En un movimiento que marca una notable divergencia del consenso médico predominante en Estados Unidos, la Sociedad Americana de Cirujanos Plásticos (ASPS, por sus siglas en inglés) ha emitido una recomendación formal para posponer las intervenciones quirúrgicas destinadas a tratar la disforia de género en menores hasta que el paciente alcance al menos los 19 años de edad. Esta postura, anunciada a principios de febrero, representa un punto de inflexión significativo en el debate sobre la atención de afirmación de género para la población juvenil, enfatizando la necesidad de una base de evidencia más sólida y la consideración de los riesgos a largo plazo.
La ASPS, una influyente organización que agrupa a más de 11,000 profesionales, representando a la vasta mayoría de cirujanos plásticos en Estados Unidos y Canadá, argumenta que la evidencia actual es insuficiente para respaldar un balance riesgo-beneficio favorable en procedimientos endocrinos y quirúrgicos en niños y adolescentes. Su declaración subraya la baja certeza sobre los beneficios a largo plazo, la posibilidad de daños irreversibles y la especial vulnerabilidad de una población en desarrollo.
**Una Revisión de la Evidencia Existente**
La decisión de la ASPS se cimenta en una revisión exhaustiva de la evidencia disponible, citando informes clave como la Revisión Cass de 2024 del Reino Unido y un informe proyectado para 2025 del Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE. UU. La Revisión Cass, en particular, ya ha catalizado cambios drásticos en el Reino Unido, llevando a restricciones casi totales en el acceso de menores a bloqueadores de la pubertad y hormonas cruzadas, con las cirugías en menores prohibidas desde hace tiempo en el país europeo. El informe estadounidense, por su parte, reitera la carencia de datos sólidos que justifiquen tales procedimientos en individuos jóvenes, además de señalar el potencial de consecuencias irreversibles.
Los procedimientos en cuestión abarcan una gama de intervenciones, popularmente conocidas como “atención de afirmación de género”. Estas incluyen cirugías mamarias (como mastectomías en niñas o implantes en niños), procedimientos torácicos, intervenciones genitales que buscan modificar los genitales sanos para asemejarlos a los del sexo opuesto, y cirugías faciales destinadas a feminizar o masculinizar rasgos. La irreversibilidad de muchas de estas operaciones es un punto central en el argumento de la ASPS.
**Ruptura con el Consenso y Llamado al Juicio Profesional**
Este pronunciamiento no es la primera vez que la ASPS se desmarca de un consenso generalizado. Ya en julio del año anterior, la sociedad había expresado reservas al cuestionar la “baja calidad” de la evidencia que sustenta la “atención de afirmación de género” en menores, rompiendo con asociaciones médicas de peso como la Academia Estadounidense de Pediatría, la Asociación Médica Estadounidense (AMA), la Asociación Mundial de Profesionales para la Salud Transgénero (WPATH) y la Asociación Americana de Psicología.
No obstante, la ASPS ha aclarado que su declaración de posición no constituye una guía de práctica clínica formal. En su lugar, alienta a sus miembros a ejercer su “juicio personal y profesional”, buscando un equilibrio entre la compasión, el rigor científico, las consideraciones del desarrollo y el bienestar a largo plazo de sus pacientes, especialmente dada la “evolución de la evidencia y la variabilidad en los entornos legales y regulatorios”.
**Reacciones y Perspectivas Divergentes**
La postura de la ASPS ha generado un amplio espectro de reacciones. Alfonso Oliva, cirujano plástico y reconstructivo y miembro de la junta directiva de la Asociación Médica Católica, aplaudió la decisión, aunque sugirió que el límite de edad debería extenderse hasta los 25 años, cuando el cerebro de los adultos jóvenes se considera completamente formado, facilitando una capacidad de decisión más madura. Oliva enfatizó la dificultad de predecir qué adolescentes persistirán con su disforia de género hasta la adultez, señalando que la evidencia sugiere que muchos desisten con el tiempo, abogando por la psicoterapia como enfoque primario antes de alterar irreversiblemente la biología física.
Figuras públicas como Robert F. Kennedy Jr. y Mehmet Oz, conocidos por sus posturas críticas hacia la medicalización temprana, elogiaron a la ASPS por “defender la ciencia sólida” y “proteger a las futuras generaciones de niños estadounidenses de daños irreversibles”. Oz comparó el rechazo de procedimientos sexuales en menores con la forma en que hoy se ven las lobotomías en la historia de la medicina.
Por su parte, la Asociación Médica Estadounidense (AMA), aunque no emitió una declaración definitiva sobre la intervención quirúrgica en menores debido a la insuficiencia de evidencia, coincidió con la ASPS en la recomendación general de posponer tales intervenciones hasta la edad adulta, lo que indica un matiz en su postura previa.
El contexto político también ha sido relevante. Una orden ejecutiva emitida en enero pasado por el entonces presidente Donald Trump buscó prohibir la “mutilación quirúrgica y química” en menores, amenazando con bloquear los reembolsos de Medicare y Medicaid a hospitales que realizasen estos procedimientos.
Las implicaciones legales también parecen haber influido. Oliva sugirió que la declaración de la ASPS podría estar motivada, en parte, por el deseo de limitar la responsabilidad legal de sus miembros, citando un reciente veredicto de 2 millones de dólares en Nueva York por negligencia médica a favor de Fox Varian, una joven que detransitionó tras someterse a una doble mastectomía a los 16 años.
Desde una perspectiva religiosa y ética, la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB) ha manifestado su oposición constante a estos procedimientos en menores. Monseñor Robert Barron, presidente del Comité de Laicos, Matrimonio, Vida Familiar y Juventud de la USCCB, ha celebrado las restricciones federales, lamentando las consecuencias “alteradoras de la vida” para muchos jóvenes, como la infertilidad y la dependencia hormonal permanente.
El anuncio de la ASPS marca un momento crucial en la evolución del debate y la práctica médica en torno a la atención de afirmación de género en niños y adolescentes. Subraya una creciente cautela y un llamado a una mayor fundamentación científica en un campo con profundas implicaciones éticas, sociales y personales.




