26 marzo, 2026

En un acto cargado de profunda emotividad y significado espiritual, el Papa León XIV inauguró y bendijo este pasado sábado, en los idílicos Jardines Vaticanos, una imponente escultura de Santa Rosa de Lima, la primera santa de América, junto a un vibrante mosaico mariano que rinde homenaje a las principales advocaciones de la Virgen María veneradas en Perú. Este evento, que contó con la presencia de obispos peruanos en su visita *ad limina* y del embajador del país andino, subrayó de manera tangible los sólidos lazos de fe y amistad que unen al Sumo Pontífice con la nación sudamericana, donde ejerció su labor misionera y episcopal durante décadas.

Las obras artísticas, un generoso obsequio de la Conferencia Episcopal Peruana, han encontrado un lugar permanente y prominente en el corazón del Estado de la Ciudad del Vaticano, específicamente junto al histórico Torreón de San Juan. Su ubicación no es casual, sino un testimonio visible y perdurable de la profunda devoción del pueblo peruano y de su valiosa contribución a la Iglesia universal. “Esta significativa decisión no solo refuerza, sino que renueva los profundos lazos de fe y amistad que unen al Perú, un país tan entrañable para mí, con la Santa Sede”, expresó el Pontífice durante la ceremonia, aludiendo a su conexión personal y pastoral con la nación andina.

La figura de Santa Rosa de Lima, un ícono de santidad y patrona de las Américas y Filipinas, ha sido plasmada en una escultura de singular belleza por el joven artista peruano Edwin Morales. La obra, esculpida íntegramente en travertino blanco extraído de las canteras de Huancayo, en los Andes peruanos, es un reflejo de la riqueza artística y espiritual del país. Su encargo fue confiado a la Familia de Artesanos Don Bosco, una comunidad de talentosos jóvenes artistas formados en los Andes peruanos, quienes han recibido instrucción tanto en técnicas artísticas como en investigación religiosa, siguiendo el legado del P. Ugo De Censi, salesiano y fundador de la Operación Mato Grosso, fallecido en 2018.

La escultura inmortaliza uno de los episodios místicos más conmovedores de la vida de la santa limeña: el momento en que, mientras contemplaba a la Virgen del Rosario en la iglesia de Santo Domingo de Lima, el Niño Jesús se apareció entre los brazos de María para pedirle que se convirtiera en su esposa espiritual. El anillo y las flores que el Niño ofrece a Santa Rosa en la pieza constituyen el signo visible de este singular desposorio. Además, la obra está cargada de una rica simbología que narra el itinerario vital de la santa. El ancla, emblema de esperanza, alude a su milagrosa intercesión en 1615, cuando Lima fue salvada de una amenaza pirata; el rosario evoca su pertenencia a la Tercera Orden de Santo Domingo; y la rosa rememora el nombre con el que fue conocida desde su infancia, confirmado definitivamente en el sacramento de la Confirmación por Santo Toribio de Mogrovejo, cuya canonización cumplirá 300 años con un año jubilar en 2026.

Complementando la estatua, fue develado un majestuoso mosaico mariano, también encargado por la Conferencia Episcopal Peruana a la Familia de Artesanos Don Bosco. El diseño iconográfico, concebido por el artista peruano Lenin Álvarez, es una cuidadosa composición que busca reflejar la extraordinaria riqueza y diversidad de la devoción a la Virgen María en Perú. En la parte superior del mosaico, se distingue la Virgen de la Puerta; en el centro, la Inmaculada Concepción, enfatizando la trascendencia de este dogma católico. El lado izquierdo presenta tres representaciones de la Virgen de la Candelaria, una de las advocaciones más antiguas y veneradas en la nación andina. A la derecha, se agrupan tres imágenes ligadas a la protección y liberación: la Virgen de la Merced, liberadora de cadenas; la Virgen del Carmen, asociada a la promesa del escapulario; y la Virgen de la Evangelización, que extiende el rosario a los fieles. La elaboración de este mosaico fue un proyecto meticuloso que demandó seis meses de trabajo y la dedicación de ocho jóvenes artistas de las Escuelas Taller Don Bosco, bajo la experta dirección de Lenin Álvarez. Es de destacar que los delicados rostros de la Virgen María y otros detalles de los medallones fueron ejecutados con la compleja técnica del micromosaico, una habilidad perfeccionada gracias a la colaboración y enseñanza de Gabriele Mattiacci y Emanuela Rocchi, expertos de la Fábrica de San Pedro.

Durante su alocución, el Papa León XIV manifestó un especial agradecimiento a los artistas y a todos aquellos que hicieron posible la concreción de este proyecto cultural y espiritual. “Congregados en este hermoso lugar, donde cada elemento nos remite al Creador y a la magnificencia de lo creado, deseo expresar mi gratitud, en primer lugar, a los artistas que dieron vida a estas obras y a quienes propiciaron que hoy podamos ser partícipes de este grato acontecimiento”, afirmó. El Pontífice también enfatizó el profundo mensaje espiritual inherente a estas nuevas imágenes: “Estas bellas obras nos recuerdan la grandeza de la vocación a la que Dios nos convoca, es decir, la vocación universal a la santidad. Los animo a ser, con la gracia divina, testimonio y ejemplo de esa santidad en el mundo contemporáneo”, aseveró, dirigiendo sus palabras a todos los presentes y, por extensión, a la comunidad católica global.

En la significativa ceremonia también participó el embajador del Perú ante la Santa Sede, Jorge Ponce Sandoval, quien, conmovido, agradeció al Santo Padre “esta nueva muestra de cariño” hacia su patria. Reiteró, además, que el Perú lo espera “con esperanza, con fe y con una gratitud y afecto que trasciende océanos y continentes”. Estas palabras, pronunciadas con evidente emoción, fueron recibidas con un cálido aplauso por parte de los asistentes. “Cada uno de los peruanos, y yo en nombre de todos ellos, le damos infinitas gracias. Y, como ya bien sabe, lo esperamos muy pronto en el Perú”, concluyó el diplomático, haciendo una clara alusión a la posibilidad de un viaje papal al país andino, donde León XIV desarrolló una destacada labor misionera durante dos décadas y donde, además, ejerció como Obispo de Chiclayo.

Con la solemnidad de la presencia de Santa Rosa de Lima en los Jardines Vaticanos, se sella simbólicamente un vínculo indisoluble entre la primera santa del Nuevo Mundo y la Sede del Sucesor de Pedro. Este acto representa una ofrenda de fe, de la rica cultura peruana y de esperanza, nacida del corazón del Perú y destinada a enriquecer a la Iglesia universal. Las obras no solo embellecen el Vaticano, sino que sirven como un faro de la fe y la devoción que resuenan desde los Andes hasta la capital del catolicismo mundial.

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