9 marzo, 2026

Medjugorje, la pequeña localidad en Bosnia-Herzegovina conocida por las supuestas apariciones de la Virgen María, se ha convertido en el epicentro de una innovadora peregrinación católica. Un grupo de aproximadamente 150 solteros, provenientes de diversas partes del mundo, se prepara para un viaje espiritual del 17 al 21 de marzo, con el propósito fundamental de discernir su vocación, ya sea al matrimonio o a la vida consagrada. Esta iniciativa, que ha captado la atención global, se inspira en la conmovedora historia de amor y conversión de los misioneros digitales José Francisco Trigueros y Jeannine Sánchez, cuya unión tuvo lugar precisamente en este venerado santuario mariano.

La peregrinación, organizada con un vuelo chárter directo desde Madrid a Mostar –el aeropuerto más cercano a Medjugorje–, busca ofrecer a los participantes un espacio de profunda reflexión y encuentro espiritual. Los cupos, aunque casi agotados, evidencian el creciente interés de la comunidad católica soltera en encontrar dirección para sus vidas, en un contexto de fe y oración. El evento cuenta con el respaldo de figuras relevantes del ámbito católico, incluyendo la colaboración musical de José y Vali, del dúo Valivan, y el apoyo en la divulgación de la castidad de José Sánchez. Además, Mons. José Ignacio Munilla, obispo de Orihuela-Alicante, ofrecerá una plática telemática sobre el discernimiento vocacional, enriqueciendo la experiencia con su guía pastoral.

**La Historia que Inspiró la Peregrinación**

La génesis de esta singular peregrinación radica en el testimonio de José Francisco Trigueros, originario de Murcia, y Jeannine Sánchez, de Marbella. Ambos, figuras activas en la evangelización digital, se conocieron en Medjugorje en circunstancias que muchos describen como providenciales. Jeannine había atravesado un intenso proceso de conversión de cinco años, que la llevó a discernir su llamado al matrimonio santo. Tras romper con una relación anterior “en pecado”, y profundamente conmovida por la historia de los padres de Santa Teresita de Lisieux, Luis y Celia Martin, Jeannine inició una búsqueda fervorosa por su “San José”.

Durante tres años, Jeannine se sumergió en una vida de oración intensa, rezando diariamente el rosario por su futuro esposo, asistiendo a Misa y comulgando con esa intención, recitando la Coronilla y dedicando horas a la adoración eucarística. Su petición era clara: un matrimonio santo y una vida dedicada a evangelizar. En 2011, una mujer anónima, testigo de su piedad ante el Santísimo, la invitó a Medjugorje. Allí, Sor Vicky, de la Comunidad de las Bienaventuranzas, la animó a escribir una carta detallando las cualidades de su esposo ideal, con la promesa de que lo conocería en menos de un año.

Con fe inquebrantable, Jeannine redactó una carta de cinco folios, describiendo meticulosamente a su futuro compañero: un español que hablara italiano, con mentón partido, ojos grandes, complexión fuerte, ingeniero industrial y extremadamente cariñoso. Dejó la carta en la Cruz Azul de Medjugorje. Ocho meses después, el destino los unió en otra peregrinación en la misma aldea bosnia. José Francisco, por su parte, había viajado solo, ofreciendo sacrificios por la conversión de su entonces novia, que era atea. El primer encuentro fue memorable: Jeannine, impulsada por su alma, le espetó a José Francisco: “¿Qué haces con una que no es creyente?”. Con simpatía, él recuerda cómo ese “rapapolvo” inicial lo cautivó. Poco después, José Francisco recibió una beca Erasmus en Turín, “terminando de cumplir los requisitos” que, sin saberlo, Jeannine había plasmado en su carta. Tras un breve noviazgo, se casaron seis meses después.

**Un Llamado Global al Discernimiento**

La historia de José Francisco y Jeannine, y su deseo de fomentar “matrimonios santos” que evangelicen con su vida, fue el motor para que la empresa Haya Peregrinaciones les propusiera organizar un evento en Medjugorje. La idea de enfocarla específicamente en solteros surgió como una audaz propuesta que, aunque inicialmente generó “vértigo” por el temor a no completar el vuelo chárter, fue firmemente respaldada por Mons. Munilla, quien sugirió profundizar en el aspecto del discernimiento.

La convocatoria, inicialmente dirigida a solteros españoles, rápidamente trascendió fronteras. Participantes de Francia, Polonia, Reino Unido, México, Estados Unidos, Costa Rica, El Salvador, Argentina, Colombia y Madagascar han confirmado su asistencia, transformando la peregrinación en un encuentro de fe y esperanza de alcance internacional.

Entre los peregrinos se encuentran testimonios conmovedores como el de Elvira del Alto Torres, una contadora mexicana de 39 años que, tras un proceso de discernimiento vocacional asistido por un sacerdote, confirmó su llamado al matrimonio. Su camino espiritual reciente incluye ayunos de 40 días a pan y agua, una consagración a Jesús por María y formación en Teología del Cuerpo. Descubrió la peregrinación mientras rezaba novenas a San José por su futuro esposo, y viaja llevando no solo su propia carta a la Virgen, sino también las de cuatro amigas que no pudieron asistir. Elvira espera que “la Virgen me dé gracias” y “que sea lo que Dios quiera”.

Juan Manuel Zapata, murciano de 48 años, es otro de los peregrinos. Aunque su espiritualidad se ha alimentado de numerosas peregrinaciones a lugares como Santiago de Compostela o Roma, se consideraba “poco mariano”. Un rosario de Medjugorje, obsequio de un compañero que había estado allí con los Cascos Azules, sembró una semilla. A pesar de su distancia de las redes sociales, fue a través de ellas que encontró el anuncio de la peregrinación, sintiéndose atraído por “la Virgen de Medjugorje” y la promesa de “descubrir tu vocación”. Juan Manuel, un hombre jovial y extrovertido que valora la soledad en sus viajes, se decidió a ir “sin más expectativas que participar en todo lo que, con buena voluntad, está esta gente haciendo”, recordando la máxima de la Gospa: “más vale una Eucaristía que una aparición”. Llevará su flauta, buscando aportar sus talentos de forma humilde para acercar a otros al espíritu.

Esta peregrinación a Medjugorje no es solo un viaje físico, sino una travesía del alma, un acto de fe colectivo en la búsqueda de la voluntad divina. Refleja la convicción de que, en un mundo secularizado, el discernimiento vocacional y la formación de matrimonios santos son más necesarios que nunca, y que la guía maternal de la Virgen María puede iluminar el camino hacia una vida plena de propósito y amor.

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