La rutina diaria de María Guadalupe Aguilar Jáuregui comienza con una súplica dirigida al cielo: “Dios mío, dame fuerza”. Con estas palabras, esta madre mexicana intenta sobrellevar el profundo desgaste físico y emocional provocado por la incesante búsqueda de su hija Yoselín, quien fue vista por última vez el 31 de marzo de 2022 en el estado de Guanajuato.
Sin embargo, el dolor de esta familia no se limita a un solo suceso. La tragedia golpeó su hogar en repetidas ocasiones durante los últimos años, dejando un saldo devastador de seres queridos desaparecidos y asesinados en una región marcada por la violencia.
Una cronología de violencia familiar
El calvario de María Guadalupe inició el 23 de septiembre de 2017, fecha en la que su hijo mayor, Juan Jesús Pérez Aguiar, desapareció en la comunidad de San Miguel Octopan, perteneciente al municipio de Celaya. A partir de ese momento, se unió al contingente de familiares que recorren parajes desolados, campos y puntos de riesgo con la esperanza de hallar indicios de sus parientes.
Pese a que las indagatorias avanzaban con extrema lentitud, las autoridades le confirmaron años después que los restos de Juan Jesús habían sido ubicados desde octubre de 2017, apenas un mes después de su desaparición, aunque permanecieron sin ser identificados durante un largo periodo.
Mientras trataba de esclarecer el paradero de su primogénito, la violencia cobró la vida de su esposo el 2 de abril de 2018. De acuerdo con el testimonio de la madre, el homicidio ocurrió “por buscar a Juan Jesús”.
Años más tarde, la pesadilla se repitió cuando un grupo de sujetos ingresó a su domicilio en 2022 para sustraer a su hija Yoselín, de 19 años, mientras realizaba labores domésticas. Meses después, el 18 de agosto de 2022, su hija menor, Guadalupe Alejandra, de 16 años, fue asesinada.
Al ser consultada sobre si estos crímenes guardan relación, la madre afirmó que “sí son los mismos” y apuntó directamente contra el “mismo cartel que está en el pueblo”. Ante el evidente peligro, María Guadalupe se vio obligada a abandonar su hogar en Celaya para salvaguardar su vida.
La crisis de desaparecidos en Guanajuato y México
El caso de esta familia refleja una problemática nacional que afecta a miles de hogares. Datos oficiales revelan que más de 130.000 personas continúan en calidad de desaparecidas o no localizadas en todo el país.
En el estado de Guanajuato se concentran más de 5.000 casos, siendo Celaya el municipio con la cifra más alarmante al registrar 800 expedientes de esta naturaleza. Organismos internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) han señalado que este fenómeno está vinculado estrechamente con la actividad del crimen organizado y su presunta colusión con autoridades locales.
La fe y la esperanza como motores de búsqueda
El agotamiento físico, los problemas de salud y los vacíos en la memoria son consecuencias directas de años de activismo y dolor. No obstante, María Guadalupe sostiene firmemente que su labor no se detendrá, convencida de que “si yo como mamá no la busco, nadie la va a buscar”.
Su resistencia descansa en su espiritualidad. En sus momentos más difíciles, cuando las fuerzas escasean, su plegaria se reduce a un clamor urgente: “¡Dios mío, dame fuerza, Dios mío!”. Asimismo, encuentra refugio en la figura de la Virgen María, a quien le pide comprensión ante el sufrimiento compartido.
Acompañamiento pastoral a las familias afectadas
Por su parte, el Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México, Mons. Francisco Javier Acero Pérez, quien ha acompañado de cerca a estas agrupaciones, resaltó que la entrega de estas madres representa un testimonio que “nos llena de esperanza”.
El jerarca eclesiástico destacó que la actitud de estas mujeres no se detiene ante la adversidad, sino que renueva su fe cada amanecer con la convicción de que “hoy puede ser el día en donde voy a ver a mi hijo”.








