Miami, Florida – En un emotivo Domingo de Ramos, Monseñor Silvio Báez, obispo nicaragüense que vive en el exilio desde 2019, ofreció una profunda reflexión sobre la Pasión de Jesús. Desde la parroquia Santa Agatha en Miami, el prelado conectó el sufrimiento de Cristo con las realidades de injusticia y represión que marcan la historia y, de forma palpable, la situación actual en su natal Nicaragua. Su homilía, pronunciada el pasado 29 de marzo, sirvió como un llamado a la conciencia y una denuncia velada de los abusos de poder.
Monseñor Báez enfatizó que Jesús fue “odiado y condenado a muerte siendo justo” por los poderosos de su tiempo, estableciendo un paralelo directo con aquellos que hoy día ejercen el control y buscan acallar la verdad. “Ningún poder humano puede servirse de Él para hablar de una falsa paz, fruto del miedo y la represión”, sentenció el obispo, dejando clara la incompatibilidad entre el mensaje de Cristo y las estructuras autoritarias que oprimen a los pueblos.
Aunque Monseñor Báez, quien sigue siendo obispo auxiliar de Managua, no mencionó explícitamente a Nicaragua, el contexto de sus palabras resonó con fuerza para la comunidad nicaragüense presente y para todos los que siguen de cerca la situación del país centroamericano. La Iglesia Católica en Nicaragua ha iniciado una Semana Santa marcada por severas restricciones impuestas por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Estas prohibiciones incluyen la limitación o anulación de procesiones públicas en muchas localidades, obligando a las celebraciones litúrgicas a realizarse dentro de los templos, siempre bajo la estricta vigilancia y el control gubernamental. Sacerdotes locales han reportado a diversos medios que la dictadura solo permite actividades de fe cuando estas convienen a sus intereses políticos, coartando así la libertad religiosa.
En un momento crucial de su predicación, Monseñor Báez hizo referencia a un mensaje reciente del Pontífice. Recordó que ese mismo Domingo de Ramos, desde el Vaticano, el Papa León XIV advirtió: “no olviden que nuestro Dios, Jesús crucificado, no escucha la oración de quienes tienen las manos manchadas de sangre”. Esta cita del Santo Padre, pronunciada en el marco de las celebraciones de la Semana Mayor, amplificó el mensaje de Báez, añadiendo una dimensión universal a su denuncia de la injusticia y la violencia. La alusión del Papa León subrayó la profunda seriedad moral que la Iglesia atribuye a la responsabilidad de los líderes y a la ética en la gobernanza.
El obispo nicaragüense ahondó en la conexión espiritual y social de la Pasión de Cristo. “En la cruz de Jesús se revela la solidaridad de Dios con los crucificados de hoy”, afirmó, extendiendo la imagen del calvario a las víctimas contemporáneas. En las llagas de Jesús, Monseñor Báez visualizó “el dolor de los pobres, el dolor de las víctimas de la represión y de la guerra, el sufrimiento de los presos políticos y de quienes han sido forzados al exilio”. Un clamor que, para muchos, se hace eco directo del sufrimiento vivido por miles de nicaragüenses bajo el actual gobierno.
Prosiguiendo con su reflexión, el prelado señaló que en el “último grito dirigido al Padre”, se escucha “el llanto de quienes se sienten solos o sin esperanza y el clamor de los pueblos crucificados que anhelan su liberación”. Esta declaración, cargada de simbolismo, se proyecta como una voz de esperanza y resistencia para aquellos que, en Nicaragua y en otras latitudes, luchan por la justicia y la dignidad.
Monseñor Báez destacó también que la Pasión de Jesús es un reflejo de “la historia del mundo, una historia de injusticia y de traición”. Detalló las “irregularidades jurídicas” en el juicio de Cristo: su detención ilegal, sin delito alguno; el juicio nocturno contrario a la ley; y el uso de testigos falsos para su condena. Estas descripciones resuenan con las denuncias de violaciones al debido proceso y la manipulación del sistema judicial que con frecuencia se atribuyen a regímenes autoritarios en la actualidad.
El obispo recordó cómo Jesús fue “continuamente asediado, perseguido y amenazado por los poderosos de su tiempo”. Explicó que Jesús resultó “incómodo para una religión más preocupada por conservar su poder y prestigio que por promover la fraternidad y la justicia”. Asimismo, fue “peligroso para un poder político absoluto y arrogante que recurría a la intimidación y la fuerza para someter y explotar a la gente”. Esta crítica a la instrumentalización de la fe y al abuso del poder político es un pilar central en la postura de la Iglesia nicaragüense frente al régimen.
Finalmente, Monseñor Báez subrayó que “la mentira del mundo no soportó la verdad de Jesús”, y que quienes “abusaban y eran crueles con los más débiles se cerraron a la justicia del reino de Dios”. Hizo un llamado a la compasión, recordando que “los indiferentes ante el sufrimiento humano no acogieron su llamada de ser compasivos”. El prelado concluyó su homilía expresando el deseo de que, en esta Semana Santa, la contemplación de Jesús crucificado “nos llenará de esperanza y aprenderemos el lenguaje del amor humilde de Dios, que perdona, salva y da vida”, un mensaje de fe que, en medio de la adversidad, busca inspirar la resistencia pacífica y la búsqueda de la verdad.





