La República Dominicana, y en particular la Diócesis de San Pedro de Macorís, marca un hito trascendental en su historia religiosa. Se ha abierto formalmente la causa de beatificación y canonización de Elupina Cordero, una laica venerada por miles como “Santa Elupina”, quien dedicó su vida al servicio y la fe inquebrantable a pesar de su ceguera temprana. Este anuncio, respaldado por la Santa Sede, da inicio a una rigurosa investigación sobre su vida y virtudes, buscando el reconocimiento oficial de su legado de santidad.
El anuncio oficial tuvo lugar el 11 de marzo, durante una rueda de prensa en el Obispado de San Pedro de Macorís. Monsignor Santiago Rodríguez, obispo local, presidió la presentación junto a los miembros de las comisiones encargadas de esta importante causa. La expectación entre los fieles dominicanos es palpable, al ver avanzar el camino hacia los altares de una figura tan querida.
Un paso crucial en este proceso eclesiástico fue la recepción del documento de “no objeción” por parte del Dicasterio para las Causas de los Santos en el Vaticano. Fechado el 26 de enero, este permiso valida la inexistencia de impedimentos doctrinales o morales, concediendo la autorización formal para iniciar la investigación a nivel diocesano. Este respaldo desde Roma es fundamental para el estudio exhaustivo de la vida de Elupina Cordero.
Con la aprobación vaticana, la fase diocesana del proceso ha comenzado oficialmente. Durante esta etapa inicial, un tribunal eclesiástico se dedicará a recopilar meticulosamente todas las pruebas posibles. Esto incluye documentos escritos por Elupina Cordero, testimonios de quienes la conocieron y presenciaron su vida, y cualquier otro material que pueda evidenciar que vivió las virtudes cristianas —fe, esperanza, caridad y las virtudes morales— en grado heroico. El “heroísmo” en este contexto se refiere a una constancia excepcional y profunda en la práctica de estas virtudes. Una vez completada esta fase, la documentación será cuidadosamente analizada por expertos teólogos e historiadores, antes de ser remitida al Vaticano para su posterior evaluación.
Para conmemorar este momento y dar inicio a los actos propios de la causa, la Diócesis de San Pedro de Macorís ha convocado a la feligresía a una Misa solemne. La celebración litúrgica se realizará el sábado 21 de marzo y será presidida por Mons. Santiago Rodríguez en la majestuosa Catedral San Pedro Apóstol. Se anticipa una masiva asistencia de devotos, quienes se unirán en oración y acción de gracias por este significativo avance en el reconocimiento de su “Santa Elupina.”
Pero, ¿quién fue Elupina Cordero, esta mujer cuya vida continúa inspirando a tantos? Nació el 1 de diciembre de 1892 en Sabana de la Mar, República Dominicana. Su infancia estuvo marcada por la adversidad: huérfana a los siete años, perdió la vista antes de cumplir los doce de forma inexplicable, sin causa aparente de enfermedad. Lejos de sucumbir a la desesperación, esta ceguera física pareció abrirle los ojos a una dimensión espiritual más profunda.
Desde la intimidad de su modesta habitación, Elupina Cordero transformó su hogar en un centro de apostolado. Se dedicó a predicar el Evangelio, a ofrecer consuelo espiritual y a asistir a los enfermos de su comunidad. Su método incluía el uso de remedios caseros y la imposición de manos sobre las áreas afectadas, prácticas que muchos de sus contemporáneos asociaban con dones de sanación. Su fama de intercesora y curadora trascendió rápidamente, atrayendo a personas de diversas latitudes que buscaban alivio para dolencias físicas y espirituales. La Pastoral de Comunicación de San Pedro de Macorís relata que “se convirtió en el alma de su pueblo, y de todas partes acudían a ella buscando la salud del cuerpo y del alma,” una frase que resume su impacto.
Más allá de su ministerio personal, Elupina Cordero dejó una huella institucional perdurable. Fundó la Capilla Santa Teresa de Jesús, un espacio de oración, y estableció un asilo para niños huérfanos que, con el tiempo, se transformó en una escuela, continuando su labor de caridad y educación. Su profunda espiritualidad y sus reflexiones fueron dictadas y posteriormente recopiladas en obras como *Caminos de Luz*, una antología de sus pensamientos, y la biografía *Elupina Cordero, Alma de Apóstol*, ambas compiladas por el sacerdote carmelita Daniel Guerra Sancho. Entre sus enseñanzas más recordadas resuenan frases como: “Dios sobre todo y ante Dios nada”, “La oración es la fuerza del alma y la luz del corazón” y “El amor es la medicina más poderosa para el alma y para el cuerpo”, que revelan la esencia de su fe.
A pesar de su noble labor, la Diócesis de San Pedro de Macorís destaca que Elupina también fue “perseguida y humillada desde distintos estamentos.” Enfrentó incomprensión y críticas, pero su fe inquebrantable en Dios le sirvió de escudo. Tras 47 años de una entrega “absoluta y heroica” a la obra divina, Elupina Cordero falleció en paz el 4 de junio de 1939. Su partida no mermó su influencia; cada año, en esa fecha, miles de dominicanos peregrinan a su tumba, buscando su intercesión y confiándole sus plegarias, un testimonio vivo de la profunda devoción que sigue inspirando.
La apertura de esta causa no es solo un trámite eclesiástico; es un reconocimiento a la arraigada piedad popular que rodea a Elupina Cordero y una invitación a la Iglesia universal a conocer y emular su ejemplo. Para la República Dominicana, significa el inicio oficial del camino para honrar a una de sus hijas más insignes en el ámbito de la fe, una figura que, desde su ceguera física, iluminó los corazones de incontables personas. Aunque el proceso es largo y riguroso, la fe de los devotos y el compromiso de la diócesis auguran un futuro prometedor para la eventual canonización de Elupina, un verdadero faro de luz y esperanza para la nación caribeña y la Iglesia global.





