10 febrero, 2026

Cada 11 de febrero, la Iglesia Católica conmemora la festividad de Nuestra Señora de Lourdes, una fecha que evoca las apariciones marianas ocurridas en 1858 en las estribaciones del Pirineo francés. Este santuario, ubicado en la ciudad de Lourdes, se ha consolidado como uno de los destinos de peregrinación más importantes del mundo, atrayendo a cerca de tres millones de personas anualmente. Peregrinos de todo el planeta, muchos de ellos aquejados por enfermedades, buscan en este lugar un refugio de fe, esperanza y sanación. Setenta curaciones inexplicables han sido oficialmente reconocidas como milagros por la Iglesia, un testimonio de la profunda espiritualidad que emana de este sitio sagrado.

La historia de Lourdes comienza con una humilde adolescente de catorce años, Bernardita Soubirous, quien entre febrero y julio de 1858, fue protagonista de dieciocho encuentros con la Inmaculada Concepción en la gruta de Massabielle. Estas interacciones, que Santa Bernardita describía como “entre dos adolescentes”, ofrecieron a la joven, de salud precaria y familia humilde, un encuentro con una dignidad y un amor que contrastaban con las dificultades de su vida. El mensaje transmitido por la Virgen no solo transformaría a Bernardita, sino que dejaría una impronta indeleble en la fe católica, configurando seis pilares espirituales que hoy guían a los millones de peregrinos que visitan Lourdes.

El Padre Guillermo Cruz, consiliario de la Hospitalidad de Nuestra Señora de Lourdes de Madrid y director espiritual del Seminario Conciliar de la Archidiócesis de Madrid, desglosa estos mensajes esenciales que definen la espiritualidad del Santuario de Lourdes.

**1. Un Vínculo de Misericordia Divina**
Según el P. Cruz, el primer pilar de la espiritualidad de Lourdes es su profundo carácter de misericordia. Subraya que “lo primero que manifiesta la Virgen a Santa Bernardita es el amor inmenso de Dios por ella”. Este amor se hizo palpable en la sonrisa y el trato respetuoso que la “Señora” brindó a Bernardita, en una época en que la joven, de salud precaria y familia arruinada, a menudo era tratada con desdén. La dignidad que le confirió la figura celestial fue el imán que atrajo a Bernardita a esos encuentros de oración y contemplación, revelando la inagotable compasión divina.

**2. El Llamado a la Conversión y Penitencia**
Un segundo eje fundamental de la experiencia en Lourdes es el llamado a la conversión y la penitencia. El santuario alberga un viacrucis monumental, accesible a todos. El P. Cruz resalta un momento clave cuando la Virgen le pide a Bernardita: “Ven a beber a la gruta”. Este acto implicó para la vidente agacharse y embarrarse el rostro, un gesto de humildad y purificación. De este episodio, brotaron las únicas palabras directas de la Virgen durante las apariciones: “Penitencia, penitencia, penitencia”. Este triple clamor resuena como una invitación a la introspección, al arrepentimiento y a la renovación espiritual para quienes buscan el agua de Lourdes, entendida como símbolo de purificación interior.

**3. Un Destino de Peregrinación y Comunidad Eclesial**
Lourdes es, en su esencia, un lugar de peregrinación que encarna la “Iglesia en camino”. La Virgen misma solicitó: “Que se venga aquí en procesión y se haga una capilla”. Esta petición transformó el sitio en una meta física y espiritual, un punto de encuentro para la comunidad de fieles. El P. Cruz explica que Lourdes “se convierte en una meta, como lugar de peregrinación, donde aprendemos a vivir”. La capilla simboliza la Iglesia misma, un espacio donde los peregrinos encuentran su lugar, unidos en la fe y la devoción, realizando un viaje que es tanto geográfico como interior.

**4. Confirmación de la Fe y Doctrina de la Iglesia**
La revelación de la Virgen a Bernardita: “Que soy la Inmaculada Concepción”, es un pilar teológico crucial. Esta afirmación sorprendió a los clérigos, ya que la joven Bernardita desconocía el significado del dogma, proclamado apenas cuatro años antes por el Papa Pío IX. El P. Cruz enfatiza que, de esta manera, “la Virgen confirma el dogma”, fortaleciendo la confianza en las enseñanzas de la Iglesia. Además, estas palabras conectan con el saludo del Ángel Gabriel a María en la Anunciación: “Llena de Gracia”, sugiriendo que nuestro “verdadero nombre” es cómo Dios nos ve, en su infinita gracia y amor.

**5. La Humildad como Testimonio: El Legado de Santa Bernardita**
Más allá de las palabras reveladas, la propia figura de Santa Bernardita es un mensaje viviente en Lourdes. “En Lourdes el mensaje es Santa Bernardita”, afirma el P. Cruz. La gente no veía a la Virgen, pero observaba a Bernardita rezar con singular devoción, humillarse al beber de la gruta y mostrar una entereza asombrosa al transmitir los mensajes al párroco, a pesar de su frágil salud y escasa educación. Esta aparente debilidad realza la obra de Dios en ella, convirtiéndola en un poderoso testimonio de cómo la gracia divina actúa a través de los más humildes.

**6. Curaciones y Milagros como Signos de Misericordia**
Finalmente, Lourdes es universalmente conocido como un lugar de curaciones y milagros, manifestaciones tangibles de la misericordia divina. Desde los primeros días, se registró la primera curación documentada: la de Catherine Latapie, el 1 de marzo de 1858, quien se recuperó de una parálisis en el brazo derecho. El P. Cruz concluye que “Lourdes es un lugar en donde peregrinamos los necesitados, donde en primer lugar se experimenta la misericordia y donde, como muestra, algunos se han curado”. Estas curaciones, rigurosamente investigadas y reconocidas como milagros inexplicables por la ciencia, no son el fin último de la peregrinación, sino signos poderosos que invitan a la fe, la esperanza y la confianza en el poder transformador de Dios. Son un eco de la promesa de consuelo para quienes acuden a la gruta de Lourdes.

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