Quito, Ecuador – La capital ecuatoriana fue epicentro de una significativa conmemoración religiosa y cultural en honor a San Francisco de Asís, figura central de la cristiandad. El Cardenal Mauro Gambetti, Vicario General del Papa para la Ciudad del Vaticano, visitó Quito para presidir una Misa solemne y participar en un simposio, eventos que subrayaron la relevancia atemporal del santo de Asís y su mensaje para el mundo contemporáneo. La iniciativa, que congregó a importantes líderes eclesiásticos, diplomáticos y académicos, puso de manifiesto el impacto profundo y duradero de la espiritualidad franciscana.
El pasado 10 de febrero, el histórico Convento de San Francisco en Quito, un bastión de la fe y la cultura franciscana en América Latina, albergó la Eucaristía principal. Ante una numerosa asamblea de fieles y miembros del clero, el Cardenal Gambetti, con su investidura como representante papal, pronunció una homilía que caló hondo en los asistentes. Su mensaje central giró en torno a San Francisco de Asís como un modelo insigne de vivir el Evangelio “sin excusas”, una apelación a la autenticidad y radicalidad en la fe que resonó en el venerable recinto.
Durante la celebración, el purpurado italiano enfatizó que “observar el mandamiento de Dios, sin añadir ni quitar nada, es la vía para acceder a la tierra prometida del corazón, el espacio interior donde reside la divinidad y fluye su vida en abundancia”. Esta afirmación del Cardenal Gambetti invitó a una profunda introspección sobre la práctica de la fe en la vida cotidiana. La Misa fue concelebrada por distinguidas figuras de la jerarquía eclesiástica ecuatoriana, incluyendo al Cardenal Luis Cabrera, Arzobispo de Guayaquil, y a Monseñor Alfredo José Espinoza, Arzobispo de Quito, junto con otros obispos del país, simbolizando la unidad y comunión de la Iglesia local con la Santa Sede.
El Cardenal Gambetti profundizó en la interpretación del deseo de San Francisco de Asís de “observar el Evangelio *sine glossa*”. Esta expresión latina, que significa “sin glosas” o “sin comentarios”, fue explicada por el vicario papal como una aspiración a practicar la Palabra de Dios en su pureza original, para luego alcanzar una comprensión más profunda y existencial de la misma. “Cuando uno vive la Palabra, es capaz de acoger la intención divina más recóndita que se le dirige, porque lo esencial es el amor que sostiene nuestra existencia. Nada debe opacarlo”, resaltó el cardenal, subrayando la primacía del amor en la vivencia cristiana.
La reflexión del Cardenal Gambetti también abordó la inherente dignidad humana. Recordó que, al haber sido creado a imagen y semejanza de Dios, el ser humano está intrínsecamente llamado a experimentar la existencia de una manera que refleje la vida, el pensamiento y el sentir divino. “Por ello, solo mediante la unión con Dios, con el corazón dócil y humilde de Jesús, el hombre puede realmente discernir ‘su mandamiento’, el cual siempre conmueve el alma y la colma de eternidad”, concluyó el prelado, invitando a una comunión íntima con lo sagrado.
Tras la celebración eucarística, las actividades continuaron con un simposio dedicado a la vida y el legado de San Francisco de Asís. Este encuentro académico y espiritual sirvió como un espacio privilegiado para la reflexión profunda en torno al santo, cuya influencia trasciende fronteras temporales y culturales. El Cardenal Gambetti inauguró la serie de ponencias con una disertación sobre la figura multifacética y la rica espiritualidad de San Francisco, ofreciendo perspectivas desde su posición en el Vaticano y su profundo conocimiento del carisma franciscano.
Posteriormente, el Cardenal Luis Cabrera presentó una ponencia enfocada en la trayectoria y el impacto de la Orden Franciscana en el contexto ecuatoriano. Su exposición ofreció una visión sobre cómo los principios franciscanos de humildad, servicio y cercanía a los más desfavorecidos han moldeado la historia y la sociedad de Ecuador a lo largo de los siglos.
Monseñor Alfredo Espinoza, Arzobispo de Quito, se dirigió a los participantes del simposio con un mensaje emotivo y pertinente. Resaltó que “hoy nos congrega la memoria vibrante de un santo que sigue interpelando el corazón del mundo: Francisco, el hermano de todos, el apasionado por el Cristo humilde y crucificado, el artífice de la paz, el custodio de la creación”. El arzobispo quiteño enfatizó que, “ocho siglos después de su partida a la Casa del Padre, su testimonio no pertenece al ayer; es una profecía ineludible para nuestro tiempo presente”.
Monseñor Espinoza contextualizó la relevancia de San Francisco en un mundo marcado por desafíos complejos. “En una era caracterizada por la fragmentación social, la escalada de la violencia y una creciente indiferencia, su vida nos recuerda que la Buena Noticia se proclama de manera más efectiva a través del ejemplo de vida, mediante actos tangibles de fraternidad, cercanía hacia los más vulnerables y un cuidado diligente de nuestro hogar común”, afirmó el arzobispo, haciendo una clara alusión a la encíclica *Laudato Si’* del Papa Francisco.
El evento fue el resultado de una significativa colaboración interinstitucional, organizada conjuntamente por la Embajada de Italia en Ecuador, la Nunciatura Apostólica en Quito, la Orden de los Frailes Menores del Ecuador y la propia Arquidiócesis de Quito. Este simposio se concibió como un foro de “reflexión, memoria y compromiso” en torno al invaluable legado espiritual de San Francisco de Asís, en la significativa conmemoración de los ochocientos años de su *Pascua*. La confluencia de estos actores subraya el reconocimiento universal de San Francisco no solo como una figura religiosa, sino como un pilar humanista cuya visión de hermandad y cuidado del mundo natural sigue siendo una inspiración vital.





