22 marzo, 2026

Las ciudades fronterizas de México están redefiniendo el panorama migratorio, marcando un giro significativo respecto a los flujos masivos observados hace apenas unos años. Lejos de desaparecer, la migración ha adoptado un carácter más discreto, un “goteo” constante que, combinado con un aumento preocupante de repatriaciones desde Estados Unidos, impone desafíos inéditos a los albergues humanitarios del país.

Este cambio de dinámica es palpable desde la frontera sur hasta el extremo norte, impulsado en gran medida por políticas migratorias más estrictas y una compleja interacción de factores socioeconómicos. Los centros de acogida, fundamentales en la red de apoyo al migrante, se adaptan a esta nueva realidad, enfrentando la escasez de recursos y la evolución de las necesidades de las personas en tránsito.

**Tapachula: De Flujo Masivo a “Migración por Goteo”**

En Tapachula, Chiapas, conocida como la principal puerta de entrada para migrantes de Centro y Sudamérica, el albergue diocesano “Belén” ha sido testigo directo de esta transformación. El Padre César Augusto Cañaveral Pérez, director del centro, relata cómo la población constante de 500 personas que solían atender, comenzó a descender paulatinamente. Este cambio se hizo particularmente evidente a partir del 20 de enero de 2025, coincidiendo con la asunción de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y la firma de una serie de órdenes ejecutivas que endurecieron drásticamente las políticas migratorias.

Aunque la expectativa inicial era que el albergue quedara vacío, la realidad ha sido distinta. “Ya no se ven éxodos masivos”, explica el Padre Cañaveral, quien describe el flujo actual como una “migración por goteo”, atendiendo entre 80 y 120 personas diariamente. Esta persistencia de la población migrante en Tapachula se debe, según el sacerdote, a tres factores principales: el crecimiento de asentamientos migrantes en la ciudad, el retorno a una “migración tradicional de tránsito” donde las personas buscan servicios básicos antes de continuar su viaje, y un significativo número de individuos que aguardan trámites migratorios ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) para intentar regularizar su estancia en México.

El Padre Cañaveral subraya la preocupación por la capacidad de respuesta de Tapachula. A diferencia de grandes metrópolis como Monterrey o Ciudad de México, esta ciudad carece de la infraestructura necesaria para gestionar una crisis migratoria de tal magnitud, generando una aglomeración de personas con necesidades insatisfechas.

**Cifras que Reflejan el Endurecimiento Migratorio**

Un estudio del Pew Research Center, basado en datos de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos, corrobora el descenso en los cruces irregulares. El informe destaca que el total de aprehensiones en el año fiscal 2025 fue el más bajo desde 1970, registrando 237,538 encuentros entre la patrulla fronteriza y migrantes. Esta cifra contrasta drásticamente con los más de 1.5 millones de 2024 y los más de 2 millones observados en 2022. Es crucial recordar que estas cifras corresponden a “eventos” y no a individuos únicos, ya que una misma persona puede ser aprehendida varias veces. No obstante, la tendencia general de reducción en el flujo sur-norte es innegable y directamente atribuible al endurecimiento de las políticas migratorias estadounidenses.

**Tijuana: El Desafío de los Repatriados**

Mientras el sur experimenta una transformación en el flujo de entrada, la frontera norte se enfrenta a su propia realidad emergente: el aumento de migrantes repatriados desde Estados Unidos. En Tijuana, Baja California, uno de los puntos fronterizos más activos, la Casa del Migrante de los Misioneros Scalabrinianos, dirigida por Gilberto Martínez Amaya, ha visto una “baja muy significativa” en el flujo de personas que llegan desde el sur con destino a EE. UU. Sin embargo, este descenso ha sido compensado por un “aumento gradual de población interna” compuesta por personas repatriadas.

El gobierno mexicano reportó que durante 2025 se registraron 160,000 repatriaciones, siendo Mexicali y Tijuana los principales puntos de retorno. Martínez Amaya detalla que la Casa del Migrante recibe en promedio a 15 repatriados diariamente. Muchos de ellos son individuos que residieron en Estados Unidos entre cinco y treinta años, y que ahora se encuentran desorientados en un país que, en muchos casos, apenas reconocen.

Esta población repatriada presenta necesidades complejas y distintas a las de los migrantes en tránsito. Requieren atención a largo plazo, que incluye hospedaje, alimentación, asistencia para conseguir empleo, regularización de documentación, atención médica y, fundamentalmente, apoyo psicológico para afrontar el trauma del desarraigo y el regreso forzado. “Si bien el flujo migratorio sur-norte disminuyó en un 90%, nos aumentó el norte-sur con estos repatriados”, afirma Martínez Amaya, ilustrando el profundo cambio en la dinámica fronteriza. En Tijuana, la Casa del Migrante se concentra en hombres repatriados, mientras que mujeres y niños son canalizados al centro Madre Asunta, ofreciendo un promedio de 70 atenciones diarias, incluyendo apoyo para el cuidado de menores que asisten a la escuela mientras sus padres buscan empleo.

**Retos Compartidos: Sostenibilidad y Caridad**

Tanto en la frontera sur como en la norte, el principal desafío para los albergues humanitarios es la sostenibilidad económica. Martínez Amaya y el Padre Cañaveral coinciden en que la falta de recursos es un obstáculo formidable. Durante años, las organizaciones civiles han visto disminuir o desaparecer los fondos gubernamentales, y la ayuda internacional también se ha reducido, dejando a estas instituciones en una situación precaria.

El Padre Cañaveral enfatiza que este es un “reto muy grande para una iglesia local muy pobre” y hace un llamado a la Iglesia Católica en todo México y a las autoridades a no bajar la guardia. En tiempos de Cuaresma, cuando la fe invita a la caridad, el compromiso con los migrantes se vuelve aún más relevante. “Queremos responder al Evangelio: ‘Tuve hambre y me diste de comer, fui forastero y me hospedaste'”, expresa, reafirmando el compromiso humanitario y espiritual de seguir brindando apoyo a los hermanos migrantes.

La nueva realidad migratoria en México demanda no solo una comprensión profunda de sus complejidades, sino también una respuesta coordinada y sostenida por parte de la sociedad civil, la iglesia y las autoridades, para asegurar la dignidad y el bienestar de quienes transitan o regresan a estas tierras.

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