En un escenario marcado por la persistente tensión política entre Estados Unidos y Cuba, la Iglesia Católica emerge como un actor fundamental, tendiendo puentes de solidaridad y esperanza a través de la ayuda humanitaria. Ante el recrudecimiento de las condiciones de vida en la isla, exacerbadas por sanciones económicas y los estragos de fenómenos naturales, organizaciones católicas se han convertido en canales de confianza para la distribución de asistencia vital, destacando su capacidad para trascender divisiones ideológicas.
A principios de 2026, la imagen del Padre Leandro Naunhung, vicario general de la Arquidiócesis de Santiago, Cuba, junto a misioneras de la caridad, distribuyendo kits de higiene y alimentos donados por el gobierno estadounidense a través de Catholic Relief Services (CRS), ilustra esta crucial labor. Esta iniciativa no solo subraya la fiabilidad de la Iglesia como socio internacional, sino que también pone de manifiesto los profundos y arraigados lazos que unen al sur de Florida con la nación caribeña.
**El Impacto de la Geopolítica en la Isla**
La situación en Cuba se ha visto gravemente afectada por la intensificación de las medidas restrictivas impuestas por Estados Unidos. Desde diciembre de 2025, un bloqueo naval a los buques petroleros venezolanos ha dificultado significativamente el transporte de combustible a la isla. Esta medida, precursora a otros movimientos geopolíticos, como la imposición de aranceles a países que suministran petróleo a Cuba mediante una orden ejecutiva emitida el 29 de enero, busca presionar al régimen cubano. El resultado directo ha sido una profundización de la ya precaria crisis energética del país.
Scott Gale, director del programa de ciencias políticas de la Universidad de St. Thomas en Miami Gardens, con décadas de experiencia en el gobierno estadounidense, ha señalado la importancia estratégica del petróleo venezolano en los asuntos internacionales relacionados con Cuba. Según Gale, antes de la reciente situación que afectó el flujo de petróleo venezolano, China se beneficiaba al recibir crudo como pago de deudas. Las sanciones estadounidenses, si bien afectaron los intereses chinos, tuvieron un impacto desproporcionado en Cuba, cuya dependencia del petróleo venezolano es crítica.
**Un Lazo Indisoluble: Cuba y Florida**
La conexión entre Cuba y el sur de Florida es una narrativa de exilio, resiliencia y comunidad que se ha forjado a lo largo de décadas. Tras la revolución de 1959, miles de cubanos buscaron refugio en Estados Unidos. Programas como la Operación Pedro Pan, que facilitó la llegada de más de 14.000 niños refugiados entre 1960 y 1962, o el masivo éxodo del Mariel en 1980, son hitos que marcaron la configuración demográfica de la región. El Padre José J. Espino, exrefugiado de Pedro Pan, ejemplifica esta trayectoria, dedicando su ministerio en el Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Caridad, patrona de Cuba, a acompañar a los inmigrantes cubanos.
Las historias personales reflejan la diversidad de experiencias. Samuel Rojas, estudiante de la Universidad Internacional de Florida (FIU) en Miami, comparte la historia de sus abuelos: uno, un empresario acomodado cuyas tierras fueron confiscadas, llegó vía Pedro Pan; el otro, un humilde “guajiro” que, desilusionado con la revolución, terminó perseguido. Estas historias familiares son un microcosmos de una diáspora compleja y vibrante.
Esta fuerte conexión se evidencia en datos demográficos. Según el Instituto de Investigación Cubana de la FIU, en 2023, el condado de Miami-Dade albergaba casi el doble de residentes de origen cubano que Santiago de Cuba, la segunda ciudad más grande de la isla. Asimismo, cifras de Western Union de 2021 indican que aproximadamente 1.5 millones de cubanoamericanos residen en Florida, con otros 400.000 distribuidos en estados como Texas, California, Nueva Jersey y Nueva York.
**La Iglesia Católica: Un Amparo para los Más Vulnerables**
En medio de estas dificultades, la Iglesia Católica cubana, en colaboración con entidades como la Asociación Cubana de la Orden de Malta, se enfoca en asistir a los sectores más vulnerables, especialmente a los ancianos. Juan T. O’Naghten, director de programas para Cuba de la Orden de Malta, explica que los adultos mayores son los más afectados por la escasez de combustible, que dificulta su movilidad y acceso a recursos. A menudo, quedan solos cuando sus familiares jóvenes emigran.
