La situación de las ex-clarisas del monasterio de Belorado y Orduña, lideradas por la ex-abadesa Laura García de Viedma, se torna cada vez más crítica ante la inminente ejecución de la orden de desalojo. Las religiosas, que se autoproclaman sedevacantistas y fueron excomulgadas por la Iglesia Católica el pasado junio de 2024, exploran activamente opciones para reubicarse, incluyendo un posible traslado fuera de España, en un escenario de incertidumbre y tensión creciente.
El conflicto, que ha capturado la atención mediática y eclesiástica, se remonta a mayo de 2024, cuando la comunidad de monjas clarisas anunció públicamente su decisión de abandonar la obediencia a la Santa Sede a través de un manifiesto de corte sedevacantista. En este documento, desconocían la autoridad de los Papas posteriores al Concilio Vaticano II, a quienes se refieren peyorativamente como la “Iglesia conciliar”. Esta declaración marcó un punto de inflexión, transformando una disputa administrativa por la compraventa de un convento en un cisma abierto con graves consecuencias canónicas.
La Iglesia Católica, tras varios intentos de diálogo y exhortación a la reconsideración, procedió a la excomunión de las diez monjas que perseveraron en su postura disidente. Esta medida, una de las más severas en el derecho canónico, las aparta formalmente de la comunión eclesial y de la administración de los sacramentos. Paralelamente, la justicia eclesiástica determinó que, al renegar de la Iglesia Católica, las ex-religiosas perdían cualquier derecho sobre los bienes que son propiedad de esta, incluyendo el monasterio de Belorado que ocupan.
Con la fecha límite para el desalojo fijada para el 12 de marzo, el portavoz de las ex-clarisas, Francisco Canals, ha revelado que la comunidad ha recibido “más de una treintena de ofertas” para encontrar un nuevo emplazamiento. Estas propuestas han surgido a raíz de una campaña lanzada a principios de este año para asegurar un lugar donde poder continuar con su vida comunitaria, al margen de la autoridad eclesiástica. La variedad de las ofertas refleja la complejidad y peculiaridad de su búsqueda.
Según Canals, las opciones barajadas para la reubicación en España van desde antiguas casonas en zonas rurales hasta espacios vinculados a empresas mineras, inmuebles desatendidos en áreas despobladas, residencias para mayores e incluso habitaciones en domicilios particulares. Sin embargo, el portavoz subraya que “aún no se ha encontrado una solución definitiva” debido a que muchas de estas propuestas “no reúnen condiciones de habitabilidad, están pendientes de importantes reformas o, en algunos casos, se trata de conventos bajo el control de la Iglesia conciliar, donde no resultaría difícil imaginar que podrían ser vetadas o encontraran nuevas trabas”.
La posibilidad de un exilio voluntario fuera de España ha cobrado fuerza en las últimas semanas. Las ex-clarisas estarían valorando seriamente ofertas de traslado a países como Francia, Bélgica, Portugal y Estados Unidos, específicamente la ciudad de Nueva York. Canals explicó que estas alternativas “están siendo valoradas como posibles” ante un supuesto sentimiento de “poco valor” y “maltrato” que las ex-religiosas experimentarían en España, lo que las inclina a buscar un entorno donde perciban mayor acogida o respeto por sus convicciones.
Este giro hacia el extranjero subraya la determinación del grupo de mantener su independencia eclesial, incluso si ello implica desarraigarse de su lugar de origen y de una parte significativa de su vida. La logística de un traslado internacional para una comunidad con un estilo de vida tan particular presenta desafíos considerables, desde la financiación hasta la adaptación cultural y legal en un nuevo país.
Mientras la mayoría de las ex-clarisas se aferran a su posición, el caso también ha visto un atisbo de reconciliación. De las diez religiosas inicialmente excomulgadas, dos han decidido abandonar el grupo sedevacantista y han regresado a la Iglesia Católica, si bien en calidad de laicas. Este proceso de acompañamiento espiritual y conversión se ha llevado a cabo de manera discreta durante casi dos años, evidenciando que el cisma no es monolítico y que existen vías para el retorno individual a la comunión con Roma. Este hecho, poco publicitado, pone de manifiesto la complejidad de las dinámicas internas del grupo y los esfuerzos silenciosos de la Iglesia por la reintegración de sus miembros.
El 12 de marzo se cierne como una fecha clave para el futuro de las ex-clarisas de Belorado. Con el desalojo del monasterio inminente y la búsqueda de un nuevo hogar en pleno apogeo, la comunidad se enfrenta a una encrucijada que podría llevarlas a redefinir su existencia en un nuevo continente o a encontrar un refugio más discreto en territorio español, siempre bajo la égida de su particular interpretación teológica y su rechazo a la autoridad pontificia actual. La saga de Belorado, que combina aspectos legales, teológicos y humanos, continúa desarrollándose, dejando en vilo el destino de estas religiosas disidentes.





