27 febrero, 2026

Una profunda reflexión sobre los límites del humor y la importancia del respeto a las creencias religiosas ha surgido en Chile, a raíz de la reciente edición del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar. La controversia se inició con la enérgica condena del Arzobispo de Santiago, Cardenal Fernando Chomali, hacia una rutina cómica que, a su juicio, incurrió en burlas y ofensas contra la fe católica. Este incidente ha impulsado al Arzobispado a invitar a un diálogo constructivo sobre cómo el humor puede coexistir con la consideración hacia la identidad y convicciones más profundas de las personas.

El foco de la polémica fue la actuación del humorista e imitador Stefan Kramer durante la primera noche del certamen viñamarino. En su presentación, el artista incorporó chistes y parodias de canciones católicas, lo que generó diversas reacciones tanto en el público presente como en la opinión pública.

A través de su cuenta en la red social X (anteriormente Twitter), el Cardenal Fernando Chomali manifestó su profundo descontento, calificando el acto como un “agravio gratuito”. El líder eclesiástico chileno enfatizó que “con la fe de los chilenos y el amor a la Virgen María no se juega”, agradeciendo la reacción del “monstruo” –apodo popular para el exigente público del festival–, que no siempre se mostró receptivo a las bromas. “Humor sí, siempre, pero teniendo claro que la fe de un pueblo es sagrada y se respeta”, concluyó Chomali, sentando las bases de un debate que trasciende el escenario festivalero.

La repercusión de las declaraciones del cardenal llevó al Arzobispado de Santiago a emitir un comunicado oficial, titulado “Humor y respeto”, que busca encauzar la discusión hacia una perspectiva más amplia y conciliadora. En este documento, la entidad eclesiástica reconoce el humor como un valioso “regalo social”, una herramienta que “permite mirarnos con humildad, reconocernos frágiles y reír juntos de lo que somos”. Esta visión inicial subraya la capacidad inherente del humor para unir y aliviar tensiones, cuando se ejerce de manera consciente y considerada.

Sin embargo, el comunicado rápidamente se adentra en la delicada balanza entre la libertad de expresión y la responsabilidad que conlleva. “La libertad de expresión es un bien enorme, y como todo bien grande, va de la mano con responsabilidad y consideración hacia los demás”, reflexionaron desde el Arzobispado. Este punto es crucial, ya que establece que el ejercicio de una libertad fundamental no puede desvincularse del impacto que sus manifestaciones tienen en la comunidad y en los individuos. El humor, argumentan, aunque libre, no debería ser una licencia para el agravio.

El texto profundiza en la distinción entre una simple referencia cultural y lo que para millones de personas representa una parte intrínseca de su ser. “Lo que para algunos puede ser sólo una referencia cultural, para otros es identidad, historia y algo profundamente sagrado”, aclararon. Esta afirmación destaca la naturaleza multifacética de la fe; para los creyentes, la religión no es un mero accesorio cultural o un tema superficial, sino el epicentro de su identidad, su consuelo en el dolor, el sentido en la incertidumbre y la esperanza ante las adversidades cotidianas. Forma parte de su vida cotidiana y de su ser más profundo.

El Arzobispado también hizo hincapié en la importancia del “cuidado” dentro de la sociedad, afirmando que este fortalece la convivencia. En un contexto social cada vez más plural y diverso, la capacidad de considerar las sensibilidades ajenas se vuelve esencial para el tejido social. La búsqueda de un humor que integre, en lugar de segregar, se presenta como un camino hacia una sociedad más cohesionada.

Para enriquecer su postura, el comunicado citó palabras del Papa Francisco, quien ha reflexionado en diversas ocasiones sobre el humor y la alegría. “El humor no ofende, no humilla, no pone a nadie contra la pared”, recordaron desde la Iglesia de Santiago, validando un tipo de humor que es respetuoso y que, en lugar de dividir, tiende puentes. Esta cita papal refuerza la idea de que la risa, lejos de ser un arma, puede ser un vehículo para la unidad, siempre y cuando “nazca del respeto”.

En conclusión, el Arzobispado de Santiago cerró su llamado al diálogo con una declaración clara y aspiracional: “Se puede hacer humor con alegría y consideración. El respeto no le quita fuerza a la risa: la hace más humana”. El incidente en el Festival de Viña del Mar ha servido como un catalizador para un debate más amplio sobre los contornos del humor en la esfera pública, la libertad creativa y la irrenunciable necesidad de cultivar el respeto mutuo en una sociedad que valora tanto la expresión individual como la cohesión colectiva. La conversación sobre cómo lograr este equilibrio, particularmente cuando se trata de temas que tocan la identidad y la espiritualidad, es un desafío constante que Chile, como otras naciones, debe abordar con madurez y apertura.

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