7 abril, 2026

El mundo católico lamenta el fallecimiento del padre Jean-Claude Chupin, OFM, cofundador de la Comunidad del Cordero, quien partió a la Casa del Padre a la edad de 95 años el pasado 5 de abril, Domingo de Pascua de 2026. Su deceso tuvo lugar en Saint-Pierre, la casa madre de su Orden en Francia, marcando el fin de una vida dedicada a la evangelización, la vida contemplativa y el servicio incansable a los más desfavorecidos. La figura de este fraile francés, conocido por su profunda espiritualidad y su compromiso con los principios evangélicos, deja un legado imborrable en la vida religiosa contemporánea.

Nacido el 29 de septiembre de 1931, Jean-Claude Chupin descubrió su vocación a una edad temprana, ingresando al noviciado franciscano a los 21 años. Su primera profesión de votos se celebró el 17 de septiembre, fecha significativa en la Iglesia por conmemorar la fiesta de los estigmas de San Francisco de Asís, un presagio de su profunda conexión con el carisma franciscano que lo acompañaría toda su vida. Su camino sacerdotal lo llevó a ejercer como párroco en los pintorescos pueblos cercanos a Vézelay, en la región francesa de Borgoña, donde su destino se entrelazaría con una nueva forma de vida religiosa.

Fue en 1974, durante un retiro espiritual que predicó a un grupo de hermanas dominicas de la Congregación Romana de Santo Domingo, donde se produjo un encuentro providencial. Entre las asistentes se encontraba la “hermanita Marie”, con quien el padre Chupin compartió una profunda inquietud y la urgencia de retornar a las raíces del Evangelio. Esta resonancia espiritual se dio en plena sintonía con el impulso renovador y las llamadas a la conversión pastoral que emanaban del Concilio Vaticano II, cuya influencia marcó profundamente la Iglesia en la segunda mitad del siglo XX. El padre Jean-Claude, animado por sus propios hermanos franciscanos, quienes reconocieron la autenticidad de esta inspiración, encontró en este diálogo las bases de lo que eventualmente se materializaría como la Comunidad del Cordero.

En 1981, esta visión compartida se concretó con la fundación de la Comunidad del Cordero, una asociación pública de fieles que, bajo una espiritualidad dominica, integra tanto a hermanos como a hermanas misioneros. Su carisma distintivo combina una vocación contemplativa, arraigada en la oración y el silencio, con una presencia evangelizadora activa, dirigida de manera particular hacia los pobres y aquellos en los márgenes de la sociedad. Esta síntesis entre vida interior y compromiso social reflejó el deseo de sus fundadores de encarnar plenamente el mensaje de Cristo.

A pesar de su labor fundacional, el padre Jean-Claude Chupin nunca abandonó su identidad franciscana, siendo afectuosamente conocido como “el hermanito que viste de marrón” por su persistencia en usar el hábito de los frailes franciscanos. Esta fidelidad a sus orígenes subraya la profunda interconexión de las distintas ramas de la vida religiosa en la Iglesia. No fue hasta 1994 cuando asumió un cargo oficial dentro de la estructura de la Comunidad del Cordero, consolidando su rol de padre espiritual para la creciente hermandad.

El amor por los pobres y los marginados fue una piedra angular en su vida y ministerio. Después de solicitarlo insistentemente a sus superiores, el padre Chupin fue enviado en misión a las calles, una experiencia transformadora que duró once años, desde 1982 hasta 1993. Durante este período, vivió y predicó junto a dos hermanos franciscanos entre los sin techo, compartiendo su realidad, escuchando sus historias y ofreciendo el consuelo del Evangelio. Incluso inmerso en esta ardua misión, nunca dejó de asistir a los capítulos de la Comunidad del Cordero en los Pirineos franceses, manteniendo viva su conexión con los hermanos y hermanas y reafirmando su papel como un auténtico padre espiritual y guía para todos ellos.

La salud del padre Jean-Claude comenzó a debilitarse a partir de enero de 2026, lo que permitió a muchos hermanos y hermanas de la Comunidad acompañarlo en sus últimos meses, tanto de forma física como espiritual. Desde la Comunidad del Cordero, se ha expresado una profunda gratitud por su vida y su testimonio. “Hasta el final, de un modo que nos ha edificado a todos, el hermano Jean-Claude ha entregado su vida, sacando fuerzas de donde ya no las tenía para ofrecer a cada uno su sonrisa, una palabra, su mirada bondadosa y su atención fraterna y paterna”, se lee en el comunicado emitido tras su fallecimiento. Este emotivo mensaje resalta su perseverancia en el amor y el servicio hasta el último aliento.

Los miembros de la Comunidad del Cordero destacan, entre sus virtudes, su profunda unión con Jesús y con el Evangelio, así como su inquebrantable devoción por San Francisco de Asís. Su frase recurrente, “¡Evangelio, Evangelio, Evangelio!”, encapsula la esencia de su espiritualidad y su invitación constante a vivir el mensaje de Cristo con radicalidad. Agradecen su vida, “llena de la luz del Evangelio”, y el don que representó para quienes tuvieron la fortuna de contar con su fiel amistad, recordándolo como un padre, un hermano y un amigo insustituible.

Hoy, la visión del padre Jean-Claude Chupin y la hermanita Marie sigue fructificando. La Comunidad del Cordero cuenta con alrededor de 170 hermanas y 40 hermanos, extendiendo su presencia y carisma por diversos países como Francia, España, Italia, Austria, Polonia, Argentina, Chile y Estados Unidos. Actualmente, el Cardenal Christoph Schönborn, Arzobispo emérito de Viena, Austria, ejerce como obispo responsable de esta floreciente comunidad, que continúa llevando la luz del Evangelio y el abrazo fraterno a los rincones más necesitados del mundo, honrando la memoria de su cofundador.

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