Un dramático incidente sacudió la tarde del 24 de febrero en Natal, Brasil, cuando un incendio de grandes proporciones consumió la casi totalidad de una imponente estatua de Nuestra Señora de Fátima que estaba siendo erigida en el barrio Pajuçara, al norte de la ciudad. La escultura, destinada a ser un nuevo ícono de la fe y el turismo religioso en la región, sufrió daños irreparables, dejando solo la cabeza y la corona, piezas que aún no habían sido incorporadas a la estructura principal. El siniestro también dejó a una persona con quemaduras leves en las manos, un recordatorio de los riesgos inherentes a las obras de gran envergadura.
La respuesta de los equipos de emergencia fue inmediata y contundente. El Cuerpo de Bomberos de Natal movilizó un equipo de veinte efectivos, quienes trabajaron arduamente para contener las voraces llamas. Según informes de la teniente Marcely Maria, comandante de la operación, se necesitaron aproximadamente 15 mil litros de agua para extinguir por completo el fuego. La oficial señaló que las primeras hipótesis apuntan a trabajos de soldadura con materiales altamente inflamables, como poliestireno expandido (conocido localmente como isopor) y fibra, como la posible causa del incendio. No obstante, las autoridades bomberiles indicaron que se realizarán evaluaciones técnicas exhaustivas para determinar con precisión el origen y las circunstancias que propiciaron este lamentable suceso.
La magnitud de la destrucción fue considerable. La estructura de la estatua, que alcanzaría los 35 metros de altura sobre una base de 8 metros, quedó completamente calcinada. Incluso el eje metálico central, diseñado para sostener y ensamblar las distintas piezas de la imagen, sufrió daños estructurales severos, complicando cualquier intento de restauración directa. Este monumento formaba parte de un ambicioso proyecto: el Complejo Turístico Religioso Nuestra Señora de Fátima, una iniciativa valorada en cerca de 15 millones de reales brasileños, lo que equivale a casi 3 millones de dólares estadounidenses.
El complejo, impulsado por la devoción mariana en la capital de Rio Grande do Norte, no solo contemplaba la edificación de la estatua, sino también una infraestructura integral que incluía la pavimentación de calles adyacentes, mejoras significativas en la accesibilidad, un moderno sistema de iluminación, rejas de seguridad, amplias zonas de estacionamiento y una estructura completa diseñada para acoger a peregrinos y turistas. La escultura era obra del reconocido artista Ranilson Viana, un nombre de prestigio en el ámbito de la imaginería sacra en Brasil, quien también fue el creador de la efigie de Nuestra Señora de Fátima inaugurada en noviembre pasado en Crato, otra importante ciudad del noreste brasileño.
Ante la magnitud de la tragedia, la Secretaría Municipal de Infraestructura de Natal, entidad a cargo de la coordinación de la obra, emitió un comunicado oficial. En él se informó que el escultor Ranilson Viana asumió la responsabilidad total por la recuperación de la imagen. Viana se comprometió a retomar los trabajos de reconstrucción tan pronto como las condiciones estructurales lo permitan, garantizando que esta reconstrucción no generará ningún perjuicio financiero adicional para el municipio, una noticia que ofrece un rayo de esperanza en medio de la consternación.
La Arquidiócesis de Natal, por su parte, no tardó en manifestar su solidaridad con la comunidad y los afectados. Monseñor João Santos Cardoso, arzobispo de la diócesis, firmó una nota oficial en la que expresó su profundo apoyo a la parroquia de Nuestra Señora de Fátima, en cuyo territorio se erigía el monumento, así como a todos los fieles que seguían con gran expectativa el avance de la obra. El prelado subrayó “la gran expectativa en torno a este monumento, que expresa la fe y el fortalecimiento de la devoción mariana”, destacando la importancia espiritual del proyecto para la comunidad católica local y regional.
Además, el comunicado del arzobispo manifestó cercanía tanto al “artista, responsable de la obra”, como a los “trabajadores que se encontraban en el lugar en el momento de lo ocurrido”. Con un mensaje de fe y resiliencia, la Arquidiócesis concluyó: “En este momento de consternación, elevamos nuestras oraciones al Señor, por intercesión de Nuestra Señora de Fátima, para que inspire fuerzas renovadas para la continuidad de esta obra. Confiamos en que, con determinación y espíritu de comunión, la Alcaldía de Natal y los demás involucrados en el proyecto puedan reconstruir la estatua, preservando el significado de espiritualidad que representa para muchas personas”.
Este devastador incendio representa un revés significativo para la comunidad de Natal y para el proyecto del Complejo Turístico Religioso. Sin embargo, la rápida respuesta de las autoridades, el compromiso del artista y la solidaridad de la Iglesia local ofrecen la perspectiva de una pronta recuperación y la eventual culminación de un monumento que, más allá de su materialidad, simboliza la fe y la esperanza de una comunidad. La reconstrucción de la estatua de Nuestra Señora de Fátima se perfila ya como un testimonio de perseverancia frente a la adversidad.




