3 marzo, 2026

En el exigente mundo del deporte de élite, donde la presión y la búsqueda de la excelencia son constantes, el Padre Edward Pleń, sacerdote salesiano, ha forjado una misión singular. Durante doce años como capellán del equipo olímpico de Polonia, su labor ha ido más allá del soporte técnico o psicológico, enfocándose en la dimensión espiritual de los atletas. Tras los recientes Juegos de Invierno en Cortina, el Padre Pleń enfatiza la profunda necesidad de fe que los deportistas manifiestan en este competitivo entorno.

Para el Padre Pleń, el acompañamiento espiritual es fundamental. En declaraciones a ACI Prensa, subraya que los atletas “necesitan algo más” que el respaldo profesional. Este “algo más” se materializa en la asistencia que la Iglesia ha provisto por milenios: la Eucaristía, la Palabra de Dios, catequesis y los Sacramentos, especialmente la confesión. Estos recursos ofrecen respuestas a las inquietudes profundas del alto rendimiento. Los deportistas valoran una conversación sincera, una bendición o un momento de oración. El sacerdote enfatiza la escucha activa como pilar de su servicio: “No son solo deportistas, sino personas que demandan ser escuchadas”. Su labor, afirma, no requiere de “grandes gestos”, sino de entrega a la voluntad divina y la comprensión de la unión entre cuerpo y espíritu.

El Padre Pleń describe la Villa Olímpica como una “parroquia itinerante”. Allí, una capilla acoge la Santa Misa diaria, y el capellán está disponible para el Sacramento de la Confesión. “Ellos lo necesitan”, afirma. La máxima de San Agustín, “Mientras luchas, eres vencedor”, es un consejo que comparte con los atletas. Además, aborda temas que van desde el Evangelio hasta la Doctrina Social de la Iglesia, priorizando siempre “tener tiempo para ellos”.

A lo largo de sus años como capellán, el Padre Pleń ha presenciado innumerables muestras de fe. Recuerda los Juegos de Invierno de Sochi 2014, cuando un deportista se confesó con él en un teleférico. En Pekín 2022, una patinadora polaca depositó su cruz en el altar tras la Misa, declarando que “significa más que una medalla de oro olímpica”. Después de Sochi, una patinadora de velocidad medallista de oro, le envió un mensaje: “La fe hace milagros”. Más recientemente, en Cortina, el saltador de esquí Kacper Tomasiak conmovió al ofrecer sus medallas ante el altar. El Padre Pleń, que lo describe como “modesto y transparente”, preguntó a quién las dedicaba, recibiendo la respuesta: “A Dios, si quiere aceptarlas”.

El Padre Pleń a menudo hace referencia a la carta “La vida en abundancia” del Papa León XIV, que resalta el deporte como fundamento para la paz, la fraternidad y la amistad. Estos principios se debaten durante los Juegos, y el capellán asegura que los atletas valoran estas “palabras” como “los mandamientos para el deporte de hoy y de mañana”. Insiste en que “el deporte no se puede separar de ningún modo de la fe”, pues sin ella, “estaría mutilado, vacío, sin valor”. Para el sacerdote, los Juegos son esencialmente “tiempo de paz, fraternidad y amistad”.

El capellán polaco también invita a la reflexión sobre la competición interna. Sostiene que el mayor adversario de cada deportista es uno mismo: “mis debilidades, miedos, mediocridad”. Entender que los resultados insatisfactorios o la superioridad ajena deben impulsar un mayor ahínco, paciencia y humildad. “Los errores o las derrotas son el fundamento de las victorias”, afirma, una filosofía que la fe potencia, transformando desafíos en crecimiento personal y espiritual.

Nacido en Warnice, Polonia, Edward Pleń se unió a la Sociedad Salesiana en 1971 y fue ordenado sacerdote en 1979. Tras sus estudios en Roma, se dedicó al trabajo con niños y jóvenes en Polonia, dirigiendo el Centro Vocacional Salesiano y fundando la Organización Deportiva Salesiana. Este proyecto encarna la visión de San Juan Bosco: educar a los jóvenes como “honrados ciudadanos y buenos cristianos”, un principio que el Padre Pleń lleva hoy al máximo nivel del deporte mundial, demostrando la interconexión entre la disciplina atlética y la formación del carácter moral y espiritual.

La incansable labor del Padre Edward Pleń en los Juegos Olímpicos es un testimonio elocuente de cómo la fe ofrece un ancla vital en el turbulento océano del deporte de élite. Su presencia constante y su guía espiritual confirman que, más allá de los resultados y las medallas, los atletas encuentran en la espiritualidad una fuerza transformadora, capaz de convertir los desafíos en oportunidades y las victorias en actos de profunda gratitud y humildad.

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