26 marzo, 2026

La Universidad de Salamanca se prepara para acoger un evento de profunda significación espiritual y humana. El viernes 16 de enero de 2025 marcará el estreno oficial del documental “La Cruz es mi alegría, no mi pena”, una producción audiovisual que sumerge al espectador en la extraordinaria vida de Fray Pablo María de la Cruz. Esta obra cinematográfica narra la conmovedora trayectoria de Pablo Alonso Hidalgo, un joven cuya fe inquebrantable y aceptación serena de la muerte, ante un diagnóstico terminal, dejó una huella imborrable. El documental se erige como un testimonio de esperanza y trascendencia en tiempos de adversidad, invitando a la reflexión sobre la vida, la enfermedad y el encuentro con lo divino.

A sus 21 años, Pablo Alonso Hidalgo tomó una decisión que asombró a muchos: ingresar a la Orden del Carmen. Este paso, ya de por sí notable, adquirió una dimensión excepcional debido a su delicado estado de salud. Seis años antes, a la temprana edad de 15 años, le había sido diagnosticado un Sarcoma de Ewing, un agresivo tumor maligno que afecta predominantemente los huesos. A pesar del pronóstico desfavorable y la amenaza inminente de la muerte, su solicitud de admisión al Carmelo fue aceptada de manera extraordinaria, un reflejo de la profundidad de su vocación y la urgencia de su espíritu.

El 21 de junio de 2023, en un gesto de fe que trascendía las barreras físicas, Pablo fue admitido al noviciado en la propia habitación del hospital donde recibía tratamiento. Esta fecha, que coincidía con la festividad de San Luis Gonzaga, patrón de la juventud, añadió un simbolismo especial a su compromiso. Pocos días después, el 25 de junio de 2023, Pablo Alonso Hidalgo profesó solemnemente sus votos como carmelita en la histórica iglesia del Carmen de Abajo de Salamanca, adoptando el nombre religioso de Pablo María de la Cruz. Este acto no solo representó la culminación de un anhelo espiritual, sino también un poderoso mensaje de entrega y esperanza en medio de una lucha contra la enfermedad.

El título del documental, “La Cruz es mi alegría, no mi pena”, no es casual. Es una cita atribuida a San Tito Brandsma, que Fray Pablo María de la Cruz hizo propia, encapsulando su filosofía de vida y su perspectiva ante el sufrimiento. La película teje su narrativa a través de un mosaico de voces: familiares, amigos, sacerdotes, frailes y monjes que compartieron momentos íntimos con él y fueron testigos de su transformación espiritual. Estos testimonios colectivos ofrecen una visión poliédrica de un joven que, lejos de sucumbir a la desesperación, encontró en su enfermedad un camino hacia una fe más profunda y una alegría inquebrantable.

Un componente central y conmovedor del documental son los fragmentos de una entrevista que se le realizó a Fray Pablo María de la Cruz apenas unos días antes de su partida. En estas grabaciones, su voz, aunque debilitada, resuena con una lucidez y una paz asombrosas. Con una sinceridad desarmante, revela el catalizador de su profunda espiritualidad: “Gracias a la enfermedad me encontré con Dios y, si Dios quiere, gracias a la muerte por la enfermedad me iré con Él. Y es algo que me hace realmente, inmensamente feliz”. Esta declaración no solo subraya su gratitud por el camino espiritual descubierto a través del dolor, sino que también transmite una visión trascendente de la muerte como un puente hacia la plenitud divina.

La vida de Fray Pablo María de la Cruz fue un ofrecimiento constante, y sus últimas intenciones reflejan la amplitud de su amor y su compromiso. Él ofreció su existencia por tres causas fundamentales: para que los jóvenes encontraran a Jesús, para la unidad de la Iglesia y para disipar el miedo a la muerte entre los cristianos. Estas aspiraciones, reveladas en diversas ocasiones, incluida una entrevista con la Cadena COPE poco antes de su profesión religiosa, ponen de manifiesto una madurez espiritual poco común en alguien tan joven. En dicha entrevista, ante la inminencia de su fallecimiento, Pablo articuló con asombrosa claridad “lo increíblemente bonita que es la muerte en Cristo. Es algo que no da miedo”. Para él, el temor a la muerte era “un tabú que hay que romper”, una barrera que la fe podía desmantelar.

Su perspectiva sobre el tiempo y la eternidad también era notable. “Me han dicho que me quedan estos meses y me parece hasta mucho tiempo ya. Las ganas que tengo ya de poder encontrarme con el Padre”, expresó con una sencillez y una alegría que desafiaban la lógica mundana. Además, compartió dos mensajes cruciales. El primero, dirigido especialmente a la juventud, enfatizaba que “nunca es pronto para encontrarse con Dios”, invitando a una búsqueda espiritual sin demoras. El segundo, una profunda acción de gracias a Dios por el tiempo concedido, acompañado de la constatación: “De verdad, me noto muy sostenido en la oración”. Su testimonio se convirtió así en un faro de esperanza y una invitación a la reflexión para creyentes y no creyentes por igual.

El camino terrenal de Fray Pablo María de la Cruz concluyó el 15 de julio de 2023, apenas veinte días después de su ingreso formal en la Orden del Carmen. Su fallecimiento, lejos de ser un momento de tristeza, fue para él la culminación gozosa de su anhelo de vida eterna, un encuentro largamente esperado con el Padre. El documental “La Cruz es mi alegría, no mi pena” no solo inmortaliza su historia, sino que también busca propagar su mensaje de fe, esperanza y la profunda alegría que puede encontrarse incluso en las circunstancias más difíciles. Su legado, plasmado en esta obra audiovisual que se estrena en la Universidad de Salamanca, es un recordatorio perdurable de que la fe puede transformar el sufrimiento en un camino hacia la plenitud y la paz.

Agregar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Desde las Redes

Desde las Redes es un portal católico dedicado a la Evangelización digital. Somos un equipo de profesionales poniendo nuestros dones al servicio de la Iglesia. Lancemos las redes y compartamos la fe.

Nuevos