Ciudad del Vaticano – El Papa León XIV enfatizó este domingo, durante la celebración del Ángelus, la profunda conexión entre el sacramento del Bautismo y la renovación constante de la fe de los creyentes. En el marco de la festividad del Bautismo de Jesús, el Sumo Pontífice hizo un llamado a los fieles a meditar sobre el significado de este sacramento fundacional, que los convierte en hijos de Dios y los integra plenamente en la comunidad cristiana.
Desde el balcón de su estudio privado en el Palacio Apostólico, el Santo Padre dirigió su mensaje a una multitud congregada en la Plaza de San Pedro, invitándolos a “escuchar la Palabra [divina] y emular los gestos de amor hacia el prójimo”. Subrayó que, a través de esta práctica de fe y caridad, los cristianos “reafirman y revitalizan su propio Bautismo”, un rito sagrado que, según sus palabras, “libera del pecado y transforma a los individuos en herederos de Dios, investidos por el poder de Su Espíritu vivificante”.
La jornada dominical fue particularmente significativa para León XIV, quien horas antes había presidido una emotiva Eucaristía en la venerable Capilla Sixtina. Durante esta liturgia, administró el sacramento del Bautismo a veinte infantes, hijos de empleados de la Santa Sede. Esta tradición, iniciada por San Juan Pablo II en 1981, simboliza la continuidad y la vitalidad de la fe en el corazón del Vaticano. Las primeras ceremonias tuvieron lugar en la Capilla Paulina, pero desde 1983 la Capilla Sixtina, un recinto de profunda resonancia histórica y espiritual —la misma donde el actual Pontífice fue elegido el 8 de mayo pasado—, ha sido el escenario de este rito inaugural en la vida de los pequeños.
En su alocución dominical, el Vicario de Cristo abordó la concepción de un Dios que, lejos de ser un observador distante, participa activamente en la existencia humana. “Dios no contempla el mundo desde una perspectiva remota, ajeno a nuestras vivencias, nuestras aflicciones y nuestras esperanzas”, afirmó el Papa. Por el contrario, explicó, Jesús “se inserta en nuestra realidad con la sabiduría de Su Verbo hecho carne, integrándonos en un asombroso designio de amor destinado a toda la humanidad”.
Esta perspectiva teológica sirvió de preámbulo para explicar el profundo sentido del bautismo de Jesús en el río Jordán. Reflexionó sobre el asombro de Juan el Bautista al ver a Jesús acercarse para ser bautizado, citando la interrogante del profeta: “¿Y tú vienes a mí?”. El Santo Padre enfatizó que, en un acto de humildad y manifestación de la infinita misericordia divina, Jesús, en Su santidad, se somete al mismo rito que los pecadores, revelando así la naturaleza inclusiva y redentora de la divinidad.
León XIV profundizó en la misión del Hijo unigénito, destacando que Él “viene para servir, no para dominar; para salvar, no para condenar”. El Pontífice afirmó que Jesús “es el Cristo redentor; Él asume aquello que nos pertenece, incluso el pecado, y nos concede lo que es Suyo, es decir, la gracia de una existencia nueva y eterna”. Esta enseñanza recalca la entrega sacrificial de Jesús y su papel como puente entre la humanidad pecadora y la gracia divina.
El mismo misterio de transformación y redención se actualiza en cada Bautismo, recordó el Papa León XIV. “El sacramento del Bautismo actualiza este acontecimiento en todo tiempo y lugar, incorporándonos a cada uno de nosotros en la Iglesia, que es el pueblo de Dios, compuesto por hombres y mujeres de todas las naciones y culturas, regenerados por Su Espíritu”. Por ello, el Pontífice instó a los fieles a dedicar este domingo a “rememorar el inmenso don recibido, comprometiéndose a testimoniarlo con júbilo y coherencia en sus vidas”.
Al referirse a los veinte niños recién bautizados, el Papa compartió su alegría: “Precisamente hoy he bautizado a algunos niños, que se han convertido en nuestros nuevos hermanos y hermanas en la fe”. Y añadió con emoción: “Cuán hermoso es celebrar como una única familia el amor de Dios, que nos llama por nuestro nombre y nos libera del mal”.
Para el Santo Padre, el Bautismo es más que un rito inicial; es un compañero constante en la travesía de la vida. Recordó que “el primero de los sacramentos es un signo sagrado que nos acompaña perpetuamente”. Profundizando en su trascendencia, explicó que “en los momentos de oscuridad, el Bautismo es luz; en las contiendas de la vida, el Bautismo es reconciliación; en el umbral de la muerte, el Bautismo es la puerta al cielo”.
Concluyendo su meditación, el Papa León XIV invitó a todos los presentes y a quienes lo seguían a unirse en oración: “Recemos juntos a la Virgen María, suplicándole que sostenga cada día nuestra fe y la misión evangelizadora de la Iglesia”. Su mensaje resonó como un llamado a la introspección y a la vivencia activa de los principios cristianos, reafirmando la centralidad del Bautismo en la identidad y el camino espiritual de cada creyente.






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