A escasos días de inaugurarse la segunda edición del Diálogo Nacional por la Paz, la Arquidiócesis Primada de México ha emitido una contundente declaración, delineando los principios fundamentales que deben regir esta iniciativa. A través de un editorial publicado en su semanario *Desde la Fe*, la arquidiócesis subrayó que “dialogar no significa negociar la dignidad humana ni pactar con la impunidad”, estableciendo así una clara directriz para las jornadas venideras.
El posicionamiento episcopal, titulado “Escuchar para sanar: el diálogo como camino hacia la paz”, apareció el domingo 25 de enero, en la antesala del encuentro programado del 30 de enero al 1 de febrero en el ITESO, la universidad jesuita de Guadalajara, Jalisco. Este evento reúne a una diversidad de actores clave con el propósito de forjar un camino hacia la pacificación en un país azotado por la violencia.
La motivación para esta serie de diálogos tiene sus raíces en un doloroso episodio que marcó profundamente a la nación: el asesinato de los sacerdotes jesuitas Javier Campos y Joaquín Mora. Este trágico suceso ocurrió el 20 de junio de 2022 en la Sierra Tarahumara de Chihuahua, específicamente en la localidad de Cerocahui, cuando ambos religiosos intentaban proteger a Pedro Palma, un guía de turistas, dentro de su propia iglesia. Este crimen no solo conmocionó a México, sino que también galvanizó a la Iglesia Católica y a diversos sectores de la sociedad en la búsqueda de soluciones no violentas.
El arzobispado capitalino reflexionó que “hay dolores que marcan un antes y un después”, y el de Cerocahui fue, sin duda, uno de ellos. Sin embargo, enfatizó que este acto de barbarie no provocó una espiral de confrontación o violencia retaliatoria. Por el contrario, la sangre derramada de las víctimas se interpretó como una semilla de un compromiso más profundo: la convicción de que su sacrificio “no podía ser estéril”.
Fue de este dolor y esta profunda indignación que nació la determinación de transformar el luto en una apuesta concreta por la paz. La arquidiócesis articuló que esta paz se edifica sobre pilares fundamentales: cuando las comunidades reestablecen la comunicación entre sí, cuando el Estado asume plenamente su responsabilidad de garantizar seguridad y justicia para todos sus ciudadanos, y cuando la sociedad en su conjunto abandona la pasividad, dejando de alimentar la violencia a través de la indiferencia, la normalización o el miedo. De esta visión surgió la idea y el impulso del Diálogo Nacional por la Paz.
Esta ambiciosa iniciativa es promovida desde la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), contando con el respaldo de la Dimensión Episcopal para los Laicos, la Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos de México (CIRM) y la Compañía de Jesús (Jesuitas) México. Estas entidades eclesiásticas han unido esfuerzos para convocar a diversos sectores de la sociedad mexicana a reflexionar y proponer soluciones ante la crisis de violencia que enfrenta el país.
La primera edición del Diálogo Nacional por la Paz se llevó a cabo del 21 al 23 de septiembre en la Universidad Iberoamericana (IBERO) en Puebla, parte del Sistema Universitario Jesuita, sentando las bases para una discusión inclusiva. La segunda edición, que ahora se perfila, busca dar continuidad y profundidad a los debates iniciados. El ITESO en Guadalajara será el anfitrión de este nuevo encuentro, que se extenderá por tres días y promete ser un foro de encuentro y colaboración sin precedentes.
La Arquidiócesis Primada de México ha destacado que este segundo encuentro congregará a más de mil participantes. Entre ellos, se espera la presencia de académicos, especialistas en diversas materias, víctimas directas e indirectas de la violencia, representantes de diversas comunidades religiosas y funcionarios gubernamentales. A todos ellos se les propondrán tres actitudes esenciales para abordar los desafíos: “mirar, interpretar y actuar”. Estas actitudes invitan a una observación profunda de la realidad, a un análisis crítico de sus causas y consecuencias, y, finalmente, a la implementación de acciones concretas y transformadoras.
En este marco de reflexión y compromiso, el editorial recalcó que “dialogar es construir juntos las condiciones para que la justicia sea posible y para que la seguridad no sea un privilegio de unos cuantos”. Esta frase encapsula la esencia de la visión de la Iglesia sobre la paz: un bien común que debe ser accesible para todos, no una prerrogativa de élites o una ausencia momentánea de conflicto.
La Iglesia, desde su misión evangelizadora, concibe la paz no solo como un estado deseable, sino como una vocación inherente al ser humano, haciendo eco de la bienaventuranza “Bienaventurados los que trabajan por la paz”. Este principio guía su intervención en la esfera pública y su insistencia en la promoción de un diálogo genuino y constructivo. La Arquidiócesis concluyó su mensaje con una oración y un llamado a la acción: que el clamor de justicia y paz nacido en Cerocahui no se disipe con el tiempo, sino que se transforme en un compromiso nacional inquebrantable para escuchar, dialogar y actuar, hasta que la paz se convierta en una realidad palpable en cada rincón de México. Este Diálogo Nacional se presenta, por tanto, como un espacio crucial para sentar las bases de una reconstrucción social y moral, anclada en la dignidad y la justicia.





Agregar comentario