20 marzo, 2026

Más de un centenar de profesionales de la medicina hispanos, radicados en Nueva York, Estados Unidos, llevaron atención sanitaria vital a más de 4.500 residentes de El Dique, una de las zonas más desfavorecidas de Santo Domingo, República Dominicana. La iniciativa, enmarcada en una serie de **misiones médicas humanitarias** que tuvieron lugar del 9 al 13 de marzo, representó un alivio significativo para una comunidad que enfrenta escasez crítica de servicios de salud y pobreza extrema.

El epicentro de esta labor humanitaria fue El Dique, un sector a orillas del río Ozama, donde la precariedad de las condiciones de vida es “realmente abismal”, según describió el Dr. Mario Paredes, coordinador de estas **misiones de salud** y presidente de la Fundación Ramón Tallá. En una reciente entrevista, el Dr. Paredes enfatizó la necesidad apremiante de **atención médica gratuita** en estas áreas, donde el acceso a servicios básicos es un privilegio inalcanzable para la mayoría de sus habitantes.

La Fundación Ramón Tallá, que forma parte de la Corporación Somos de Nueva York, ha consolidado un compromiso anual con este tipo de iniciativas. Sus **campañas médicas** se extienden no solo a la República Dominicana, sino también a Puerto Rico y Cuba, dirigiéndose a comunidades azotadas por desastres naturales o por necesidades sociales críticas. Este enfoque sistémico subraya una visión de **ayuda humanitaria** que busca paliar el sufrimiento y construir resiliencia en regiones vulnerables.

Durante los cinco días de la misión, se erigieron hospitales de campaña temporales en la ribera del río Ozama, transformando el paisaje local en un centro de esperanza y curación. Con un equipo dedicado de médicos, enfermeras y voluntarios, se logró atender a una cifra impresionante de pacientes, superando las 4.500 consultas. Esta movilización masiva fue posible gracias a una extensa red de colaboración que incluyó a la Diócesis de Stella Maris, bajo el liderazgo de Mons. Manuel Antonio Ruiz; el Ministerio de Salud Pública de República Dominicana; el Hospital Militar Docente Dr. Ramón de Lara y la Fuerza Aérea Dominicana.

Los pacientes que acudieron a las carpas de atención fueron en gran medida referidos por grupos religiosos locales, quienes previamente habían realizado labores de evangelización y catequesis, identificando a los más necesitados. Esta sinergia entre la fe y la acción social facilitó una organización eficiente y permitió que las largas filas de personas que buscaban asistencia fueran atendidas de manera estructurada y efectiva.

Las evaluaciones médicas generales revelaron una prevalencia significativa de condiciones crónicas entre la población, como presión arterial alta y problemas cardíacos. Además, la **salud bucodental** se identificó como un área crítica, con un gran número de pacientes requiriendo tratamientos urgentes. En respuesta a estas necesidades, la misión no solo realizó diagnósticos, sino que también procedió con intervenciones directas. Se llevaron a cabo alrededor de 60 operaciones en el hospital militar colaborador, brindando soluciones a problemas de salud más complejos.

Un aspecto fundamental de la misión fue la provisión de recursos sostenibles. El Dr. Paredes explicó que todo el equipo médico y los suministros farmacéuticos transportados desde Nueva York fueron donados a la Iglesia local. Estos recursos permitirán a las policlínicas y centros de salud gestionados por la diócesis continuar ofreciendo **atención sanitaria** a la comunidad de forma permanente, extendiendo el impacto de la misión mucho más allá de los cinco días de intervención directa. “También traemos toda la medicina necesaria que la población requiere para las múltiples enfermedades. Todo esto, gratuito”, enfatizó Paredes, destacando el compromiso con el acceso universal a medicamentos esenciales.

La diversidad del equipo médico reflejó el espíritu de la Corporación Somos, reuniendo a profesionales de origen dominicano, puertorriqueño, argentino y mexicano, todos unidos por un objetivo común desde su base en Nueva York. Esta confluencia de talentos y culturas enriqueció la experiencia, fomentando un ambiente de solidaridad y comprensión.

En el ámbito de la **odontología**, la misión realizó aproximadamente 2.000 tratamientos bucales, incluyendo implantes y diversas intervenciones dentales. Los resultados fueron inmediatos y tangibles. El Dr. Paredes compartió testimonios conmovedores de pacientes que, por primera vez en mucho tiempo, podían sonreír con confianza. “La gente estaba feliz. Por primera vez uno veía a la gente sonreír, mostrar sus dientes, felices, se sentían como personas nuevas”, relató, encapsulando el profundo impacto emocional y psicológico de la atención recibida. “Y así, en todos los rubros que montamos en esta misión humanitaria, la gente estaba eternamente agradecida.”

El componente espiritual de la misión fue igualmente significativo. El miércoles 11 de marzo, Mons. Manuel Antonio Ruiz, Obispo de Stella Maris, presidió una Misa en la Casa María de la Altagracia, reuniendo a los médicos. En su homilía, el prelado destacó el carácter evangélico de su labor, comparando sus acciones con las de Jesús. “Lo suyo era la acción: sentarse con la samaritana, devolverle la vista al ciego, levantar al paralítico y sanar todo dolor que encontraba a su paso”, les dijo. “Eso es precisamente lo que ustedes han estado haciendo durante todos estos días: una misión de amor por los más necesitados. Al servir al hermano, están cumpliendo hasta el más pequeño de los preceptos de la ley de Dios. Al obrar y devolver la salud, se están pareciendo a Jesús.”

La **Misa con los médicos** sirvió como un recordatorio del propósito subyacente de la misión: la compasión y el servicio. “Él lo hacía con el milagro que venía de lo alto; ustedes lo hacen a través del milagro de la ciencia, devolviendo la vista y la esperanza”, afirmó Mons. Ruiz. Con estas palabras, el obispo no solo reconoció el arduo trabajo y la pericia de los profesionales de la salud, sino que también los inspiró a continuar su labor, recordándoles que “quien así cumple y enseña el amor con sus obras, como dice la promesa del Evangelio, será grande en el Reino de los cielos.”

En resumen, la **misión médica en Santo Domingo** no fue solo una serie de consultas y tratamientos; fue una manifestación palpable de solidaridad y esperanza. La Fundación Ramón Tallá, junto con sus colaboradores y un equipo de médicos comprometidos, dejó una huella imborrable en la comunidad de El Dique, no solo proveyendo **servicios de salud esenciales** sino también devolviendo la dignidad y la sonrisa a miles de personas en una de las zonas más olvidadas de la capital dominicana.

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