Un nuevo libro arroja luz sobre las figuras menos conocidas de la persecución religiosa en España durante la Guerra Civil (1936-1939): aquellos que, sin alcanzar el martirio, padecieron la brutalidad del conflicto y lograron sobrevivir. La obra, titulada “Los mártires que no fueron. Salvados, clandestinos, refugiados, evadidos y muertos de la persecución religiosa en España (1936-1939)”, del sacerdote y teólogo Melchor Sánchez de Toca Alameda, y publicada por la Editorial Didaskalos, busca llenar un vacío en el relato histórico de uno de los periodos más convulses de la Iglesia contemporánea.
La persecución religiosa de la década de 1930 en España es un capítulo ampliamente estudiado, a menudo enfocado en la vida y sacrificio de los mártires reconocidos. Sin embargo, el autor, un experto relator en el Dicasterio para las Causas de los Santos, percibió la necesidad de documentar las experiencias de aquellos cuya fe fue puesta a prueba de formas igualmente dramáticas, pero cuyo destino fue diferente al de la muerte martirial.
Melchor Sánchez de Toca explica en conversación con ACI Prensa que su trabajo con numerosas causas de martirio lo llevó a percatarse de que “los que pasaron por la persecución y no murieron en ella, o bien murieron en ese período pero sin la gracia del martirio, habían quedado un poco en penumbra”. Su investigación desvela un rico tapiz de relatos personales que muestran la resiliencia y la creatividad de hombres y mujeres en circunstancias extremas. Algunos escaparon milagrosamente de la muerte, otros vivieron ocultos manteniendo viva la fe en la clandestinidad, algunos lograron huir de las zonas más peligrosas y otros fallecieron durante el conflicto, aunque sus decesos no cumplieron los criterios eclesiales para ser considerados mártires.
**Más allá del martirio: figuras reconocidas y anónimas**
El libro no pretende ser un compendio exhaustivo, sino una selección representativa de biografías que ofrecen una perspectiva enriquecedora. Entre las personalidades destacadas figuran nombres conocidos de la santidad y la beatificación, como Santa Maravillas de Jesús, San Josemaría Escrivá de Balaguer, el Beato Álvaro del Portillo, el Venerable José María García Lahiguera, el Beato Pere Tarrés, Isidoro Zorzano y la Sierva de Dios Carmen Hidalgo, cofundadora de las Oblatas de Cristo Sacerdote.
Junto a ellos, el autor rescata del olvido a figuras menos conocidas pero igualmente impactantes, como Ismael de Tomelloso, apodado “el miliciano santo”; Antonio Rivera, “el ángel del Alcázar”; o el jesuita Fernando Huidobro, capellán de la Legión. Aunque estos tres últimos sufrieron directamente las consecuencias de la guerra y dos de ellos murieron en el frente o por heridas, sus circunstancias no se alinearon con los estrictos criterios de la Iglesia para el reconocimiento del martirio. Sánchez de Toca subraya cómo hubo intentos en la posguerra, a menudo por parte de la propaganda franquista, de presentarlos como mártires, una visión que el libro se encarga de matizar con rigor histórico.
**La Iglesia en la clandestinidad**
Uno de los aportes más novedosos de la obra es la minuciosa reconstrucción de la vida religiosa subterránea en la zona republicana. El capítulo dedicado a los “clandestinos y la retaguardia orante” narra las ingeniosas estrategias y el coraje de los católicos que, desafiando el peligro, organizaron redes secretas para asistir a sacerdotes ocultos, facilitar la celebración de sacramentos y preservar la práctica de la fe.
Estas redes de apoyo, que “nada tienen que envidiar a las mejores novelas de espías”, según el autor, fueron fundamentales. Personajes como Isidoro Zorzano, el Venerable José María García Lahiguera y la Madre Carmen Hidalgo, cofundadora de las Oblatas de Cristo Sacerdote, jugaron roles clave en la creación de sistemas de asistencia económica, distribución de materiales para la Misa y el reparto clandestino de la Comunión en los hogares.
**Cruzar el frente: la huida y la supervivencia**
Otro capítulo conmovedor se centra en las historias de quienes, a través de operaciones extremadamente arriesgadas, lograron cruzar las líneas del frente. Entre ellos se encuentran el Beato Álvaro del Portillo, el Siervo de Dios Tomás Alvira, quien acompañó a San Josemaría Escrivá en su épico paso por los Pirineos, y la Venerable Sor Justa Domínguez de Vidaurreta, superiora de las Hijas de la Caridad, cuya travesía desde Madrid hasta Pamplona estuvo llena de peripecias. Estos relatos destacan la determinación inquebrantable de quienes lo arriesgaron todo por su fe y su vida.
**El “síndrome del superviviente” y la Divina Providencia**
Un aspecto psicológico que captó la atención de Melchor Sánchez de Toca fue el “síndrome del superviviente”, una experiencia común entre quienes lograron escapar de la persecución. Muchos de ellos vivieron el resto de sus vidas con la inquietante pregunta de por qué ellos se habían salvado mientras tantos compañeros y amigos habían sido asesinados. “No siempre es fácil responder a la pregunta: ¿por qué el Señor no me quiso mártir cuando efectivamente a muchos de sus compañeros los mataron?”, reflexiona el autor.
El libro también recoge episodios de salvación en el último instante, que los protagonistas a menudo interpretaron como manifestaciones de la providencia divina. Un impactante testimonio es el de un agustino que, ya maniatado y a punto de ser trasladado a Paracuellos, fue liberado por un desconocido que cortó sus ataduras y le instó a regresar a su celda sin mirar atrás. El shock postraumático de este episodio subraya la intensidad de las experiencias vividas por estos supervivientes. Otros se salvaron por errores burocráticos o intervenciones anónimas.
La obra, además, no evade los crímenes cometidos por el bando nacional, mencionando el caso del Padre Huidobro, quien denunció ante el cuartel general de Francisco Franco las ejecuciones sumarias de prisioneros, lo que añade una capa de complejidad y honestidad histórica al relato.
**Lecciones para el presente**
Más allá de su innegable valor histórico, el relator del Dicasterio para las Causas de los Santos enfatiza la relevancia de estas biografías para los cristianos de hoy. Según Sánchez de Toca, aquellos hombres y mujeres vivieron con una clara “vocación martirial” mucho antes del estallido de la guerra, una disposición a dar la vida por Cristo que se manifestaba en sus cartas y homilías.
Asimismo, el libro resalta la extraordinaria “creatividad apostólica” que desplegaron en circunstancias límite. “Esto es otra lección permanente también para nuestro tiempo”, concluye el autor, sugiriendo que el Espíritu Santo siempre suscita nuevas formas de apostolado adaptadas a las realidades de cada época. La obra es, por tanto, un testimonio de fe, resiliencia y una invitación a reflexionar sobre la capacidad del ser humano para mantener la esperanza en medio de la adversidad más profunda.








