22 marzo, 2026

CIUDAD DE MÉXICO – La comprensión popular sobre la posesión demoníaca a menudo la asocia exclusivamente con individuos involucrados en prácticas ocultistas o alejados de la fe. Sin embargo, un experto en exorcismo de México ha desafiado esta percepción, explicando que la “acción extraordinaria del demonio” puede manifestarse incluso en católicos profundamente devotos, una posibilidad que, según la teología, Dios permite en aras de la santidad y salvación de las almas.

El Padre Alberto Medel, coordinador del Comité Teológico del Colegio de Exorcistas de la Arquidiócesis Primada de México, compartió su perspectiva en una reciente entrevista, subrayando que “la acción extraordinaria del demonio Dios la permite en orden a la salvación”. Esta afirmación abre un horizonte distinto sobre el entendimiento del sufrimiento espiritual y la intervención divina en la vida de los creyentes. La discusión surge en el contexto de casos complejos, como el de Catalina Davis, una mujer que transitó de prácticas de la Nueva Era a una profunda conversión al catolicismo, y aún así enfrentó episodios de posesión demoníaca.

Según el Padre Medel, el núcleo de la cuestión radica en comprender por qué la providencia divina permitiría tal aflicción. “Nos pareciera muy lógico” entender la posesión en alguien que ha llevado una vida de pecado o ha abierto voluntariamente las puertas al ámbito demoníaco, explicó. No obstante, lo que resulta más desconcertante para muchos es la ocurrencia de tales fenómenos en “almas inocentes” o en personas que “están perseverando en la vida de la gracia por los sacramentos” e incluso llevan “una vida de santidad”. Esta categoría incluye a niños o a otros individuos que, desde una perspectiva humana, no parecerían justificar ser objeto de una acción demoníaca de tal magnitud.

La clave para interpretar estas situaciones, enfatiza el exorcista, debe ser siempre la santidad. “Dios permite esta acción en favor de la santidad de las almas”, reiteró. Esto significa que una persona que lleva una vida de práctica cristiana ejemplar, un auténtico seguimiento de Cristo, con una profunda vida interior, dirección espiritual y una frecuencia constante de los sacramentos, sí puede ser poseída. Lejos de ser un signo de falta de fe, esta posibilidad se enmarca dentro de un designio divino más elevado.

La acción extraordinaria del demonio, cabe destacar, no se limita únicamente a la posesión. También comprende otras manifestaciones como la vejación, que se refiere a agresiones físicas externas, o la obsesión, que implica pensamientos intrusivos y persistentes de origen demoníaco. La historia de la Iglesia está repleta de relatos que documentan estas interacciones, incluso con figuras de una piedad excepcional.

El Padre Medel ilustró este punto recordando que la acción extraordinaria del demonio ha alcanzado a santos canonizados. “¿Cuántos santos no fueron vejados por el demonio?”, cuestionó, mencionando a San Pío de Pietrelcina, conocido popularmente como Padre Pío, como un ejemplo prominente. Este santo capuchino experimentó vejaciones físicas por parte de entidades demoníacas a lo largo de su vida. La pregunta crucial es: “¿Y por qué Dios permitía las vejaciones del demonio a San Pío de Pietrelcina?” La respuesta teológica, según el exorcista, es clara: “En orden a la santidad de San Pío de Pietrelcina”.

Esta perspectiva teológica sugiere que, en el misterio de la divina providencia, Dios puede transformar incluso la malicia y la soberbia del demonio en un instrumento para el perfeccionamiento espiritual de sus hijos. “Dios utiliza esa soberbia del demonio para la salvación de aquellos a los que el demonio influye”, afirmó el Padre Medel. De este modo, el sufrimiento que puede derivar de estas experiencias no es estéril, sino que se integra en un plan mayor de purificación y crecimiento espiritual.

En resumen, la posibilidad de que una persona en camino de perfección cristiana sea objeto de una acción extraordinaria del demonio, incluyendo la posesión, es real dentro de la enseñanza católica. Sin embargo, desde el prisma de la fe, esta situación se comprende como parte de la providencia de Dios, permitida para el crecimiento en santidad de la persona afectada y, en última instancia, para su salvación. Esta visión ofrece una profunda reflexión sobre la naturaleza del mal, la libertad divina y el propósito redentor detrás del sufrimiento, invitando a los fieles a una confianza aún mayor en el plan inescrutable de Dios, incluso frente a las más oscuras adversidades.

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