuar humano”. El arzobispo hizo un llamado a todos a convertirse en “artesanos de paz”, dispuestos a testimoniar que “el amor de Dios es la única fuerza capaz de reconstruir las naciones desde las cenizas del odio”.

Con la mirada puesta en la compleja realidad global, el prelado vaticano constató que vivimos “tiempos trágicos, con una Europa que siente más que nunca amenazada y herida la paz por la guerra en la martirizada tierra ucraniana”. Hizo referencia a la situación bélica mundial, a la que el Papa Francisco suele aludir como una “tercera guerra mundial a pedazos”, y a un momento histórico de excepcional delicadeza para la paz global, constantemente amenazada desde múltiples frentes. Sin embargo, aseguró que “Dios nos invita a tener confianza en Él, para que aquello que hoy puede parecer imposible —la paz— se vuelva posible”.

Finalmente, Mons. Gallagher elogió la fidelidad y la labor pastoral de la pequeña pero resiliente Iglesia católica en Estonia, que “ha atravesado grandes sufrimientos y ha experimentado la misericordia divina que permitió la renovación de la fe incluso donde esta fue más combatida”. Concluyó con una nota de esperanza, evocando la histórica visita de Juan Pablo II a Praga pocos meses después de la caída del Muro de Berlín: “Así como pocos meses después de la caída del Muro de Berlín Juan Pablo II visitó Praga, logrando lo que pocos hubieran creído posible, hoy lo aparentemente imposible puede hacerse realidad con Dios. Debemos confiar en Él, y también la paz que hoy parece inalcanzable podrá realizarse”. El Beato Eduard Profittlich permanece, así, como un faro de esperanza y un recordatorio perenne del poder de la fe y la verdad en los momentos más oscuros.

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