31 marzo, 2026

La Cuaresma se presenta como un periodo de profunda reflexión y preparación para la Semana Santa, y en el corazón de Madrid, la parroquia de San Jorge ofrece una experiencia singular para ello. Por quinto año consecutivo, su templo acoge un impresionante “Vitae Christi”, una meticulosa representación de la vida pública de Jesús que busca inspirar la contemplación y el rezo entre los fieles y visitantes.

Esta iniciativa transformadora surgió en 2021, tras los desafíos impuestos por la pandemia, a sugerencia del párroco Juan Pedro Carrera. El espacio, que durante el Adviento es hogar de un gran belén navideño, muta para narrar visualmente los pasajes clave de la existencia de Jesús. Santiago Font y Rocío de Benito, el matrimonio detrás de este monumental proyecto, dedican incontables horas a lo largo del año a su creación y montaje. Su compromiso, que se extiende por más de dos décadas en el caso del belén, ahora abarca también esta propuesta cuaresmal.

“Buscamos armonizar la funcionalidad del paisaje con la belleza intrínseca de cada escena. Creemos firmemente que la contemplación de la belleza es un camino hacia Dios, por eso nos esforzamos en crear composiciones que inviten al rezo y a la introspección”, explica Font. Esta filosofía se traduce en un despliegue artístico sin precedentes, donde cada detalle ha sido cuidadosamente elaborado para transportar al observador a la Palestina del primer siglo.

La estructura base de este “Vitae Christi” y el belén de Adviento es una tarima y un armazón creados a medida, que se adaptan a la nave lateral izquierda de la iglesia. Los volúmenes se esculpen con materiales como Porexpan, poliestireno, trapos y escayola, todos pintados a mano con una precisión asombrosa. Elementos naturales como ríos y un lago se recrean con cemento, mientras que el paisajismo cobra vida con ramas de romero, diversas plantas, tierras especiales obtenidas directamente de una cantera, trozos de cuerda, madera de balsa, porcelana fría, distintos tipos de arcilla y cuero.

Para potenciar el realismo y la atmósfera, Santiago Font ideó un complejo sistema de iluminación con una centralita diseñada específicamente para el montaje. Este sistema no solo realza las escenas principales, dirigiéndo la mirada del espectador hacia los puntos de mayor significado, sino que también aporta una calidez sutil a las escenas cotidianas, iluminando las pequeñas construcciones que forman parte del entorno.

El “Vitae Christi” exhibe cerca de una treintena de escenas, cubriendo desde las bodas de Caná y el bautismo en el Jordán hasta momentos trascendentales de la Pasión. Entre ellas, se pueden contemplar la curación del ciego, la Transfiguración, el Sermón de la Montaña, las tentaciones en el desierto, la Última Cena, la agonía en Getsemaní, el prendimiento, el juicio en el Pretorio, la flagelación y coronación de espinas, la crucifixión, el descendimiento y la Piedad.

Rocío de Benito es la mente creativa y la mano que da vida a la mayoría de estas composiciones, tanto para el belén como para el “Vitae Christi”. “Comenzamos con las escenas de la Pasión: el Pretorio, el Huerto de los Olivos, la Crucifixión, todas aquellas para las que ya contábamos con figuras”, comenta Rocío. Las figuras en primer plano, que son el corazón de estas representaciones, son obra del reconocido artista toledano afincado en Madrid, José Luis Mayo. Para el resto de las escenas, el ingenio de Rocío permite adaptar y transformar figuras originalmente pensadas para el belén.

Una de las innovaciones clave que ha permitido la expansión y la diversidad de las escenas es la tecnología. “La impresión digital ha sido un verdadero ‘boom’. Gracias a ella, podemos crear prácticamente cualquier escena que imaginemos”, subraya Rocío. El proceso de diseño de las figuras no es meramente artístico, sino profundamente espiritual. “Leo detenidamente todos los Evangelios para garantizar la máxima fidelidad en cada escena. Nos esforzamos por mantener un estilo hebraico, lo más cercano posible a la realidad histórica, aunque existan otros estilos populares”, añade.

Una vez finalizado el diseño, a menudo con la asistencia de inteligencia artificial para la concepción inicial, las creaciones se envían a un taller especializado en Alicante, donde se materializan las figuras. Posteriormente, Rocío se encarga de pintarlas en su hogar o en un pequeño taller habilitado en la parroquia. Es en estas horas de silencio y con los pinceles en la mano donde el arte se funde con la oración. “Pasar tantas horas pintando sola me permite rezar la escena, situarme en ella, reflexionar”, describe Rocío, revelando la dimensión meditativa de su labor.

A pesar de la complejidad y la magnitud de este montaje, los costes de material y mantenimiento se cubren sin afectar la economía parroquial. Los feligreses que acuden a orar realizan donativos, y cada Navidad se organiza un sorteo de un pequeño misterio del belén, generando los fondos necesarios.

La experiencia del “Vitae Christi” se extiende más allá de la Cuaresma. Tras la celebración del Triduo Pascual, la escena del sepulcro se transforma mágicamente: la piedra se desplaza, revelando las vendas y la mortaja del Señor, un testimonio visual de la Resurrección. Y con la llegada de Pentecostés, el lugar que acogió la Última Cena se convierte en el escenario donde el Espíritu Santo desciende sobre los apóstoles.

Para Santiago Font, el verdadero éxito de este proyecto radica en su capacidad para conmover y conectar con la fe de las personas. “Lo que más valoro es observar a un joven orando frente al crucifijo, o ante la Piedad, o meditando el misterio del nacimiento. Es en esos momentos cuando siento que hemos alcanzado nuestro objetivo”, comparte, resumiendo el profundo impacto espiritual que este “Vitae Christi” busca generar en la comunidad madrileña.

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