Washington D.C.— La Cumbre Internacional sobre Libertad Religiosa (IRF Summit) 2026, que concluyó recientemente en la capital estadounidense, sirvió como un crucial foro para analizar el complejo panorama de la libertad de credo a nivel mundial. Sam Brownback y Katrina Lantos Swett, copresidentes del evento, presentaron una evaluación actualizada que destaca tanto los avances como las profundas amenazas que persisten contra este derecho humano fundamental.
La Cumbre IRF congrega anualmente a una extensa coalición de organizaciones religiosas y de derechos humanos comprometidas con la promoción de la libertad de conciencia y culto para todas las personas, sin distinción de credo o ubicación geográfica. En este marco, las reflexiones de sus copresidentes adquieren una relevancia particular para entender la dinámica global. Sam Brownback, con su experiencia previa como Embajador General de Estados Unidos para la Libertad Religiosa Internacional durante la administración Trump, y Katrina Lantos Swett, presidenta de la Fundación Lantos para los Derechos Humanos y la Justicia y expresidenta de la Comisión de Estados Unidos para la Libertad Religiosa Internacional (USCIRF), aportan una perspectiva informada y estratégica.
Al evaluar el panorama global, Lantos Swett señaló a EWTN News una tendencia alentadora: “Vemos a más países destinando recursos a este tema, nombrando enviados de alto nivel centrados en la libertad de religión o de creencias”. Esta creciente atención internacional sugiere un reconocimiento más amplio de la importancia de la libertad religiosa en la diplomacia y la política exterior. Sin embargo, este progreso se ve ensombrecido por una realidad preocupante. Lantos Swett advirtió que “más del 80% de la población mundial vive en países donde existe algún grado de represión, persecución e imposición social y legal sobre este derecho humano fundamental”. Esta cifra subraya la magnitud del desafío y la persistencia de violaciones generalizadas.
Una de las preocupaciones más apremiantes identificadas por los líderes de la Cumbre es la “represión transnacional”. Este fenómeno implica que “actores muy negativos en el mundo extienden la larga mano de la violencia, la amenaza, la intimidación y el hostigamiento más allá de sus fronteras nacionales”, detalló Lantos Swett. Estas tácticas buscan silenciar a disidentes y comunidades religiosas incluso cuando intentan buscar refugio o expresarse en el extranjero, creando un clima de miedo que trasciende fronteras.
En la lista de los países con los peores registros en materia de libertad religiosa, Lantos Swett destacó a China, Irán y Rusia. Particularmente, expresó su profunda inquietud por los esfuerzos del gobierno chino de interferir en las estructuras religiosas, como la Iglesia Católica, “nombrando sus propios obispos y controlando lo que se le permite hacer a la Iglesia Católica en China”. Por su parte, Brownback coincidió en señalar a China como el principal violador, enfatizando que no solo oprime a su propia población, sino que también “produce la tecnología que sale hacia, creemos, cerca de 80 países para la opresión”. A esta lista, Brownback añadió la grave situación en Nigeria y en el subcontinente indio, donde las comunidades religiosas minoritarias enfrentan una creciente persecución.
Más allá de las amenazas tradicionales, los copresidentes también abordaron la emergencia de nuevas formas de desafío. La proliferación de “propaganda falsa” y el potencial impacto de la inteligencia artificial (IA) representan preocupaciones crecientes. Lantos Swett reflexionó sobre cómo la IA podría “impactar, para bien y para mal, la defensa de los derechos de conciencia”, abriendo nuevas vías tanto para la represión como para la defensa de la libertad religiosa. En su intervención, Brownback resumió la gravedad del asunto, calificando la vulneración de la libertad religiosa como “un problema enorme”, y posiblemente “uno de los derechos humanos más vulnerados en el mundo”. Hizo un llamado a la acción global: “Les ocurre a todas las diferentes religiones en todas partes. Es hora de que el mundo despierte y nos empuje de vuelta contra esto”.
Durante un panel de la cumbre celebrado el 2 de febrero de 2026, Brownback empleó una metáfora ilustrativa para describir el estado actual del movimiento por la libertad religiosa. Afirmó que quienes lo integran han estado “escalando por la parte trasera de la montaña donde nadie podía vernos durante mucho tiempo, y ahora estamos en un saliente al que mucha gente está disparando”. Esta nueva visibilidad, argumentó, exige una respuesta estratégica: “Ahora que estamos en el centro del debate y la discusión, tenemos que actuar como tal. Tenemos que tener nuestras bases fácticas en orden. Tenemos que ser cuidadosos y cautelosos, pero audaces y valientes”.
Brownback instó a la formación de alianzas más amplias, no solo dentro del ámbito de la libertad religiosa, sino también con movimientos prodemocráticos y de seguridad. El objetivo es transformar la causa en “un movimiento global, un movimiento de base, porque ahí es donde ganamos: como un movimiento global de base”. Lantos Swett complementó esta visión, destacando que la lucha por la libertad religiosa trasciende la “política del día” y es “más profunda y, en última instancia, más unificadora que muchas cosas que nos separan”. En un mundo cada vez más polarizado, enfatizó la necesidad de mantener este esfuerzo como una causa “no solo bipartidista sino una causa no partidista”, arraigada en principios comunes y el respeto por la dignidad humana.
El crecimiento del movimiento, según Lantos Swett, se debe en parte a “una inquietud ante el nihilismo omnipresente que vemos en el mundo que nos rodea”. Explicó que este nihilismo, en sus formas moral y existencial, es “una forma terrible de vivir” y de concebir una sociedad. No obstante, observa un cambio, “especialmente quizá incluso entre los jóvenes”, quienes “se están alejando un poco de esa visión de la vida algo sin rumbo y nihilista y buscan algo más significativo”. Esta búsqueda de propósito y significado, espera Lantos Swett, ayudará a “reclutar a una nueva generación de líderes para este movimiento”, quienes comprenden la importancia de tener una dirección clara y un impacto tangible en sus vidas y en el mundo. La Cumbre IRF 2026 concluyó con un llamado a la acción concertada y una renovada esperanza en la capacidad de un movimiento global y unificado para defender la libertad religiosa frente a las crecientes adversidades.






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