30 marzo, 2026

Un gesto de profunda devoción y compromiso espiritual ha emergido en el corazón de Río de Janeiro, Brasil, donde un grupo de estudiantes del Colegio Militar ha optado por renunciar a su tiempo de recreo diario durante la Cuaresma para dedicarse a la oración del rosario. Esta iniciativa, nacida de la propia juventud, transformó un período de descanso en un espacio de recogimiento y fortalecimiento de la fe en un entorno académico y militar.

Rafaela Rocha, una alumna de catorce años que cursa noveno grado, explicó la motivación detrás de esta decisión. “Para nosotros, el recreo es un momento muy valioso”, afirmó. “Entonces, ¿por qué en Cuaresma, el período en que Jesús vivió sus cuarenta días en el desierto, no podemos nosotros acompañarlo en ese desierto simbólico, especialmente en un momento tan importante como nuestro recreo?”. Su reflexión subraya la esencia de la Cuaresma como un tiempo de penitencia y sacrificio personal. “De eso trata la Cuaresma: es un tiempo para la penitencia. Por ello, hemos renunciado a algo de gran importancia para estar verdaderamente con Jesús”, añadió Rafaela, destacando la seriedad con la que los estudiantes abrazaron este propósito.

La idea germinó de manera orgánica entre los propios alumnos. Pedro Correia, también de catorce años y compañero de Rafaela, relató a un medio local cómo la iniciativa tomó forma. Una conversación casual con una amiga sobre la posibilidad de rezar el rosario en conjunto durante la Cuaresma rápidamente se convirtió en un compromiso. El primer día, solo cuatro estudiantes se unieron, pero la determinación de mantener la oración a lo largo de todo el período cuaresmal ya estaba establecida. “La visión era que, durante cada recreo, todos los presentes rezaran el santo rosario y que un estudiante diferente dirigiera cada misterio”, detalló Pedro, ilustrando la estructura que adoptaron para su devoción diaria.

Con la propuesta en marcha, los jóvenes buscaron el apoyo del capellán del colegio, el padre Marcelo Cruz, quien acogió la idea con entusiasmo. “Cuando le comunicamos la propuesta al sacerdote, él nos animó a invitarlo a rezar con nosotros”, recordó Pedro. Con el paso de los días, la presencia del grupo en la capilla comenzó a llamar la atención de otros compañeros. “La gente empezó a notar nuestra asistencia a la capilla, preguntaron y les explicamos que estábamos rezando diariamente. Así, más estudiantes comenzaron a unirse”, explicó Pedro. Lo que comenzó como un pequeño grupo de cuatro, creció exponencialmente, llegando a congregar a unas veinte personas y alcanzando la cifra de veintiocho alumnos en la oración del 26 de marzo, en vísperas de la Semana Santa.

Para el padre Marcelo Cruz, esta experiencia de oración cotidiana dentro de un Colegio Militar reviste un significado especial. El sacerdote destacó que permitió a los alumnos descubrir la capacidad de “marcar una diferencia en un ámbito que no es inherentemente religioso”. En un entorno donde todos visten el mismo uniforme, generando una “cierta igualdad” entre ellos, la práctica de la fe se convierte en un distintivo. “Ellos poseen algo único que pueden transmitir a través de su testimonio”, enfatizó el padre Cruz. Subrayó la relevancia de que este “apostolado” juvenil se desarrolle en una institución militar, no en una escuela de orientación confesional. “Es un ambiente diferente”, afirmó, realzando el valor del compromiso espiritual de los jóvenes en este contexto.

La vivencia de este propósito cuaresmal se ha convertido, para Rafaela y Pedro, en una profunda ocasión de conversión personal. Rafaela compartió que, a pesar de haber mantenido una vida de oración y devoción en el pasado, se había alejado de estas prácticas. “Me sentía muy distante y cargaba un peso considerable, intentando vivir por mi cuenta, sin el auxilio divino”, confesó. Fue a través del rosario diario donde encontró el sostén necesario para reconectar con su vida espiritual. “Hubo días en los que me sentía desanimada, pero mis compañeros siempre me impulsaban: ‘Vamos a rezar el rosario, vamos'”, relató, evidenciando el poder del apoyo mutuo.

Pedro experimentó una dinámica similar, hallando en la camaradería de sus amigos la fuerza para perseverar en su propósito cuaresmal, incluso en momentos de desaliento. “Ver a un amigo llamando a rezar el rosario, con su rosario en mano, me hacía sentir la responsabilidad de no dejarlo solo”, comentó. Para él, la influencia fue inmediata y transformadora. “La misma semana que comencé a rezar el rosario, empecé a servir en la parroquia, a asistir a eventos de la Iglesia a los que antes no iba… Esto me ayudó enormemente a, por decirlo de alguna manera, retomar el camino hacia el cielo”, agregó, destacando cómo la oración se convirtió en el catalizador de un compromiso más amplio con su fe.

La experiencia ha sido tan enriquecedora que los estudiantes no desean que culmine con el fin de la Cuaresma. “Cuando finalice la Cuaresma, estamos considerando iniciar la consagración a Nuestra Señora”, adelantó Pedro, señalando que aún conversará con el sacerdote para explorar la viabilidad de hacerlo en la capilla del colegio. Aunque reconocen que la asistencia diaria podría ser más difícil, el compromiso de seguir unidos en la fe permanece. “No diré que rezaremos todos los días, porque a veces uno quiere comer algo o tiene otras actividades durante el recreo. Pero, sin duda, continuaremos juntos en el sendero de la fe”, concluyó Pedro.

En los días previos a la celebración de la Semana Santa, Pedro y Rafaela extienden una invitación a otros jóvenes a cultivar una vida de fe y oración. “Nunca es tarde para regresar, para volver a los brazos de Dios”, dijo Rafaela, con un mensaje de esperanza y apertura. Pedro complementó su reflexión: “A pesar de todo lo que sucede en el mundo, Jesús sigue siendo el Camino, la Verdad y la Vida”, un recordatorio del fundamento inmutable de su fe en un mundo en constante cambio. Esta iniciativa en el Colegio Militar de Río de Janeiro se erige como un testimonio vibrante del poder transformador de la fe en la vida de la juventud.

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