Con el inicio del Miércoles de Ceniza, los católicos de todo el mundo se adentran en el tiempo litúrgico de la Cuaresma, un período de cuarenta días dedicado a la oración, la limosna y la penitencia en preparación para la Semana Santa. Mientras muchos fieles contemplan qué mortificaciones adoptar, la venerada Madre Angélica, fundadora de la cadena global EWTN, ofreció a lo largo de los años una perspectiva profunda y práctica sobre cómo hacer de este tiempo un verdadero camino de crecimiento espiritual.
La Madre Angélica, una figura pionera en las comunicaciones católicas y reconocida por su franqueza y sabiduría, recordaba que el inicio de la Cuaresma es una invitación de la Iglesia a reflexionar sobre la finitud de la existencia humana. En una transmisión del año 2000, ella enfatizó la inevitabilidad de la partida terrenal, urgiendo a los creyentes a orientar su vida hacia las realidades trascendentes. Este recordatorio de la mortalidad sirve como un poderoso catalizador para evaluar el rumbo de nuestra vida y enfocar nuestros propósitos cuaresmales en aquello que tiene un valor eterno.
Sus enseñanzas ofrecen una guía atemporal para vivir una Cuaresma significativa, trascendiendo las prácticas superficiales para abrazar una auténtica renovación del alma. A continuación, exploramos los pilares de su consejo:
**1. Ofrecer Sacrificios de Impacto Duradero**
La Madre Angélica insistió en que los propósitos cuaresmales deben ser aquellos que generen un cambio perdurable. En lugar de renunciar a placeres temporales como los dulces, sugería abordar defectos de carácter que realmente limitan nuestro crecimiento personal e impactan negativamente en nuestras relaciones. “¿Por qué no ofreces tu mal genio?”, proponía, utilizando su propio temperamento como ejemplo. Su visión era que estos 40 días se conviertan en una oportunidad para formar hábitos virtuosos, como la amabilidad o la paciencia, comenzando con el propio entorno familiar. La meta no es solo la abstinencia, sino la erradicación de aquello que nos aleja de una vida plena y santa.
**2. Abrazar la Alegría en la Penitencia**
A pesar de la seriedad de la penitencia, la fundadora de EWTN subrayaba la importancia de vivir los sacrificios cuaresmales con alegría. En una emisión de 1999, afirmaba que el objetivo es agradar a Jesús, y un corazón gozoso en su ofrecimiento es de mayor valor que una observancia estricta realizada con pesimismo. Con su característico humor, advertía contra volverse irritable por el ayuno, sugiriendo que es preferible moderar el sacrificio si ello permite mantener un espíritu sereno y amable. La gracia cuaresmal se magnifica cuando la penitencia se vive con un corazón alegre y generoso.
**3. Fortalecer la Voluntad para Mayores Desafíos**
La Madre Angélica explicaba en marzo del año 2000 que los sacrificios cuaresmales, además de imitar a Cristo, son un entrenamiento fundamental para fortalecer la voluntad. Reconocía que muchas veces el pecado surge no solo del error, sino de la incapacidad de negarse a uno mismo. Consideraba que la verdadera penitencia, aquella que “cuesta” en lo más íntimo, construye una voluntad más robusta para resistir tentaciones mayores en el futuro. La Cuaresma, para ella, no era solo una abstinencia de 40 días, sino un recordatorio de las áreas de nuestra vida que aún necesitan ser transformadas y fortalecidas. Es una preparación para decir “no” a aquello que es difícil, cuando lo fácil sería ceder.
**4. Enfocarse en la Transformación Interna del Alma**
En un programa de 1994, la religiosa enfatizó que las mortificaciones cuaresmales deben centrarse en el interior de la persona, en los movimientos del alma, más allá de lo que se come o se bebe. Invitaba a una introspección profunda y a un compromiso con la Confesión, concibiéndola como un punto de partida para una vida renovada. Proponía que actos sencillos como ser amable y compasivo pueden generar una profunda mejora en la vida espiritual, demostrando que la verdadera penitencia reside en la actitud del corazón y en el esfuerzo por vivir de acuerdo con los principios del Evangelio.
**5. Profundizar en la Fe para un Mundo Desafiante**
También en 1994, la Madre Angélica observaba que el mundo atravesaba un período complejo, lo que hacía imperativo que los católicos dejaran de ser “crédulos” ante corrientes ideológicas y espirituales que podían corromper la mente y el corazón. Postulaba que uno de los mejores propósitos cuaresmales era afianzarse en la fe a través de la oración constante, la recepción frecuente de la Confesión y la Eucaristía, y la revalorización de sacramentales como el Rosario y el Agua Bendita. Su mensaje era claro: la Cuaresma no es para enfocarse en el estómago, sino en el alma. Instaba a los fieles a realizar “cosas realmente hermosas y piadosas”, afirmando que la oración y la penitencia son más necesarias que nunca. Defender la fe, dejar la vida de pecado y actuar como católico eran para ella, en sí mismos, actos de penitencia significativos.
La visión de la Madre Angélica sobre la Cuaresma trasciende lo meramente ritualista, invitando a una experiencia de transformación genuina. Su sabiduría sigue siendo una guía esencial para quienes buscan aprovechar este tiempo sagrado no solo para renunciar a algo, sino para crecer en virtud, fortalecer la voluntad y profundizar en su relación con Dios, preparando el corazón para la alegría de la Resurrección.




