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A escasas semanas de que se concrete la esperada llegada del Papa León XIV a tierras argentinas, un grupo de reclusos alojados en el establecimiento carcelario de Urdampilleta, situado en territorio bonaerense, decidió redactar diversos mensajes dirigidos al máximo representante de la Iglesia Católica.
Esta iniciativa surgió de manera completamente voluntaria entre la población penal, como una forma de dar continuidad a la cercanía que históricamente mantuvieron con el anterior pontífice, Francisco. En esta oportunidad, los internos volcaron sus vivencias personales y emociones en los escritos, expresando de forma unánime su anhelo de recibir al actual líder vaticano dentro del predio penitenciario.
Un proceso colectivo impulsado por la pastoral
De acuerdo con los testimonios brindados a la Agencia AICA por Raúl Maestre, agente de pastoral y catequista que asiste de manera permanente al penal, los referentes eclesiásticos recorrieron las diferentes instalaciones, incluyendo los pabellones y las zonas destinadas a la reinserción social de quienes están próximos a obtener su libertad, con el propósito de recoger las inquietudes y reflexiones de la comunidad.
Como resultado de esta dinámica de escucha activa, se redactaron cuatro documentos distintos que reflejan la realidad particular de cada sector. Dichos escritos contaron con el respaldo colectivo y alcanzaron un total de 480 firmas procedentes de ocho pabellones diferentes.
La documentación física fue presentada formalmente en la sede de la Nunciatura Apostólica. Las autoridades eclesiásticas locales no solo confirmaron la recepción de los sobres, sino que además demostraron un marcado interés por conocer en profundidad el trabajo pastoral que se lleva adelante en el interior de la unidad.
La sólida relación construida con el anterior pontificado
El acercamiento epistolar hacia León XIV se apoya en una sólida tradición de comunicación que los reclusos mantuvieron durante más de una década con el Papa Francisco.
Los cimientos de este vínculo se remontan a la época en que la población carcelaria construyó un templo religioso utilizando donaciones gestionadas por los propios voluntarios. No obstante, las trabas burocráticas derivadas de la ausencia de planos impidieron la habilitación oficial del recinto sagrado.
Ante aquella dificultad institucional, la dirección del penal y el capellán del lugar, el padre Mauricio Scoltore, decidieron elevar el caso directamente al Vaticano. Gracias a la intervención directa del entonces Papa, el problema administrativo se resolvió favorablemente y se inauguró el espacio religioso acompañado de un saludo audiovisual enviado por el propio pontífice.
A partir de ese momento se estableció un flujo constante de correspondencia, donde los internos enviaban sus misivas por vía digital y recibían respuestas manuscritas, bajo la premisa de que los muros físicos nunca deben condicionar la esperanza humana.
Intensa labor espiritual en el centro de detención
Todo el registro histórico del intercambio epistolar con el papado fue entregado junto con la reciente invitación formal para que León XIV visite las instalaciones de la Unidad Penitenciaria N°17.
La vida espiritual dentro del establecimiento carcelario se mantiene sumamente activa a lo largo de toda la semana. Las actividades programadas incluyen jornadas de catequesis los días lunes, espacios dedicados a la adoración y formación doctrinal los martes, y la transmisión del rezo del rosario penitenciario los miércoles mediante conexiones virtuales con otros centros de reclusión del país.
Asimismo, la agenda semanal contempla el acompañamiento espiritual al equipo deportivo de rugby los días viernes, celebraciones litúrgicas periódicas en los pabellones, además de talleres orientados a la sanación interior y encuentros con diversas agrupaciones de misioneros.








