La prestigiosa Universidad de Notre Dame se encuentra en el centro de una creciente controversia luego de que un significativo número de obispos católicos estadounidenses exigiera a la institución que revoque la designación de una académica abiertamente defensora del aborto como directora de uno de sus departamentos clave. La decisión de nombrar a la profesora de Asuntos Globales, Susan Ostermann, para liderar el Instituto Liu para Asia y Estudios Asiáticos, ha generado una ola de críticas, con prelados argumentando que la medida amenaza la identidad y misión católica de la universidad.
El epicentro de la disidencia se estableció el 11 de febrero, cuando Monseñor Kevin Rhoades, Obispo de Fort Wayne-South Bend, Indiana, la diócesis donde se encuentra Notre Dame, emitió un contundente comunicado. En él, Rhoades criticó enérgicamente la elección de Ostermann, señalando que su público e inquebrantable apoyo al aborto ha provocado un “escándalo” en la comunidad católica. El obispo enfatizó que este nombramiento pone en riesgo la esencia misma de Notre Dame como centro de saber católico y urgió a la universidad a reconsiderar y anular la designación antes de que entre en vigor el 1 de julio.
La preocupación expresada por Monseñor Rhoades encontró eco rápidamente entre otros altos jerarcas de la Iglesia en Estados Unidos. Monseñor Samuel Aquila, Arzobispo Emérito de Denver, fue uno de los primeros en sumarse al llamado a través de la plataforma X (anteriormente Twitter). Aquila agradeció públicamente al Obispo Rhoades por su postura y manifestó que la decisión de la universidad “empaña” el legado de la “Universidad de Nuestra Señora” y lo que significa ser católico. Su mensaje concluyó con una oración para que “quienes puedan rescindir este terrible nombramiento lo hagan” y por la “conversión de los corazones”.
Posteriormente, Monseñor Robert Barron, Obispo de Winona-Rochester, Minnesota, también expresó su “firme apoyo” al comunicado de Rhoades, ampliando las críticas sobre las posturas de Ostermann. Barron argumentó que la académica no es simplemente “pro-elección” en el debate sobre el aborto, sino una “crítica severa” de la postura provida y de sus defensores. El obispo destacó que Ostermann ha llegado a “calificar la postura antiaborto como arraigada en la supremacía blanca y el racismo”, y ha “insinuado que el compromiso católico con el desarrollo humano integral implica el apoyo al derecho al aborto”. Monseñor Barron, quien mantiene “fuertes lazos y profundos afectos” con Notre Dame, afirmó que mantener el nombramiento sería “repugnante” para la identidad y misión de la institución.
El apoyo episcopal se extendió geográficamente, con Monseñor Michael Olson, Obispo de Fort Worth, Texas, sumándose a la voz de Rhoades “en el cumplimiento de su responsabilidad pastoral”. El obispo Olson, al igual que sus homólogos, solicitó oraciones para que la universidad pueda “reconsiderar esta angustiosa decisión”.
La ola de desaprobación no se limitó al episcopado. Figuras públicas y defensores de la fe también manifestaron su preocupación. Patricia Heaton, reconocida actriz católica y abierta defensora de la vida, expresó su gratitud tanto a Monseñor Barron como a Monseñor Rhoades por sus comunicados del 11 de febrero. De manera similar, Dan Lipinski, exrepresentante de Estados Unidos y actual fellow en la Universidad de Dallas, agradeció a Rhoades, subrayando en X que “el testimonio público es extremadamente poderoso y debe usarse para señalar a todos hacia la verdad”.
A pesar de la creciente presión y el visible descontento que se ha gestado durante semanas, la Universidad de Notre Dame ha mantenido su posición. Según un informe del periódico estudiantil Irish Rover del 8 de febrero, la institución indicó que “no había cambiado su postura” con respecto al liderazgo de Ostermann en el instituto.
Por su parte, la propia Susan Ostermann, en declaraciones al National Catholic Register el 29 de enero, defendió su rol en la institución. La académica sostuvo que su función es “apoyar la investigación diversa de nuestros académicos y estudiantes, no impulsar una agenda política personal”. Ostermann afirmó que respeta “la postura institucional de Notre Dame sobre la santidad de la vida en cada etapa” y se describió como “inspirada por el enfoque de la universidad en el desarrollo humano integral, que nos llama a promover la dignidad y el florecimiento de cada persona”.
La controversia pone de manifiesto la delicada tensión entre la libertad académica, la identidad religiosa y los valores institucionales en el ámbito de la educación superior católica. Mientras la fecha del 1 de julio se acerca, la comunidad católica observa de cerca cómo Notre Dame, una de las universidades católicas más prominentes del mundo, navegará esta profunda división en torno a un tema central de la doctrina moral de la Iglesia.





