Managua, Nicaragua – La escalada de hostilidades contra la Iglesia católica en Nicaragua ha alcanzado un nuevo punto crítico con la negativa del régimen a permitir el regreso del sacerdote Eliar Alonso Berríos al país, apenas días después de que la comunidad eclesiástica lamentara la desaparición forzada del obispo emérito de Estelí, monseñor Abelardo Mata. Estos incidentes subrayan la creciente tensión entre el gobierno y la jerarquía eclesiástica, en un contexto de persistente violación a los derechos humanos y la libertad religiosa en la nación centroamericana.
El padre Eliar Alonso Berríos, perteneciente a la Diócesis de León, se ha visto impedido de regresar a Nicaragua tras completar tres años de estudios superiores en derecho canónico en la prestigiosa Universidad de Navarra, en España. La situación se hizo pública cuando el sacerdote, que tenía previsto volar a su país natal el pasado jueves 16 de julio, fue notificado por la aerolínea de que su ingreso había sido denegado por las autoridades nicaragüenses. Este suceso, reportado inicialmente por el diario local Mosaico CSI, dejó al padre Berríos varado en el extranjero, sin posibilidad de retornar a su comunidad diocesana.
La parroquia San Sebastián Mártir, en León, había anunciado días antes la designación del padre Eliar Alonso como su nuevo párroco. Sin embargo, el 12 de julio, la misma parroquia emitió un comunicado rectificando la información, indicando que “aún no tenemos párroco asignado por nuestro obispo” y pidiendo disculpas por lo que calificaron como un “error de nuestra parte”. Esta secuencia de eventos sugiere una intervención directa del gobierno en los asuntos internos de la Iglesia, impidiendo la asignación de un sacerdote que, a pesar de haber culminado su formación académica, es considerado persona non grata por el régimen.
A finales del pasado mes de mayo, el padre Eliar Alonso había participado como delegado de su promoción en la ceremonia de graduación en la Universidad de Navarra, donde agradeció la formación recibida. Durante su intervención, el sacerdote nicaragüense, ordenado en 2018, destacó la riqueza de sus estudios: “De ustedes aprendimos a mirar más allá de la norma, a desentrañar el verdadero espíritu de la ley y a comprender que el derecho canónico late con el corazón del Evangelio”. Su retorno era esperado con entusiasmo por su diócesis, una expectativa ahora truncada por la decisión gubernamental.
La negación de entrada al padre Eliar Alonso se suma a la grave situación de monseñor Abelardo Mata, obispo emérito de Estelí, cuyo paradero ha sido incierto desde su detención. Monseñor Mata fue retenido en dos ocasiones a finales de junio por agentes de la policía, luego de presidir una misa el domingo 28 de junio en la que oró fervientemente por la Iglesia perseguida en Nicaragua. Aunque el régimen ha asegurado que el obispo se encuentra en su domicilio, diversas fuentes y organizaciones de derechos humanos han expresado profunda preocupación por su seguridad y estado de salud. Monseñor Mata, de 80 años, padece diabetes, problemas de visión y utiliza un marcapasos debido a una dolencia cardíaca, lo que hace imperativa su atención médica adecuada. Los obispos de Centroamérica, junto con otras figuras internacionales, han instado al régimen de Nicaragua a permitir que sea examinado por un médico y a garantizar su bienestar.
Un sacerdote nicaragüense en el exilio, quien prefirió mantener el anonimato para evitar represalias del gobierno, afirmó el pasado domingo 19 de julio a ACI Prensa que “nadie está seguro en Nicaragua con el régimen sandinista”. Este religioso exiliado enfatizó que “un régimen de este tipo, por tener raíz atea, no tiene ningún tipo de escala de valores ni de respeto a la persona. Al negar la existencia de Dios es capaz de hacer cualquier cosa”. El comentario subraya la percepción de una persecución ideológica que trasciende lo político, afectando profundamente la libertad de culto y la vida religiosa.
El sacerdote anónimo alertó que la vulnerabilidad se extiende incluso a quienes podrían considerarse afines al gobierno, aunque “los que más estamos expuestos somos los religiosos”. Explicó que la misión de la Iglesia, además de la celebración del culto, es la educación y la formación de la conciencia comunitaria. “Y eso el régimen no lo soporta porque no quiere una persona que piense, que sea capaz de discernir de lo bueno, de lo malo. Entonces se ha ensañado tanto por eso con la Iglesia, porque obviamente no la puede destruir y amedrenta”, sentenció.
La desaparición forzada de monseñor Mata, en este contexto, es vista como “otro signo de la persecución contra la Iglesia católica y muestra que nadie está exento”. El sacerdote exiliado hizo un llamado enérgico a las autoridades nicaragüenses para que “dejen en libertad a Monseñor Mata”, advirtiendo que “las arbitrariedades del régimen no quedarán impunes y más temprano que tarde responderán ante la justicia divina por todos estos abusos de poder y arbitrariedades”.
La situación actual en Nicaragua, caracterizada por la negación de derechos básicos y la represión contra líderes religiosos, evidencia un patrón sistemático de intimidación y control por parte del régimen. Estos actos no solo violan la libertad de movimiento y asociación, sino que también socavan la independencia de la Iglesia y la capacidad de sus miembros para ejercer su ministerio en un clima de seguridad y respeto. La comunidad internacional sigue observando con preocupación los acontecimientos, mientras la Iglesia nicaragüense afronta uno de los periodos más desafiantes de su historia reciente.








