20 marzo, 2026

Ciudad del Vaticano – En el marco de la tercera meditación de Cuaresma, un espacio de reflexión profunda para la Iglesia Católica, el Padre Roberto Pasolini, predicador de la Casa Pontificia, ofreció una profunda disertación sobre los pilares de la evangelización contemporánea. Su ponencia, impartida ante Su Santidad el Papa Francisco y numerosos miembros de la Curia Romana congregados en la imponente Aula Pablo VI, se centró en la experiencia espiritual de San Francisco de Asís como modelo fundamental para la proclamación del Evangelio.

La reflexión del fraile capuchino subrayó un mensaje crucial: la auténtica transmisión de la fe se disocia de cualquier postura de superioridad o control. Pasolini enfatizó que “anunciar a Cristo desde una posición de superioridad o de control” representa una contradicción inherente al espíritu mismo del Evangelio. Esta afirmación invita a una profunda introspección sobre la metodología y el talante con que la Iglesia aborda su misión evangelizadora en el siglo XXI. La autoridad, lejos de emanar de un cargo o una posición jerárquica, se forja en “una vida que acepta entrar en el dinamismo del amor”, según lo expresado por el predicador y recogido por Vatican News. Esta perspectiva sugiere que la credibilidad del mensaje no reside en la investidura, sino en la coherencia y la entrega personal.

**La Paternidad del Amor y la Pequeñez de San Francisco**

El Padre Pasolini articuló que el poder persuasivo del anuncio evangélico radica en la humildad, una virtud que San Francisco de Asís encarnó de manera ejemplar. La “pequeñez”, o la capacidad de despojarse de pretensiones y autosuficiencia, es, a su juicio, lo que dota de fecundidad al mensaje de Cristo. La figura del santo de Asís, conocido por su radical sencillez y su identificación con los más vulnerables, sirve como un espejo para quienes buscan compartir la fe. Su vida, marcada por la renuncia a los privilegios y una profunda conexión con la naturaleza y la humanidad, demostró que la fuerza del Evangelio no necesita de grandilocuencia, sino de una presencia auténtica y compasiva.

Esta llamada a la humildad es un recordatorio de que la evangelización no es un acto de conquista, sino de servicio y acompañamiento. Implica una disposición a aprender del otro, a escuchar sus realidades y a reconocer la presencia divina incluso en los márgenes de la sociedad. La verdadera autoridad emerge de la vulnerabilidad compartida y de la disposición a presentarse no como poseedores de todas las respuestas, sino como compañeros de camino en la búsqueda de la verdad.

**Coherencia y Testimonio: El Evangelio Hecho Vida**

El predicador pontificio insistió en la imperativa necesidad de vivir una coherencia entre lo que se profesa y lo que se practica. La palabra se vuelve poderosa y transformadora cuando previamente se ha encarnado en la propia existencia del evangelizador. “Aquello que se predica se convierta en vida antes que en palabra”, destacó Pasolini, advirtiendo sobre la constante tentación de utilizar los asuntos espirituales para buscar aprobación o reconocimiento personal. Este desvío desvirtúa el propósito divino y convierte la misión en una búsqueda egoísta.

Cuando las palabras nacen de una experiencia vital y genuina, resonan con una profundidad particular en el corazón de quienes las escuchan. En contraste, los discursos abstractos, impersonales o desprovistos de una base existencial, carecen de capacidad de convicción, incluso para quienes los pronuncian. La evangelización, en este sentido, se convierte en un acercamiento respetuoso a la vida ajena, reconociendo que, en la complejidad de cada persona, ya existe una búsqueda intrínseca de sentido, de bondad y de verdad. Esta visión resalta la importancia de un diálogo empático y una comprensión profunda de las inquietudes humanas.

**Cristo: Un Misterio que Habita, No una Simple Noticia**

El Padre Pasolini se mostró enfático al diferenciar la comunicación del Evangelio de la simple transmisión de información. Cristo, aclaró, “no es una información que transmitir”, ni una noticia pasajera en el flujo mediático. Por el contrario, es “un misterio que habita en la humanidad”, cuya Palabra “se dona como una vida que lentamente toma forma”. Esta analogía subraya la naturaleza transformadora y existencial de la fe, que no se asimila a través de datos, sino a través de una experiencia personal y un proceso gradual de acogida.

La presencia de Dios, cuando es aceptada, opera un cambio profundo y duradero en la vida de las personas. Para ilustrar este proceso, el predicador recurrió a la metáfora de la maternidad: así como una madre lleva a su hijo dentro de sí, permitiéndole crecer en silencio y de forma gradual antes de darlo a luz, la fe se gesta internamente. “Primero Cristo toma espacio dentro de nosotros, en silencio, en la oración, en las decisiones cotidianas. Y solo después puede aparecer hacia afuera, en los gestos y en la manera en que nos relacionamos con los demás”. Este es un proceso de gestación espiritual que requiere tiempo, discernimiento y una profunda interiorización.

**La Pobreza Real del Evangelizador**

Finalmente, el predicador de la Casa Pontificia señaló que las personas no son el centro del anuncio evangelizador. Para llevar a cabo esta misión con autenticidad, se requiere una “pobreza real”, que implica “presentarse sin tenerlo todo y sin controlar todo”. Esta pobreza no es meramente material, sino una disposición del espíritu que acepta depender de la bondad y la sensibilidad de los demás. Reconocer la propia vulnerabilidad y la necesidad de apoyo mutuo es esencial para una evangelización genuina.

Esta actitud de despojo permite al evangelizador darse cuenta de que el reino de Dios ya está presente, aunque de manera oculta, incluso en la vida de aquellos que aún no lo conocen explícitamente. Se trata de una invitación a mirar más allá de las apariencias y a descubrir las semillas del Evangelio en las aspiraciones, las luchas y las esperanzas de cada ser humano. La misión, por tanto, se convierte en un acto de humildad, de escucha y de colaboración con la acción divina que ya obra en el mundo. La reflexión del Padre Pasolini en esta Cuaresma ofrece un valioso recordatorio de que la fuerza del mensaje cristiano radica en su autenticidad, su humildad y su capacidad de encarnarse en vidas transformadas por el amor.

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