En un gesto de profunda esperanza y rehabilitación, dos reclusos de la Penitenciaría Estatal Masculina de Régimen Cerrado de Gameleira 2, ubicada en Campo Grande, Mato Grosso do Sul, Brasil, recibieron los sacramentos de iniciación cristiana el pasado domingo 26 de julio. Entre ellos se encontraba un exmiembro del Comando Vermelho (CV), una de las organizaciones criminales más notorias del país. Este acontecimiento marca el punto culminante de un proceso de catequesis de dos años, facilitado por la dedicada labor de la Pastoral Carcelaria en la arquidiócesis local.
Los sacramentos –bautismo, eucaristía y confirmación– fueron administrados por el padre Álisson Muryel, asesor eclesiástico de la Pastoral Carcelaria en Campo Grande. La ceremonia tuvo lugar en un ambiente de reflexión y fe, ofreciendo a los reclusos una vía para la redención espiritual y la transformación personal. La arquidiócesis de Campo Grande, un área con once prisiones y aproximadamente diez mil internos, cuenta con la presencia activa de la pastoral en todas sus instituciones penitenciarias.
Said Brandão Sayd, coordinador de la Pastoral Carcelaria en la arquidiócesis, compartió con la prensa el propósito fundamental de esta iniciativa: “Nuestro objetivo primordial es la educación, la celebración y la vida en la fe, lo que se traduce en catequesis, sacramentos y la promoción de una vida espiritual plena”. Sayd enfatizó la meta de establecer una comunidad católica sólida dentro de los muros de la prisión, asegurando que, a pesar de las adversidades, los internos reciban el apoyo de la Iglesia para vivir en gracia. En Gameleira 2, donde muchos reclusos están vinculados a facciones y enfrentan largas condenas, este trabajo adquiere una relevancia aún mayor.
La historia de los dos reclusos que recibieron los sacramentos ofrece vislumbres de futuros diversos. Uno de ellos, el exmiembro del Comando Vermelho, es soltero y se espera que recupere su libertad en un futuro próximo. Su deseo manifiesto es “reconstruir su vida de una manera diferente”, según Brandão Sayd, lo que sugiere un compromiso genuino con el cambio. El otro interno, cuya pena es más extensa, mantiene una unión estable y ha expresado el deseo de contraer matrimonio sacramental. La pastoral ya está preparando este sacramento para el segundo semestre del año, una iniciativa que Said Brandão describió como “una novedad” y un desafío motivador para la institución.
El modelo de intervención de la Pastoral Carcelaria se centra de manera predominante en la catequesis. Said Brandão explicó que cada penitenciaría cuenta con un equipo de catequistas que reciben el apoyo de una parroquia local. “Nuestros encuentros priorizan siempre la catequesis”, afirmó. Para la Iglesia Católica, es esencial “entrar en el presidio y anunciar el Evangelio”, trascendiendo otras preocupaciones importantes como los derechos humanos o el apoyo emocional. Brandão subrayó que, aunque estos aspectos son cruciales, si no se habla de Jesús, la posibilidad de una verdadera conversión se ve limitada. “Sin eso, no hay conversión”, enfatizó el coordinador.
La frecuencia de las visitas pastorales varía según las restricciones de cada prisión. En algunos centros, la pastoral puede estar presente semanalmente, mientras que en otros, los encuentros son quincenales. La logística es compleja, ya que la interacción se organiza por pabellones para evitar la mezcla de grupos. Esto significa que los equipos visitan dos pabellones una semana y otros dos la siguiente, asegurando una cobertura constante y metódica.
Este itinerario de fe puede durar entre uno y dos años, dependiendo de la cadencia de las catequesis mensuales. Durante este tiempo, los internos exploran las cuatro dimensiones fundamentales de la fe católica: el Credo, los mandamientos, la oración y los sacramentos. Esta preparación exhaustiva busca garantizar que el recluso “tenga plena conciencia de lo que está recibiendo” y asuma una “gran responsabilidad” al adherirse a la fe. Said Brandão destacó que una catequesis rigurosa carece de sentido sin la culminación sacramental, por lo que se organiza una misa mensual en los presidios. En Gameleira 2, cada uno de los cuatro pabellones recibe la Eucaristía tres veces al año, con la oportunidad de confesión previa para quienes ya han recibido el bautismo y la eucaristía.
El compromiso de la pastoral no termina con la libertad de los reclusos. Una vez fuera de prisión, los agentes de la Pastoral Carcelaria alientan a los excarcelados a integrarse en parroquias cercanas a sus nuevos hogares, buscando fortalecer su recién descubierta o reafirmada fe en la comunidad. Said Brandão Sayd concluyó con una reflexión sobre la profundidad de su labor: “No sabemos qué sucede en el corazón de cada uno, pero la Palabra está llegando y el Evangelio se está anunciando”. Esta declaración encapsula la esencia de una misión que, tras las rejas, busca encender la llama de la esperanza y la redención en quienes más lo necesitan.








