3 abril, 2026

El Papa León XIV presidirá este Viernes Santo de 2025 su primer Vía Crucis en el icónico Coliseo Romano, un evento cargado de simbolismo que, en esta ocasión, se enriquece con profundas meditaciones que conectan la Pasión de Cristo con las realidades más crudas del mundo actual. El Pontífice, marcando un hito en su pontificado, no solo encabezará la ceremonia, sino que también portará la cruz en cada una de las catorce estaciones, un gesto de cercanía y participación con el sufrimiento que evocan los textos elegidos para la ocasión.

La “Introducción” a las meditaciones sitúa de inmediato a los fieles en el corazón de la Vía Dolorosa de Jerusalén, un camino que no es solo un sendero piadoso y silencioso, sino un recorrido por callejuelas bulliciosas y caóticas, reflejo de la vida cotidiana. “Como en tiempos de Jesús, nos encontramos caminando en un ambiente caótico, alborotado y bullicioso, entre personas que comparten la fe en Él, pero también entre otros que se burlan e insultan. Así es la vida de todos los días”, se lee en el inicio de estos textos. Esta evocación inicial prepara el terreno para un Vía Crucis que trasciende el relato bíblico para interpelar directamente los conflictos y las aflicciones contemporáneas.

Las meditaciones, elaboradas por Fray Francesco Patton, quien sirvió como Custodio de Tierra Santa entre 2016 y 2025, trazan un puente ineludible entre la Pasión de Jesús y las pasiones que vive la humanidad hoy. Las imágenes del sufrimiento de Cristo se superponen con las escenas de guerra, injusticia y deshumanización que marcan nuestro presente. La dignidad humana, frecuentemente ultrajada en diversas latitudes; la tensión entre el poder divino y las ambiciones humanas; el sendero de la humildad y la promesa del Reino de Dios en la tierra, son ejes centrales que atraviesan las reflexiones de esta noche.

Un aspecto distintivo de este Vía Crucis, el primero bajo el liderazgo del Papa León XIV, es la elección de los textos que guían las reflexiones. Estos remiten, de manera destacada, a la sabiduría de san Francisco de Asís, de cuya muerte se conmemora este año el octavo centenario. La profunda espiritualidad del santo de Asís, que lo llevó a ser considerado un “alter Christus” o “imitador de Cristo”, se convierte en la fuente de inspiración para comprender y vivir la Pasión.

Fray Patton, él mismo un franciscano, conecta magistralmente las enseñanzas de san Francisco con la travesía de Jesús hacia la cruz. Citando las “Admoniciones”, invita a los presentes a “fijar la mirada en Jesús: ‘Reparemos todos los hermanos en el buen Pastor, que por salvar a sus ovejas soportó la pasión de la cruz’”. Esta exhortación busca que el Vía Crucis no sea una mera formalidad litúrgica o un ejercicio intelectual, sino un compromiso existencial que abarque la totalidad de la persona y su vida. “Al recorrer este Vía Crucis, acojamos la invitación de san Francisco a realizar un camino tras las huellas de Jesús que no sea meramente ritual o intelectual, sino que comprometa toda nuestra persona y toda nuestra vida: ‘Ofreced vuestros cuerpos y llevad a cuestas su santa cruz, y seguid hasta el fin sus santísimos preceptos’”, se subraya, haciendo referencia al “Oficio de la Pasión”.

La riqueza de la literatura franciscana se despliega en las meditaciones, abarcando desde las “Cartas a los fieles” hasta las “Admoniciones” y el “Oficio de la Pasión”. Estos escritos ofrecen una multiplicidad de temas, pero convergen en una mirada crítica y compasiva hacia un mundo que, al igual que los soldados hicieron con Cristo, “despoja” al ser humano de su esencia. “Y ahora te arrancan tus vestiduras, en el cruel intento de humillarte y despojarte también de tu dignidad humana. Es una tentativa que también se repite continuamente en nuestros días”, advierten los textos.

Esta dura realidad se manifiesta en diversas formas de opresión contemporánea: “Lo hacen los regímenes autoritarios, cuando obligan a los prisioneros a permanecer semidesnudos en una celda vacía o en un patio. Lo hacen los torturadores que no se limitan a quitar las vestiduras, sino que arrancan también la piel y la carne. Lo hacen aquellos que autorizan y utilizan formas de inspección y control que no respetan la dignidad de la persona. Lo hacen los violadores y los abusadores que tratan a las víctimas como objetos”. La crudeza de estas descripciones busca sacudir conciencias y sensibilizar sobre las heridas que la humanidad se inflige a sí misma.

Especialmente conmovedora es la reflexión en la XIII estación, la deposición del cuerpo de Cristo, donde Patton proyecta la mirada hacia las tragedias actuales: “Nunca debería haber cadáveres que no sean restituidos ni sepultados; las madres, los familiares y los amigos de los condenados nunca deberían verse obligados a humillarse ante las autoridades para que les restituyan los restos martirizados de un ser querido”. Este llamado a la humanidad y el respeto incluso en la muerte resuena con fuerza en un mundo a menudo indiferente al dolor ajeno.

Las meditaciones, redactadas con un lenguaje sencillo y directo, buscan comunicar un mensaje claro y esperanzador al mundo de hoy. A pesar de la profunda inmersión en el sufrimiento y las tinieblas de la existencia humana, el Vía Crucis concluye con la certeza inquebrantable de la victoria de Cristo sobre la oscuridad, una victoria que culmina en la promesa de la Resurrección, ofreciendo luz y consuelo a todos los que transitan el camino de la fe. Este acto, el primero de su tipo para el Papa León XIV, subraya su compromiso de llevar el mensaje evangélico a las realidades más apremiantes de nuestro tiempo, inspirándose en la humildad y el amor radical de san Francisco de Asís.

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