La Comunidad de Madrid y, en particular, el territorio sur de la región que conforma la Diócesis de Getafe, se ha visto severamente afectada por una serie de incendios forestales que, desde julio de 2026, han arrasado miles de hectáreas y provocado la evacuación y confinamiento de decenas de miles de personas. En medio de esta emergencia humanitaria y ambiental, la Iglesia Católica de la zona ha desplegado una respuesta coordinada, ofreciendo refugio, consuelo y asistencia material y espiritual a los damnificados.
La magnitud de la catástrofe ha alcanzado proporciones alarmantes. Doce municipios han sido evacuados en el centro de España, mientras que otros tres permanecen bajo orden de confinamiento. Se estima que al menos 50.000 personas han sido directamente afectadas por el avance incontrolable de las llamas. Ante este desolador panorama, sacerdotes y voluntarios se han situado en la vanguardia de la ayuda, transformando parroquias y polideportivos en centros de acogida.
Uno de los puntos neurálgicos de esta labor solidaria es Villaviciosa de Odón, municipio que ha servido de refugio para más de 300 desplazados provenientes de localidades como Chapinería, Pelayos de la Presa y Navas del Rey. El Obispo Auxiliar de Getafe, monseñor José María Avendaño, supervisó personalmente las labores de asistencia, destacando la pronta y organizada reacción de la comunidad eclesial. El padre Álvaro Piñero, vicario de la parroquia local, ha coordinado incansablemente los esfuerzos, asegurando que los evacuados encuentren no solo un techo y alimento, sino también un espacio de escucha y acompañamiento.
La ayuda brindada trasciende las necesidades materiales. Como explica el padre Piñero desde Valdemoro, la solidaridad se materializa en múltiples formas: “Muchos de los voluntarios que colaboran en el polideportivo provienen de Cáritas o de hermandades del pueblo, manteniendo una estrecha relación con la parroquia”. Además de comida y artículos de primera necesidad, la Iglesia ha abierto el tesoro de la fe, ofreciendo sacramentos y atención pastoral. “En el polideportivo hemos estado atendiendo a la gente, escuchándoles, confesándoles, sobre todo escuchando el sufrimiento de tantas personas. Al final, la gente que está aquí es gente muy desprotegida”, relata el vicario. Incluso, las autoridades locales han encomendado a la parroquia el cuidado especial de los niños, quienes participan en juegos y actividades, encontrando un respiro en la tragedia que les ha tocado vivir.
A pesar de la inmensidad del drama humano, la perspectiva de la fe se convierte en un pilar fundamental de esperanza. El padre Piñero enfatiza: “Decía San Pablo en la lectura: llevamos este tesoro en vasijas de barro para que en nuestra vida se manifieste no solo la muerte, sino la gloria del Señor. Y es un poco lo que estamos experimentando, cómo estamos palpando el drama de tantas situaciones muy difíciles, pero también la Providencia nos está cuidando con sobreabundancia”. Para el sacerdote, la confianza en la providencia divina y la palpable ayuda de voluntarios y donantes refuerzan la fe, ofreciendo un cimiento sólido ante la incertidumbre: “Si Dios nos está cuidando ahora en esta situación, ¿por qué me iba a fallar mañana? Si lo está haciendo ahora, entonces yo creo que la confianza es lo que nos sostiene en estos momentos, y no una confianza ciega, sino una que aquí y ahora podemos palpar”.
Otro de los puntos álgidos de la crisis se ha localizado en el Valle del Tiétar, específicamente en Rozas de Puerto Real, donde se ubica el seminario menor de la Diócesis de Getafe. Este centro, que acoge habitualmente a 130 estudiantes, incluyendo 35 seminaristas, se vio gravemente amenazado por las llamas. Un campamento de verano que allí se desarrollaba tuvo que ser desalojado el 25 de julio, en un operativo exprés que el padre Eliert Jerez, rector del seminario menor, describe como “muy rápido. En menos de 25 minutos estaba ya el seminario entero desocupado y aunque era grande el miedo, el trabajo de todos lo hizo posible”.
En medio del caos, no solo se salvaguardaron vidas. El padre Jerez relata el emotivo traslado de las imágenes de la Inmaculada y San José, los archivos y, con especial reverencia, los sagrarios con el Santísimo Sacramento, llevados a Villaviciosa de Odón. “Cuando tienes el Santísimo en la mano, cuando no puedes llevar un paño de hombros, no puedes ir revestido, con un acto litúrgico, te das cuenta de la cercanía del Señor en esos momentos. Que el Señor estaba viviendo con nosotros este desalojo y yo imagino que también esta oración y esta súplica porque esto termine”, comparte el presbítero, marcando un momento indeleble en su memoria y corazón.
La oración ha emergido como una fuente de consuelo y, para el padre Jerez, de “verdaderos milagros”, como el hecho de que el seminario no haya sido aún consumido por el fuego. Sin embargo, la preocupación por el futuro de la región y de sus seminaristas, muchos de los cuales podrían perder sus hogares o enfrentar dificultades para continuar su formación, es palpable. El sacerdote es consciente de que esta tragedia transformará la vida de la comarca durante años: “Son muchísimos los pueblos que se han visto afectados. Mucha gente no va a recuperar sus empleos porque viven del campo y eso es muy difícil de recuperar. Muchas personas no solo han perdido la casa, han perdido una posibilidad de futuro y esto va a ser una realidad que nos va a acompañar en los años venideros”. Esta dura realidad se refleja en su desasosiego personal, confesando que le “cuesta conciliar el sueño desde que aparecieron las primeras llamas”, en una clara muestra de la profunda empatía y compromiso pastoral con su comunidad.








