13 febrero, 2026

Villa Silípica, cuna de María Antonia de Paz y Figueroa, conocida mundialmente como Mama Antula y primera santa argentina, se convirtió recientemente en epicentro de celebraciones y profundas reflexiones. La comunidad de esta localidad de Santiago del Estero conmemoró el segundo aniversario de su canonización el pasado 11 de febrero, mientras se alista para la solemnidad de su fiesta litúrgica, programada para el 7 de marzo. En este marco de fervor religioso y memoria histórica, el párroco local, Padre Mario Ramón Tenti, compartió detalles sobre la agenda de peregrinaciones de las reliquias de la santa y realizó un significativo anuncio sobre su proyección internacional.

El Padre Tenti informó que la imagen de Mama Antula será entronizada en la Catedral Metropolitana de Panamá el próximo 24 de mayo. Este evento, gestado a partir de una invitación de la embajada argentina en Panamá, marca un hito en la difusión del legado de la santa más allá de las fronteras nacionales, consolidando su figura como un puente espiritual en América Latina. La entronización panameña simboliza la trascendencia de su obra evangelizadora y la creciente devoción que genera en la región.

Paralelamente a esta expansión global, la misión evangelizadora de Mama Antula continúa activa a nivel nacional y local. Las reliquias de la santa emprendieron un recorrido por diversas provincias argentinas y se espera que en mayo regresen a Santiago del Estero, su provincia natal, cerrando un ciclo de profunda conexión con los fieles. A nivel local, la imagen peregrina por las parroquias cercanas a Silípica, fortaleciendo el vínculo con las comunidades. Este sábado, visitará la parroquia Nuestra Señora del Rosario en Fernández, mientras que el domingo se trasladará a la parroquia Santo Cristo, en la capital santiagueña, preparando a los devotos para la inminente fiesta litúrgica.

Durante sus intervenciones, el Padre Tenti no solo se centró en los aspectos celebratorios, sino que también abordó una inquietud pastoral de gran calado. El sacerdote expresó su preocupación ante la consolidación de lo que denominó un “nuevo paradigma cultural” a escala global. Según su análisis, esta corriente se caracteriza por fomentar el individualismo, una mentalidad de “sálvese quien pueda” que, a su vez, margina y excluye a los sectores más vulnerables de la sociedad, dejando “al costado del camino al que no puede defenderse”.

Esta preocupación se extendió a la esfera legislativa, donde el Padre Tenti hizo referencia a las discusiones y votaciones en el Congreso sobre proyectos como la reforma laboral y la posible baja en la edad de imputabilidad. Si bien reconoció que estas leyes podrían ser modificadas por futuros gobiernos, subrayó la complejidad y el riesgo de que tales enfoques se arraiguen profundamente en la cultura popular. “Lo difícil y complicado es cuando esto se instala en la cultura de la gente”, advirtió, reflejando su temor a que estas miradas “inhumanas” se normalicen en el tejido social.

El párroco manifestó una profunda tristeza al observar que, cuando las comunidades adoptan y se acostumbran a estas perspectivas, “vivimos así, como si todo eso estuviera bien”. Especialmente doloroso le resulta que “los cristianos avalen este tipo de miradas y paradigmas”, instando a una reflexión profunda sobre la coherencia entre la fe y los valores que se promueven o aceptan en la sociedad.

En este contexto de crítica cultural, el Padre Tenti reivindicó con fuerza la figura de Mama Antula como un faro de luz y un contrapunto esencial. Recordó que María Antonia de Paz y Figueroa, nacida en Villa Silípica, dedicó su vida a recorrer vastas distancias a pie, sin descanso, para llevar el mensaje de Jesús a todas las personas, sin distinción de riqueza o condición social. Su misión fue la de continuar el legado de los jesuitas tras su expulsión de los dominios españoles, enfocándose incansablemente en la conversión de los pecadores y la salvación de las almas, una labor que encarna la antítesis del individualismo y la exclusión.

La impronta de Mama Antula ha transformado su lugar natal, Villa Silípica, en un vibrante punto de encuentro espiritual. Cada domingo, cientos de fieles se congregan, buscando inspiración en la vida y obra de la santa. Este flujo constante de devotos testimonia el impacto duradero de su espiritualidad y la relevancia de su mensaje en tiempos contemporáneos. La historia de Mama Antula, su incansable evangelización y su compromiso con los más necesitados, sigue resonando como un llamado a la solidaridad y la fe, valores que el Padre Tenti considera cruciales para contrarrestar las tendencias deshumanizadoras del presente. Su legado no solo se celebra en aniversarios y fiestas litúrgicas, sino que se vive y se proyecta como una fuerza transformadora, tanto en la humilde Villa Silípica como en los templos internacionales que hoy la acogen.

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