El Papa León XIV ha presentado una profunda reflexión sobre la urgencia de la paz en el panorama global actual, a través de un prólogo inédito que acompaña la nueva edición en inglés de su obra “Peace Be With You!”. Este lanzamiento editorial, de la casa Harper Collins y disponible desde ayer martes en varios países angloparlantes, coincide con la reciente aparición pública del Pontífice ante los fieles en la audiencia general del 4 de febrero de 2026, celebrada en el Aula Pablo VI en el Vaticano, un escenario habitual para sus encuentros con peregrinos de todo el mundo.
La publicación en inglés es una versión actualizada de “¡Y paz sea!”, un libro originalmente editado en 2025 por la Libreria Editrice Vaticana. Dicha colección condensa las prioridades pastorales del Santo Padre y recopila sus intervenciones públicas más relevantes hasta la fecha de su primera aparición. Sin embargo, el valor añadido de “Peace Be With You!” reside en este nuevo prefacio, en el que León XIV aborda de manera directa y contundente lo que él describe como la “globalización de la impotencia”, invitando a una profunda introspección sobre el compromiso individual y colectivo con la construcción de la armonía.
En su texto, difundido también a través de Vatican News, el Sumo Pontífice no oculta su preocupación por la situación mundial. “Habitamos un planeta flagelado por incontables conflictos y azotado por enfrentamientos cruentos. Un nacionalismo exacerbado menoscaba los derechos de los más vulnerables”, lamenta el Papa. Para él, la paz, considerada “uno de los grandes desafíos de nuestra era”, posee una naturaleza bifronte. Por un lado, la define como una dimensión vertical, al considerarla una dádiva divina, una gracia que el Creador “ha concedido a la humanidad de todas las épocas a través del nacimiento de Jesús en Belén”, y que el Mesías resucitado “entregó a sus discípulos”. Por otro lado, la paz se manifiesta en una dimensión horizontal, entendiéndola como una responsabilidad intrínseca y un esfuerzo constante por parte del ser humano.
El Sucesor de Pedro enfatiza que la divinidad jamás avala la violencia. Para León XIV, la paz se materializa en gestos cotidianos y profundos. “Implica instruir a los niños en el respeto mutuo, evitando el acoso en sus juegos. La paz exige superar nuestro propio ego y ceder espacio al prójimo, ya sea en el seno familiar, en el ámbito laboral o en la práctica deportiva”, argumenta. Además, subraya que la paz se cultiva cuando “nuestros corazones y existencias se nutren del sosiego, la meditación y la comunión espiritual; porque el Señor no aprueba la agresión, nunca consiente la explotación de los demás, ni el uso desmedido de este único hogar terrestre que desfigura la Creación, manifestación tangible del amor del Creador”. Esta gracia divina, según el Pontífice, “activa la obligación de nuestra respuesta, de nuestra ‘buena voluntad'”, una idea que resuena con las enseñanzas de San Agustín de Hipona.
En este marco de análisis, León XIV sostiene que la paz es socavada mucho antes de los campos de batalla; su derrota comienza “en el fuero interno cuando cedemos al egoísmo y a la ambición desmedida, y cuando permitimos que prevalezcan intereses parciales por encima de la búsqueda del bien común”.
Entre las causas fundamentales de la violencia contemporánea, el Papa identifica la egolatría, la codicia y la priorización de beneficios sectoriales sobre el bienestar colectivo. Advierte que “numerosos pensadores han señalado que el despojo de la dignidad de las personas inicia cuando nos rehusamos a escuchar sus historias”. De esta manera, alerta que la cosificación del otro constituye el primer paso hacia cualquier conflicto bélico. En contraposición a esta dinámica destructiva, León XIV postula que el genuino interés por “conocer a los demás” representa un auténtico preludio de la paz. Para alcanzar este estado, es imperativo “saber amar”, una convicción que el Papa refuerza citando nuevamente a San Agustín, quien afirmó que “nadie puede ser conocido sino a través de la amistad”.
En un contexto global marcado por intensas tensiones geopolíticas, el Vicario de Cristo reconoce el sentimiento de indefensión que puede extenderse entre las poblaciones. Ante ello, asegura que los creyentes pueden responder a esta “globalización de la impotencia” primariamente a través de la oración. “La plegaria es una fuerza desarmada que persigue exclusivamente el bien común, sin exclusiones. Al orar, despojamos nuestro ego y nos volvemos capaces de gratuidad y sinceridad”, sostiene el Papa, evocando la misma metáfora que empleó el 8 de mayo anterior, cuando, tras su elección, hizo un llamado a buscar “una paz que desarma y una paz que propicia el desarme”.
Para León XIV, la confrontación decisiva no se libra en los frentes armados, sino en el interior de cada individuo. “Nuestro corazón es el terreno más crucial de batalla. Es allí donde debemos conquistar una victoria incruenta, pero indispensable, sobre los impulsos de muerte y las inclinaciones dominantes: solo los corazones que albergan paz pueden edificar un mundo en paz”, explica en el texto. En este sentido, el Pontífice exhorta a cultivar una “cultura del acercamiento y la reconciliación”, implementando en la vida diaria “espacios de encuentro no violentos, lugares donde la desconfianza hacia el prójimo pueda transformarse en una oportunidad para la unión”. “El corazón es la fuente de la paz: es allí donde debemos aprender a encontrarnos en lugar de chocar, a confiar en vez de desconfiar, a escuchar y comprender en lugar de cerrarnos a los demás”, escribe el obispo de Roma.
Finalmente, el Pontífice recalca que la responsabilidad de la paz no recae únicamente en la esfera personal o espiritual. También interpela directamente a los actores institucionales, subrayando que “la política y la comunidad internacional tienen el deber de facilitar la mediación de conflictos, recurriendo al arte del diálogo y la diplomacia”. El prólogo concluye con una sentida invitación a elevar una súplica al Creador, pidiéndole “que conceda a nuestro mundo, a todos los pueblos, especialmente a los más olvidados y a quienes más padecen, la bendita gracia de una paz justa y perdurable”.