Desde el año 2000, la Orden de Malta ha apoyado comedores y centros de socialización en parroquias cubanas, ofreciendo no solo alimentos, sino también actividades recreativas y servicios básicos como lavandería. “Nuestro objetivo es que las personas mayores, que viven vidas muy difíciles en Cuba, tengan una vida más digna”, afirma O’Naghten. Los problemas de transporte y la acumulación de basura en las calles son obstáculos adicionales que limitan la calidad de vida de este grupo.
**La Respuesta al Huracán Melissa: Una Operación Humanitaria Sin Precedentes**
Otro factor que ha golpeado duramente a Cuba son los efectos persistentes del huracán Melissa, un ciclón de categoría 5 que azotó la región en octubre de 2025. Caridades Católicas de la Arquidiócesis de Miami, bajo la dirección ejecutiva de Peter Routsis-Arroyo, anticipó la magnitud del desastre y comenzó a movilizar ayuda para el Caribe antes incluso del impacto destructivo de la tormenta en Jamaica el 28 de octubre.
La campaña de auxilio se centró en Jamaica, Haití y Cuba. En Cuba, los suministros gestionados por Caridades Católicas han sido entregados a la Iglesia Católica, un mecanismo reconocido y permitido por ambos gobiernos. Desde principios de los años 2000, Caridades Católicas de Miami ha enviado un flujo constante de recursos a la Iglesia cubana, aproximadamente entre 25 y 30 contenedores de ayuda anualmente.
Más recientemente, el gobierno estadounidense ha optado por colaborar directamente con Catholic Relief Services (CRS) para canalizar la asistencia oficial post-huracán a través de Cáritas Cuba. Los primeros cargamentos de esta ayuda gubernamental arribaron a la isla el 14 de enero. Caridades Católicas de Miami también ha participado activamente en esta iniciativa de socorro continuo.
El Padre Richard Vigoa, párroco de San Agustín en Coral Gables, una parroquia predominantemente cubana, fue fundamental en la organización de los vuelos iniciales de ayuda tras el huracán. Señaló que la población del oriente de Cuba, cifrada en unos 3 millones de personas, resultó afectada de una u otra forma. Inicialmente, una ayuda de 3 millones de dólares equivalía a aproximadamente un dólar por persona, lo que obligó a Cáritas Cuba a identificar y priorizar a los más vulnerables en las zonas devastadas, enfocándose en “madres solteras, adultos mayores y personas con discapacidad”, según Routsis-Arroyo.
La transparencia en la distribución es clave. El 28 de enero, el P. Espino y la Hermana Eva Puebla de las Hijas de la Caridad acompañaron una entrega de ayuda a representantes de la Iglesia Católica en Santiago. Poco después, el P. Elvis González y el P. Esney Muñoz Díaz, de la parroquia San Miguel Arcángel de Miami, hicieron lo propio en la zona de Holguín.
La magnitud de esta cooperación es histórica. La ola inicial de ayuda estadounidense para Cuba fue de 3 millones de dólares, y el 5 de febrero, la administración de turno incrementó el total en 6 millones adicionales. Jeremy P. Lewin, alto funcionario de la Oficina de Asistencia Exterior, Asuntos Humanitarios y Libertad Religiosa, afirmó: “Que yo sepa, esta es la mayor cantidad de ayuda directa que Estados Unidos ha entregado a Cuba, al menos en la historia reciente, superando con creces los 2 millones de dólares aportados por la administración anterior tras el huracán Ian en 2022”.
**La Iglesia como Vínculo Unificador**
“El respeto y la disposición de ambos gobiernos a confiar en la Iglesia Católica para administrar esta ayuda dice mucho del trabajo que realizamos y de las garantías que podemos brindar para que esta asistencia inmediata se distribuya lo antes posible”, concluyó Routsis-Arroyo. La Iglesia se posiciona así como una fuerza unificadora y un garante de confianza en un contexto de profunda desconfianza política.
Tony Argiz, un ex participante de Pedro Pan, quien vivió bajo el cuidado de la Iglesia Católica de Miami desde los 9 hasta los 14 años, subraya el papel irremplazable de la institución. “La Iglesia es la que puede unir al pueblo cubano, tanto a los que están aquí como a los que están en Cuba. No estaría aquí sin ellos. Doy gracias a Dios todos los días”, compartió emocionado, añadiendo: “¿Quién mejor que la Iglesia para cuidar de las personas más vulnerables de la isla?”.
En un panorama donde las divisiones políticas persisten, la Iglesia Católica en Cuba y sus socios en Estados Unidos demuestran que la compasión y la acción humanitaria pueden trascender barreras, brindando un apoyo esencial a una población que enfrenta múltiples desafíos.




