23 febrero, 2026

La memoria del diplomático italiano Luca Attanasio, brutalmente asesinado el 22 de febrero de 2021 en la República Democrática del Congo (RDC), continúa resonando a nivel global, tres años después de un crimen cuyas circunstancias aún demandan total esclarecimiento. En un reciente homenaje, el Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado del Vaticano, rindió tributo a su figura, destacando el profundo legado de servicio y humanidad que Attanasio dejó en vida y que ahora se erige como un faro de inspiración.

El pasado domingo, en la iglesia de San Giorgio en Limbiate, su ciudad natal al norte de Italia, el Cardenal Parolin presidió una emotiva Misa en conmemoración del embajador. Durante su homilía, el purpurado subrayó la trascendencia de Attanasio como un modelo contemporáneo, cuya vida interpela a la conciencia colectiva. “Su legado nos impulsa a seguir construyendo un mundo donde la paz sea más anhelada que la guerra, donde la amabilidad prevalezca sobre la violencia, y donde la solidaridad sea más efectiva que el lucro”, afirmó el Secretario de Estado del Vaticano, según reportó Vatican News.

El Cardenal Parolin enfatizó que, desde su convicción cristiana, Attanasio dedicó su existencia a la edificación de un mundo mejor, no solo a través de ideas, sino mediante “palabras y gestos reales, veraces y sinceros”. Este compromiso iba más allá de sus responsabilidades diplomáticas, manifestándose en una profunda huella de dedicación y altruismo. Su vida, centrada en el servicio del Estado y en la promoción de la cooperación entre naciones, se desarrolló en “contextos complejos, donde a menudo prevalecen el interés, el prestigio y la fuerza”, destacó el purpurado. Sin embargo, Attanasio eligió otro camino, el de la “concreción de la caridad”.

Para el Secretario de Estado, el embajador Attanasio legó un ejemplo palpable de amor al prójimo, evidente en su deseo genuino de acercarse a quienes más lo necesitaban. Sus acciones, marcadas por una inquebrantable vocación de caridad, se materializaron en las “muchas atenciones reservadas a los más pobres y a las comunidades de misioneros” que encontró en el ejercicio de sus funciones institucionales. Además, sus palabras, forjadas en los principios de la Palabra de Dios, le permitieron “hacerse comprender para llevar un mensaje de paz y consuelo, además de competencia”, evidenciando su habilidad para comunicar esperanza y soluciones.

La vida de Luca Attanasio fue un testimonio de vocación de servicio desde temprana edad, impulsada por una nobleza de espíritu que aspiraba a transformar el mundo. Diplomático de carrera, católico practicante y con un carácter afable, Attanasio encarnó una nueva generación de embajadores convencidos de que el compromiso internacional debe siempre tener un rostro humano. En 2017, se trasladó a Kinshasa, capital de la República Democrática del Congo (RDC), para asumir la jefatura de la misión diplomática italiana. Dos años después, con apenas cuarenta años, fue nombrado embajador, convirtiéndose en el representante diplomático más joven de Italia en ese momento.

Su estilo de trabajo se distanciaba de los protocolos ceremoniosos. Prefería llevar las “botas de montaña” para visitar y conocer de primera mano las realidades de las comunidades más desfavorecidas del país africano. Junto a su esposa, Zakia Seddiki, de origen marroquí y fe musulmana, con quien tuvo tres hijas, Attanasio fundó la asociación “Mamá Sofía”. Esta iniciativa altruista tenía como objetivo principal rescatar a niños de la calle, ofreciéndoles educación y la posibilidad de construir un futuro digno. Su matrimonio interreligioso y su compromiso humanitario reflejaban su visión de un mundo sin barreras, donde la colaboración y el respeto mutuo eran pilares fundamentales.

El fatídico 22 de febrero de 2021, esta vida de heroísmo fue truncada. Luca Attanasio viajaba en un convoy del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de las Naciones Unidas, rumbo a una escuela en Rutshuru, en el noreste de la RDC, para entregar ayuda alimentaria. Junto a él, fueron asesinados el carabinero italiano Vittorio Iacovacci, de 30 años, y el conductor congoleño Mustapha Milambo, en una brutal emboscada. La zona fronteriza con Ruanda, donde ocurrió el ataque, es conocida por su peligrosidad y por estar infestada de grupos rebeldes, escapando a menudo al control efectivo de las autoridades estatales.

Las autoridades judiciales italianas continúan investigando las complejas circunstancias que rodearon el ataque. Poco después del incidente, el PMA indicó que el convoy transitaba por una carretera que, según sus reportes, había sido previamente controlada y considerada segura. Sin embargo, los interrogantes persisten. Las investigaciones se han enfrentado a un contexto extremadamente volátil, caracterizado por la proliferación de milicias armadas y la fragilidad del control estatal en extensas regiones del este del Congo. A pesar de los esfuerzos, las circunstancias exactas de la emboscada y la identidad de los responsables directos siguen siendo objeto de una búsqueda de justicia que la comunidad internacional exige con urgencia.

El sacrificio de Luca Attanasio, Vittorio Iacovacci y Mustapha Milambo subraya los peligros inherentes al trabajo humanitario y diplomático en zonas de conflicto. Su legado, sin embargo, trasciende la tragedia. La vida y el ejemplo de Attanasio continúan inspirando a quienes creen en la diplomacia como herramienta de paz y en el servicio desinteresado como motor de cambio, manteniendo viva la esperanza de un mundo más justo y compasivo, incluso mientras la verdad de su muerte aguarda ser plenamente revelada.

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