El Papa León XIV ha extendido un mensaje de felicitación y aliento al pueblo boliviano con motivo de la conmemoración de los 201 años de su independencia. A través de una misiva dirigida al presidente de la nación, Rodrigo Paz, el Santo Padre invocó la ayuda divina para que los bolivianos “caminen juntos, cada vez más, por senderos de justicia, paz y auténtica solidaridad”, un llamado que resuena profundamente en un momento de desafíos para el país sudamericano.
La República de Bolivia, oficialmente Estado Plurinacional de Bolivia, celebra cada 6 de agosto su independencia, un hito que en 2026 marca el bicentésimo primer aniversario de su declaración en 1825. Esta fecha no solo es un recordatorio de su soberanía, sino también una ocasión para la reflexión sobre el presente y el futuro de la nación andina.
Las celebraciones centrales tuvieron lugar en Sucre, la capital constitucional del país, donde la Catedral Metropolitana fue el escenario del solemne Tedeum. La ceremonia religiosa, de profundo arraigo en las festividades patrias de América Latina, fue presidida por Monseñor Ricardo Centellas, arzobispo de Sucre, y contó con la destacada presencia del presidente Rodrigo Paz, así como de otras autoridades civiles y militares.
Durante su homilía, Monseñor Centellas abordó la compleja coyuntura que atraviesa Bolivia, instando a la ciudadanía y, de manera particular, a sus líderes políticos, a no perder la esperanza. Evocando el Evangelio de la Transfiguración del Señor, el prelado emitió un mensaje de fortaleza y superación, animando a todos a “levantarse y no tener miedo” frente a la “crisis profunda y de mucho tiempo” que, según sus palabras, afecta al país.
El arzobispo subrayó la necesidad de una responsabilidad compartida para la superación de los problemas nacionales. “Ningún gobierno podrá solucionar esta crisis por sí solo”, afirmó, haciendo un llamado a la acción colectiva: “todos podemos hacer algo para cambiar la calidad de vida de este país”. En este sentido, instó a las autoridades a tomar decisiones audaces y a implementar las reformas estructurales que Bolivia demanda, enfatizando que estas deben cimentarse en acciones prácticas, en el trabajo conjunto, en la fraternidad y en la solidaridad. El mensaje de Monseñor Centellas se convirtió en un potente recordatorio de la resiliencia del espíritu boliviano y del papel fundamental que la Iglesia juega como voz de conciencia social y moral.
La lectura del mensaje del Papa León XIV fue uno de los momentos más esperados de la ceremonia. Monseñor Fermín Sosa, Nuncio Apostólico en Bolivia, fue el encargado de transmitir las palabras del Pontífice a los presentes y al presidente Paz. La felicitación del Santo Padre a Bolivia por sus 201 años de independencia fue acompañada de sus mejores deseos para el futuro de la nación, reafirmando así el vínculo espiritual entre la Santa Sede y el país sudamericano.
En su escrito, el Pontífice expresó con calidez: “Me es grato hacer llegar mi más sincera felicitación a Vuestra Excelencia y a todos los hijos de ese querido País, con ocasión de la Fiesta Nacional, a la vez que les expreso mis mejores votos de bienestar y prosperidad”. Estas palabras no solo constituyeron un saludo protocolar, sino también una manifestación del afecto y la cercanía que el obispo de Roma profesa por Bolivia y su gente.
Más allá de la felicitación, el Papa León XIV aseguró sus oraciones constantes por el bienestar de la nación. Un gesto de profunda fe y devoción fue la encomienda del país bajo el amparo de la Virgen de Copacabana, patrona de Bolivia. El Pontífice pidió la intercesión de la advocación mariana “para que conceda a todos los bolivianos los dones necesarios que les ayuden a caminar juntos, cada vez más, por senderos de justicia, paz y auténtica solidaridad”.
El mensaje papal, cargado de esperanza y un llamado a la unidad, subraya la visión del Pontífice sobre la importancia de la cohesión social y la búsqueda de valores fundamentales para el desarrollo sostenible de las naciones. La referencia a la Virgen de Copacabana no solo resalta la profunda fe católica del pueblo boliviano, sino que también sirve como un símbolo unificador en un país con una rica diversidad cultural y espiritual. La voz del Papa León XIV, desde el Vaticano, se une así a las voces que desde Bolivia claman por un futuro de mayor armonía y prosperidad, recordándoles la fuerza que reside en la fe y en la capacidad de caminar unidos.






