La Iglesia Católica de Costa Rica ha emitido un enérgico llamado a la salvaguarda de la dignidad humana y el respeto irrestricto de los derechos fundamentales de las personas migrantes, tras la reciente firma de un memorándum de entendimiento entre Costa Rica y Estados Unidos. Este acuerdo permitirá al país centroamericano recibir a individuos deportados desde territorio estadounidense, en un contexto de creciente presión migratoria en la región.
El pasado 23 de marzo, los gobiernos de Costa Rica y Estados Unidos rubricaron un Memorándum de Entendimiento, de naturaleza no vinculante, que establece un marco para la cooperación en materia de retorno y reintegración. Según lo acordado, Estados Unidos podrá proponer el traslado de hasta 25 personas extranjeras por semana a Costa Rica, cifra que podrá ser ajustada según la capacidad y las determinaciones de las autoridades costarricenses. El convenio estipula que la financiación necesaria para la implementación de este programa será gestionada por Estados Unidos, mientras que la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) brindará apoyo esencial en alojamiento y alimentación, asegurando que no se generen costos directos para el gobierno costarricense.
**La voz de la Iglesia local ante el nuevo desafío migratorio**
En respuesta a este desarrollo, la Pastoral de Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR) emitió un comunicado el 6 de abril, firmado por Monseñor Daniel Francisco Blanco Méndez, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de San José y responsable de dicha área. El documento de la CECOR, que reconoce los “esfuerzos por atender una realidad compleja”, subraya la situación de particular vulnerabilidad que enfrentan los migrantes, quienes a menudo se ven marcados por la violencia, la pobreza o la ausencia de oportunidades en sus lugares de origen. En este sentido, la Iglesia costarricense insistió en que toda política migratoria debe colocar “en el centro la dignidad humana y el respeto irrestricto de los derechos fundamentales” de cada individuo.
Monseñor Blanco Méndez valoró positivamente diversos aspectos del acuerdo bilateral. Entre ellos, destacó la garantía de “los derechos humanos de todas las personas migrantes” y la posibilidad de regularizar su condición migratoria, con acceso a protección y derechos básicos. Asimismo, resaltó la búsqueda de respetar el principio de “no devolución”, esencial para evitar retornos forzosos a contextos de riesgo. Otro punto favorable, según la Conferencia Episcopal, es la intención de asegurar condiciones “dignas de acogida, con asistencia, seguridad y bienestar en coordinación internacional”. El obispo enfatizó también la relevancia de impulsar políticas migratorias inclusivas, “respetuosas de los derechos humanos y de la diversidad cultural para todas las personas migrantes que conviven con nosotros”. Para Monseñor Blanco Méndez, estos principios “responden tanto a estándares internacionales como a valores profundamente arraigados en nuestra sociedad”, y expresó la esperanza de que sean cumplidos a cabalidad conforme a lo establecido en el memorándum.
**El eco del Santo Padre en la postura costarricense**
La postura de la Iglesia en Costa Rica resuena con la preocupación global del Pontífice por la crisis migratoria. El Papa León XIV, desde el inicio de su pontificado, ha sido una voz constante en la defensa de los derechos de los migrantes y refugiados, instando a la comunidad internacional a adoptar una “cultura del encuentro” frente a la “globalización de la indiferencia”. Las enseñanzas del Papa León se han centrado en la necesidad de acoger, proteger, promover e integrar a quienes se ven forzados a dejar sus hogares. Las palabras del Santo Padre han recordado repetidamente a los líderes mundiales la responsabilidad ética de ofrecer asistencia y garantizar condiciones humanas para aquellos que buscan seguridad y una vida mejor. Por lo tanto, el llamado de la Iglesia costarricense no es un hecho aislado, sino una manifestación local de una preocupación universal que el Papa ha elevado a pilar fundamental de su mensaje pastoral y social.
**Una responsabilidad compartida y un llamado a la solidaridad**
En su comunicado, Monseñor Blanco Méndez dirigió un triple llamado: a las autoridades, para que “fortalezcan políticas con sentido humano”; a la sociedad costarricense, para que “mantenga su tradición de acogida”; y a la propia Iglesia, para que “continúe acompañando con cercanía y esperanza” a las personas migrantes.
El obispo concluyó su mensaje con una profunda reflexión teológica y humanitaria: “Desde nuestra fe, reconocemos en cada persona migrante el rostro de Cristo. Esta convicción nos llama a construir una cultura del encuentro, donde nadie sea reducido a su condición migratoria”. Este principio de ver en el migrante la imagen de Dios es la base sobre la cual la Iglesia Católica fundamenta su incansable labor de asistencia y defensa, buscando no solo mitigar el sufrimiento, sino también restaurar la dignidad y el valor intrínseco de cada ser humano. El acuerdo entre Costa Rica y Estados Unidos, aunque busca gestionar un flujo migratorio complejo, ha puesto de manifiesto la necesidad imperante de que la compasión y los derechos humanos guíen todas las acciones y políticas en un tema tan delicado.








