4 abril, 2026

En un gesto que fusiona la devoción con la riqueza cultural peruana, un joven universitario de Piura, al norte de Perú, entregó una bolsa de los afamados chifles a su Santidad el Papa León XIV durante una audiencia general celebrada en el Vaticano. Este singular obsequio no solo representa un fragmento de la gastronomía regional, sino que también evoca recuerdos personales para el Pontífice, quien en la década de 1980 desempeñó su labor misionera en la misma región peruana.

El singular encuentro tuvo lugar el 1 de abril, Miércoles Santo de 2026, un día cargado de significado en el calendario litúrgico y en la primera Semana Santa del Papa León al frente de la Iglesia Católica. La Plaza de San Pedro, usualmente escenario de profundas reflexiones y multitudinarias bendiciones, fue testigo de esta cálida interacción que resaltó la cercanía del Santo Padre con los fieles de todo el mundo.

Los chifles, protagonistas de esta anécdota, son un emblema culinario de la región de Piura, en Perú. Se trata de finas rodajas de plátano verde, fritas hasta alcanzar una textura crujiente y un sabor ligeramente salado, aunque también existen versiones dulces. Su versatilidad los convierte en un delicioso aperitivo por sí mismos o en el acompañamiento perfecto para platos tan icónicos como el cebiche, un pilar de la gastronomía peruana. Su particular preparación y su arraigo en la identidad piurana los han consolidado como un “snack” reconocido y apreciado en todo el país andino.

El portador de esta tradición culinaria fue Elvis Vilchez, un estudiante universitario oriundo de Piura, quien viajó a Roma para participar en el UNIV 2026. Este encuentro internacional congrega cada año a miles de jóvenes de distintas nacionalidades en la Ciudad Eterna, inspirados por la figura de San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, con el propósito de vivir la Semana Santa en comunión con el Pontífice y reflexionar sobre temas de relevancia actual. Para Elvis, esta experiencia no solo significaba un crecimiento personal y espiritual, sino también la oportunidad de llevar un pedazo de su tierra al corazón de la cristiandad.

El día de la audiencia, mientras el Papa León XIV recorría la Plaza de San Pedro a bordo del papamóvil, saludando a la multitud, Elvis y su grupo de jóvenes esperaban con expectación. El joven piurano, con una bolsa de chifles en mano, logró captar la atención del Santo Padre. “He tenido la oportunidad de ver al Santo Padre y entregarle un snack muy típico de Piura”, relató Vilchez, aún visiblemente emocionado por el momento. Al divisar el paquete, el Pontífice se acercó al grupo, acompañado por su secretario, el Padre Edgar Rimaycuna, quien facilitó la interacción.

El Papa León XIV, con una sonrisa, saludó primero al sacerdote que acompañaba a los jóvenes y luego se dirigió directamente a Elvis. Al recibir el obsequio, el Santo Padre exclamó: “¡Chifles de Piura, gracias, pero es para ustedes!”. Un gesto de humildad al que Elvis respondió con firmeza y respeto: “No, no, es para usted”. El Pontífice, agradecido por la insistencia y la generosidad, tomó la bolsa y se la entregó a su secretario, asegurando que el particular manjar piurano sería recibido.

Este intercambio, aparentemente sencillo, adquiere una capa adicional de significado al recordar el pasado misionero del Papa León XIV. En la década de 1980, antes de asumir responsabilidades de mayor envergadura dentro de la Iglesia, el entonces joven sacerdote León XIV fue destinado como misionero a Chulucanas, una provincia ubicada en el departamento de Piura, Perú. Durante ese período, el Pontífice vivió inmerso en la cultura local, compartiendo el día a día con las comunidades, y familiarizándose con sus costumbres y, por supuesto, con su gastronomía. Los chifles, consumidos habitual y extensamente en la región, no le eran para nada extraños. Su tiempo en Chulucanas fue una etapa formativa crucial, donde la realidad social y la fe se entrelazaron, marcando profundamente su visión pastoral.

La familiaridad del Papa León con este producto de la tierra piurana hizo que el obsequio de Elvis resonara de una manera especial, trascendiendo el simple acto de recibir un regalo. Fue un reconocimiento a una parte de su propia historia, a los años dedicados al servicio en una tierra lejana que dejó una huella imborrable en su trayectoria sacerdotal. El Papa León XIV, a través de este pequeño gesto, demostró una vez más su cercanía y el recuerdo vivo de sus experiencias pasadas, reforzando la imagen de un Pontífice que no olvida sus raíces y los lugares que lo moldearon en su camino de fe.

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