19 febrero, 2026

La Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), comúnmente identificada como los “lefebvrianos”, ha reafirmado su intención de proceder con la ordenación de nuevos obispos el próximo 1 de julio, desoyendo las explícitas advertencias de la Santa Sede. Esta decisión ignora las severas consecuencias canónicas que Roma ha señalado, incluyendo la posible excomunión automática y una ruptura formal con la Iglesia católica.

En una carta dirigida al Cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el superior general de la FSSPX, el sacerdote Davide Pagliarani, confirmó que la sociedad no aceptará posponer las consagraciones como condición para reabrir el diálogo doctrinal con el Vaticano. La misiva subraya un profundo desacuerdo no solo sobre la autoridad para ordenar obispos, sino también sobre la interpretación fundamental de las reformas post-Concilio Vaticano II.

**Advertencias de Roma y la Propuesta de Diálogo**

La semana pasada, durante un encuentro entre el Padre Pagliarani y el Cardenal Fernández en el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, la Santa Sede propuso un “camino de diálogo específicamente teológico”. El objetivo de este proceso sería establecer los requisitos mínimos necesarios para que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X alcance la plena comunión con la Iglesia católica. Sin embargo, esta invitación estaba supeditada a una condición innegociable: la “suspensión” de las consagraciones episcopales anunciadas el 2 de febrero.

El Vaticano enfatizó claramente que la ordenación de obispos sin el mandato pontificio el 1 de julio “implicaría una ruptura decisiva de la comunión eclesial (cisma) con graves consecuencias para la Fraternidad en su conjunto”. Esta advertencia se basa en el derecho canónico, que estipula la excomunión *latae sententiae* (automática) tanto para el obispo consagrante como para los ordenados en tales circunstancias.

A pesar de la gravedad de estas implicaciones, la sociedad fundada en 1970 por el arzobispo francés Marcel Lefebvre ha rechazado categóricamente la condición impuesta por Roma. En su carta, el Padre Pagliarani manifestó: “No puedo aceptar la perspectiva y los objetivos en nombre de los cuales el Dicasterio propone reanudar el diálogo en la situación actual, ni tampoco el aplazamiento de la fecha del 1 de julio.” Esta postura evidencia una firme determinación a seguir su propio camino, a pesar de las repetidas ofertas de acercamiento por parte de la Santa Sede.

**La Posición Teológica de la FSSPX: Un Cisma Cuestionado**

Paralelamente a la carta de Pagliarani, la FSSPX ha difundido un documento doctrinal en el que argumenta que las consagraciones previstas no constituyen un acto de cisma. Según la Fraternidad, una consagración episcopal sin autorización pontificia no implica una ruptura de comunión si no está acompañada de una intención cismática o de la asunción de jurisdicción eclesiástica. Esta interpretación choca frontalmente con la posición oficial de la Santa Sede.

El documento lefebvriano sostiene: “La Fraternidad se defiende de toda acusación de cisma y considera, apoyándose en toda la teología tradicional y en la enseñanza constante de la Iglesia, que una consagración episcopal no autorizada por la Santa Sede, cuando no va acompañada ni de una intención cismática ni de la colación de la jurisdicción, no constituye una ruptura de la comunión de la Iglesia”. Esta argumentación revela una diferencia fundamental en la comprensión de la autoridad eclesial y los requisitos para mantener la unidad en la Iglesia católica.

**Un Desacuerdo de Conciencia y el Legado del Vaticano II**

La misiva de Pagliarani, fechada en Menzingen el 18 de febrero, profundiza en el rechazo de la Fraternidad a las condiciones del diálogo. El superior general considera que el clima actual, marcado por advertencias públicas y posibles sanciones, no propicia la serenidad necesaria para un intercambio fructífero. “No puedo aceptar, por honestidad intelectual y fidelidad sacerdotal, ante Dios y ante las almas, la perspectiva y los objetivos en nombre de los cuales el Dicasterio propone reanudar el diálogo”, reiteró Pagliarani.

El núcleo del desacuerdo reside, según la FSSPX, en la imposibilidad de conciliarse con las orientaciones doctrinales y pastorales surgidas del Concilio Vaticano II y desarrolladas en los pontificados subsiguientes. Pagliarani lo describió como “un verdadero caso de conciencia, nacido de lo que resulta ser una ruptura con la Tradición de la Iglesia”. Para la Fraternidad, esta divergencia no es una mera cuestión de opiniones, sino un “nudo” que se ha vuelto “aún más inextricable” con el tiempo.

El sacerdote también cuestionó la viabilidad de un proceso para determinar conjuntamente los “mínimos necesarios para la plena comunión”, argumentando que los textos conciliares no pueden ser corregidos ni la legitimidad de la reforma litúrgica puede ponerse en entredicho desde la perspectiva romana. Recordó un diálogo doctrinal previo entre 2009 y 2017, que, según su versión, concluyó con una decisión unilateral del entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Cardenal Gerhard Ludwig Müller, quien habría incluido “todo el Concilio y el posconcilio” entre esos mínimos.

**Un Conflicto Recurrente con Raíces Históricas**

La situación actual revive un conflicto que tiene profundas raíces históricas, remontándose a 1988. En aquel año, el arzobispo Marcel Lefebvre consagró a cuatro obispos sin la aprobación del Papa Juan Pablo II, lo que resultó en la excomunión de todos los implicados. Veintiún años después, en un gesto de acercamiento, el Papa Benedicto XVI levantó la excomunión a los obispos aún vivos. Posteriormente, el Papa Francisco también extendió concesiones, autorizando a los sacerdotes de la FSSPX a confesar válidamente y a asistir matrimonios bajo ciertas condiciones, en un intento continuo por tender puentes.

A pesar de estos esfuerzos de la Santa Sede, la FSSPX, que calcula contar con unos 600.000 fieles, cinco seminarios y presencia en cerca de 60 países, mantiene su postura de resistencia. La inminente ordenación episcopal, programada para el 1 de julio, coincide simbólicamente con el aniversario del decreto de excomunión firmado por Juan Pablo II en 1988, subrayando la continuidad de este desafío a la autoridad papal.

El derecho canónico es inequívoco en este punto. El Canon 1387 del Código de Derecho Canónico establece claramente: “El Obispo que confiere a alguien la consagración episcopal sin mandato pontificio, así como el que recibe de él la consagración, incurren en excomunión *latae sententiae* reservada a la Sede Apostólica”. Este precedente legal y la firme postura del Vaticano auguran una nueva fase de tensión en la relación entre la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y la Iglesia católica, con consecuencias de gran alcance para la unidad eclesial.

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