16 febrero, 2026

En un gesto de profunda solidaridad espiritual y preocupación ante la escalada de conflictos mundiales, la Iglesia Católica en Europa ha convocado a sus fieles y jerarquías a unirse en una “Cadena Eucarística” ininterrumpida de oración por la paz. La iniciativa, coordinada por el Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE), busca movilizar a cada conferencia episcopal del continente para elevar súplicas por el fin de las hostilidades, con un enfoque particular en Ucrania y Tierra Santa.

Desde el inicio de la Cuaresma de este año litúrgico, tiempo de reflexión, penitencia y conversión para los católicos, y a lo largo de este periodo sagrado, la llamada del CCEE resuena como un clamor unificado por una “paz desarmada y desarmante”. Este concepto, arraigado en la Doctrina Social de la Iglesia, no solo implica el cese de la violencia, sino también la desactivación de las causas subyacentes de los conflictos: la injusticia, la desigualdad, el odio y la falta de diálogo.

**Una Respuesta Espiritual a la Crisis Global**

La urgencia de esta convocatoria se enmarca en un contexto geopolítico convulso. El conflicto prolongado en Ucrania sigue cobrando vidas y desplazando a millones, mientras que la región de Oriente Medio se encuentra inmersa en una espiral de violencia que impacta profundamente a civiles en Israel y Palestina, incluyendo la Franja de Gaza. Ante la impotencia que pueden generar los medios diplomáticos y políticos tradicionales frente a escenarios tan complejos, la Iglesia recurre a la fuerza de la fe y la oración colectiva como un camino hacia la sanación y la reconciliación.

El CCEE, organismo que reúne a 39 conferencias episcopales de 45 países europeos, actúa como el motor de esta propuesta, subrayando la importancia de la comunión eclesial y la acción conjunta. En un comunicado, el Consejo ha precisado que la “Cadena Eucarística” no es una acción aislada, sino una cita de oración habitual que, en esta ocasión, adquiere una relevancia particular frente a la gravedad de la situación internacional. Su objetivo es convertirse en una experiencia palpable de unidad y un signo visible de esperanza para todo el continente europeo, devastado históricamente por conflictos y ahora llamado a ser un bastión de paz y fraternidad.

**Compromiso de las Conferencias Episcopales**

La invitación a las conferencias episcopales europeas es clara y concreta: comprometerse a organizar al menos una Santa Misa dedicada a la oración por las víctimas de la guerra y a invocar al Señor por esa paz que va más allá de la ausencia de conflicto. Estas celebraciones eucarísticas, el centro de la vida católica, buscan ser momentos de intercesión poderosa, donde la comunidad se une en torno al sacrificio de Cristo para implorar la misericordia divina y la gracia de la paz en las regiones más afligidas.

Además de las intenciones generales por Ucrania y Tierra Santa, las Misas servirán para recordar a todas las víctimas inocentes de la guerra, a los desplazados, a los que sufren la escasez y la violencia, y a quienes trabajan incansablemente por la paz en el terreno. La oración se extenderá también a los líderes mundiales, para que sus decisiones estén guiadas por la sabiduría y la búsqueda del bien común, y no por intereses particulares o geopolíticos.

**Inspiración Papal y la Visión de una Paz Integral**

La iniciativa de la “Cadena Eucarística” acoge y refuerza la invitación constante del Papa Francisco a la oración y a la construcción de la paz. El Santo Padre ha sido una voz profética incansable, llamando a la conciencia de la humanidad y denunciando lo que él mismo ha calificado como una “Tercera Guerra Mundial a pedacitos”. Su mensaje para la 57.ª Jornada Mundial de la Paz, por ejemplo, ha enfatizado que la paz “es más que una meta; es una presencia y un camino”, una construcción diaria que requiere compromiso, diálogo y la superación de la indiferencia.

La visión papal de la paz es integral, abarcando no solo la ausencia de guerra, sino también la justicia social, el cuidado de la creación, la fraternidad universal y el desarrollo humano pleno. Al integrar esta perspectiva, la “Cadena Eucarística” no solo ora por el fin de las hostilidades, sino que también impulsa a los fieles a ser agentes activos de paz en sus propios entornos, promoviendo la reconciliación, el perdón y la solidaridad.

**Logística y Visibilidad de la Oración Colectiva**

Para facilitar la coordinación y asegurar la visibilidad de este esfuerzo continental, el CCEE ha compartido un calendario detallado con las fechas asignadas a cada conferencia episcopal. Este calendario incluye información específica sobre las Misas e iniciativas de oración que se llevarán a cabo en cada país durante la Cuaresma. Este esfuerzo logístico busca no solo organizar, sino también inspirar y permitir que los fieles de un país se unan espiritualmente a las intenciones de otros, creando una verdadera red de oración que trascienda fronteras nacionales.

La esperanza es que esta “Cadena Eucarística” no solo genere un impacto espiritual profundo, sino que también envíe un mensaje potente a la comunidad internacional. Demuestra que, a pesar de las divisiones y los desafíos, la fe puede ser un catalizador para la unidad y la búsqueda incesante de la paz, recordándonos que la oración es una fuerza transformadora capaz de mover montañas y cambiar corazones. Europa, una vez más, eleva su voz a través de la fe, rogando por un futuro de concordia y esperanza para la humanidad.

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