25 marzo, 2026

**Chiclayo, Perú** – En un gesto de profunda solicitud pastoral y con motivo de la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo, la Santa Sede ha otorgado una indulgencia plenaria a los fieles que participen en las celebraciones que se llevarán a cabo el 11 de febrero de 2026 en el Santuario de Nuestra Señora de la Paz, en Chiclayo, Perú. Este significativo anuncio llega a través de un decreto emitido por la Penitenciaría Apostólica en Roma, subrayando la importancia espiritual de la fecha y la atención de la Iglesia Universal hacia los que sufren.

La jornada, que coincide con la memoria litúrgica de la Bienaventurada Virgen María de Lourdes, promete ser un evento de gran trascendencia espiritual para la comunidad católica peruana y más allá. Para realzar la solemnidad de la ocasión, se ha confirmado que el Cardenal Michael Czerny S.J., Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, presidirá la Eucaristía y administrará el Sacramento de la Unción de los Enfermos en el santuario chiclayano. Su presencia no solo destaca la relevancia global de esta celebración, sino que también enfatiza el compromiso del Vaticano con las obras de caridad y el cuidado integral de la persona humana.

**Un Don Espiritual: La Indulgencia Plenaria**

El decreto de la Penitenciaría Apostólica detalla las condiciones bajo las cuales los fieles podrán obtener este especial don espiritual. Para acceder a la indulgencia plenaria, los participantes deben cumplir con las “condiciones acostumbradas” de la Iglesia: la confesión sacramental, la comunión eucarística y la oración por las intenciones del Sumo Pontífice. Además de estos requisitos fundamentales, el documento especifica que los fieles, con un verdadero espíritu de penitencia y contrición, deberán participar devotamente en los ritos sagrados del Santuario de Chiclayo el 11 de febrero de 2026, recitando el Padre Nuestro, el Símbolo de la Fe (Credo) y una piadosa invocación mariana.

Un aspecto relevante de esta concesión es que la indulgencia obtenida podrá ser aplicada no solo para beneficio propio, sino también “a modo de sufragio por las almas de los fieles difuntos”, un acto de caridad que refleja la comunión de los santos y la profunda interconexión de la Iglesia terrenal y celestial. Este ofrecimiento subraya la capacidad transformadora de la oración y la misericordia divina, extendiendo sus frutos a quienes ya partieron.

**Ampliando el Alcance de la Misericordia**

Consciente de las diversas circunstancias que pueden impedir la participación física, la Penitenciaría Apostólica ha extendido la posibilidad de ganar la indulgencia plenaria a otras categorías de fieles. Aquellos que, por enfermedad, avanzada edad u otra causa legítima, no puedan asistir a las ceremonias en Chiclayo, podrán unirse espiritualmente a las celebraciones. Esto se logrará especialmente a través de su seguimiento por los medios de comunicación, orando por todos los enfermos e invocando a Dios a través de la Bienaventurada Virgen María, a quien se honra como “Salud de los enfermos”.

De manera similar, quienes dedican su vida al cuidado de los enfermos en hospitales o en sus propios hogares, incluso sin poder participar directamente en la liturgia, también podrán acceder a la indulgencia. Para ello, deben ofrecer su servicio caritativo “como ofrecido al propio Cristo Señor” (citando Mt 25, 40) y rezar el Padre Nuestro, el Credo y una invocación mariana. Se les pide mantener la misma disposición espiritual y el propósito de cumplir las condiciones sacramentales (confesión y comunión) tan pronto como les sea posible. Esta disposición enfatiza que el servicio a los enfermos es una manifestación concreta del amor a Dios y al prójimo.

Además, el decreto contempla una indulgencia parcial para aquellos que, con espíritu y corazón contrito, asistan a los enfermos e imploren devotamente la Misericordia de Dios, siempre que reciten las oraciones señaladas.

**Un Llamado a la Caridad y el Servicio**

El documento romano enmarca esta iniciativa en la rica tradición teológica de la Iglesia, recordando las enseñanzas del Concilio Vaticano II sobre la caridad cristiana. Subraya que “las obras de caridad y misericordia ofrecen el testimonio más preclaro de la vida cristiana”, formando a los fieles para que aprendan “a compadecerse de sus hermanos y a socorrerlos con generoso ánimo”. Esta base teológica refuerza el propósito de la Jornada Mundial del Enfermo: no solo orar por los enfermos, sino también inspirar a la comunidad a un servicio activo y compasivo.

En este contexto, la Iglesia universal, en sintonía con mensajes papales que a lo largo de los años han exhortado a amar y a llevar el dolor del hermano como el Buen Samaritano, promueve esta jornada como una oportunidad para reflexionar sobre la dignidad de cada persona, especialmente en su vulnerabilidad. La presencia del Cardenal Czerny, cuya labor en el Dicasterio se centra precisamente en el desarrollo humano integral, refuerza este mensaje de atención holística a la persona.

Finalmente, en un acto de caridad pastoral, la Penitenciaría Apostólica ha solicitado encarecidamente a las parroquias, capillas de centros de salud y a los sacerdotes con facultades para confesar que estén disponibles con “espíritu generoso” para celebrar el sacramento de la Penitencia y llevar la Comunión a los enfermos. Esta disposición busca facilitar el “acceso al perdón divino a través de las llaves de la Iglesia”, asegurando que la gracia y la misericordia estén al alcance de todos los que las necesiten en este día tan especial.

El decreto, firmado en Roma por el Cardenal Angelo De Donatis, Penitenciario Mayor, concluye subrayando que su validez es exclusivamente para la ocasión del 11 de febrero de 2026, convirtiendo esta fecha en una oportunidad singular para los fieles de Chiclayo, Perú y del mundo, de profundizar en su fe, caridad y solidaridad con los enfermos, bajo la protección de Nuestra Señora de Lourdes.

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