Ciudad del Vaticano – El Papa Francisco recibió este jueves en el Vaticano una presentación oficial de la Biblia de Borso d’Este, una de las creaciones más suntuosas y emblemáticas del arte renacentista italiano. Este evento institucional, que destacó el profundo valor artístico, histórico y simbólico del manuscrito iluminado del siglo XV, contó con la presencia de Ignazio La Russa, presidente del Senado de la República Italiana.
La sagrada obra, habitualmente resguardada en la prestigiosa Biblioteca Estense de Módena, representa un pináculo del miniaturismo europeo. Su reciente exhibición y la consiguiente visita papal subrayan la trascendencia de este códice, no solo como un testamento de fe, sino también como una invaluable pieza del patrimonio cultural global.
**Un Encuentro con la Historia y el Arte**
El pontífice, que ya había tenido la oportunidad de admirar la Biblia el pasado 18 de diciembre durante una visita al Palacio de la Minerva en Roma, donde el manuscrito estuvo expuesto públicamente durante varias semanas, expresó su aprecio por esta manifestación de genio artístico. La Biblia de Borso d’Este, reconocida por la exquisitez de sus miniaturas, elaboradas con oro y lapislázuli afgano, es una fusión magistral de materiales preciosos, narrativa sacra y una estética refinadísima que cautivó a los presentes.
Este códice fue encargado entre 1455 y 1461 por Borso d’Este, el influyente duque de Ferrara, quien deseaba una obra que reflejara tanto su profunda devoción personal como su poder y prestigio dinástico. Su visión fue materializada por el talento del calígrafo Pietro Paolo Marone y los destacados miniaturistas Taddeo Crivelli y Franco dei Russi. El resultado es un ejemplar que, según el Ministerio de Cultura italiano, “une valor sagrado, relevancia histórica, materiales preciosos y una estética refinadísima”, consolidándose como una de las cumbres absolutas del arte miniaturista del continente.
**La Odisea de un Tesoro Invaluable**
La Biblia de Borso d’Este no solo es un prodigio artístico; su historia de posesión y rescate es tan fascinante como sus páginas. El manuscrito permaneció en manos de la venerable familia Este hasta 1859, cuando el último duque, Francisco V de Austria-Este, se lo llevó consigo al exiliarse en Viena en medio de los tumultos de la unificación italiana.
Tras dejar suelo italiano, la obra pasó a formar parte del vasto patrimonio de la Casa de Habsburgo. Permaneció en su poder incluso después de la disolución del Imperio austrohúngaro tras la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, en 1922, la viuda del archiduque Carlos I, Zita de Borbón-Parma, tomó la difícil decisión de vender el preciado códice a un anticuario parisino.
Fue entonces cuando la providencia intervino en la figura de Giovanni Treccani, un visionario empresario y mecenas italiano. Al enterarse de la venta, Treccani no dudó en viajar a París en 1923 para adquirir la Biblia por la considerable suma de 3.300.000 francos franceses. Su compromiso con el patrimonio cultural italiano lo llevó a donar la obra al Estado italiano, asegurando su regreso y perpetua custodia en su tierra de origen. El apellido Treccani es hoy sinónimo de las grandes enciclopedias italianas, un legado que refuerza su impacto en la cultura del país.
**Preservación y Acceso Excepcional**
Dada su inmensurable fragilidad y valor, la Biblia de Borso d’Este se exhibe al público en contadas ocasiones, lo que convierte cada presentación en un acontecimiento cultural de primer orden. Su traslado desde Módena a Roma, primero para su exposición en el Senado y luego para la audiencia papal, requirió una compleja y minuciosa operación de seguridad.
Durante su exhibición, el manuscrito estuvo resguardado en vitrinas de alta tecnología, diseñadas para mantener un estricto control de humedad y temperatura. Estas medidas extremas son testimonio de la dedicación de Italia a la preservación de su legado, garantizando que esta joya renacentista pueda ser admirada por las generaciones futuras sin comprometer su integridad.
La presencia de la Biblia de Borso d’Este en el corazón del Vaticano no solo celebra la confluencia del arte y la fe, sino que también reafirma su estatus como un tesoro universal, un testimonio perdurable de la magnificencia del Renacimiento y la profunda huella que la historia y la cultura dejan en la civilización.





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