El Arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Mons. Luis Argüello, ha presentado una propuesta espiritual para vivir intensamente la Cuaresma, el período litúrgico que precede a la Semana Santa. A través de una misiva difundida con antelación al Miércoles de Ceniza, el prelado ha invitado a los fieles a abrazar lo que él denomina “dos síes y un no” como camino para disponer el corazón y prepararse para la celebración de la Pascua. Esta guía busca profundizar en las prácticas tradicionales de la oración, la limosna y el ayuno, ofreciendo una perspectiva renovada para su vivencia en el catolicismo contemporáneo español.
**El “Sí a Dios”: La Oración como Encuentro Transformador**
El primer “sí” propuesto por Mons. Argüello se dirige a la divinidad: “Sí a Dios”. Esta afirmación se materializa fundamentalmente a través de la oración, concebida como un encuentro personal y comunitario con el Creador. Según el líder episcopal, la oración es una oportunidad para experimentar la presencia reconfortante y el amor misericordioso de Dios. Es también el espacio idóneo para la escucha atenta de la Palabra divina, un proceso que, según sus palabras, “transforma y convierte nuestra mentalidad”, abriendo el camino hacia una auténtica conversión cuaresmal.
El prelado destacó que este “sí” cuaresmal puede adoptar diversas formas. Desde la intimidad de la oración silenciosa personal hasta la riqueza de la oración comunitaria, incluyendo prácticas arraigadas en la Iglesia Católica española como el Vía Crucis o la participación en novenarios, triduos y quinarios organizados por las hermandades y cofradías. Asimismo, Argüello subrayó la relevancia del sacramento de la Confesión como una expresión fundamental de este acercamiento a Dios durante la Cuaresma, facilitando la reconciliación y la renovación espiritual.
**El “Sí a los Hermanos”: Limosna y Militancia Cristiana**
El segundo “sí” se extiende hacia la comunidad: “Sí a los hermanos”. Este compromiso se articula a través del ejercicio de la limosna, entendido más allá de la mera donación monetaria. Mons. Argüello enfatizó la importancia de compartir los bienes materiales, especialmente con aquellos en situación de mayor necesidad, pero también extendiendo esta generosidad al tiempo y al propio ser. Implica “ofrecer nuestra vida en la cercanía” a quienes se encuentran solos, con quienes se han experimentado conflictos, o a aquellos que han sido olvidados y requieren nuestra atención y solicitud.
La colaboración con organizaciones como Cáritas, tanto a nivel parroquial como diocesano, la participación en la pastoral de enfermos o el cuidado de los ancianos, así como el apoyo a instituciones benéficas como Manos Unidas o Ayuda a la Iglesia Necesitada, son presentadas como vías concretas para manifestar este “sí a los hermanos”. El Arzobispo de Valladolid resaltó que la Cuaresma constituye “una buena ocasión” para este tipo de entrega. Además, Mons. Argüello vinculó la limosna con la promoción de la justicia en nombre de Dios, resaltando la necesidad de cultivar la formación en la Doctrina Social de la Iglesia. Esta formación es vista como un pilar para “un ejercicio de entrega de la vida en la militancia cristiana”, subrayando la dimensión social y comprometida de la fe en España.
**El “No Necesario”: Ayuno y Abstinencia como Vía de Libertad**
Para que estos “síes” de la oración y la limosna puedan florecer, Mons. Argüello recordó una enseñanza fundamental del Sermón de la Montaña: la necesidad de decir “no”. Este “no” cuaresmal se dirige a todo aquello que “nos aparta de Dios” o que “dificulta nuestra relación con los hermanos”, elementos que obstaculizan el camino hacia la Pascua.
El prelado identificó este “no” con el ayuno y la abstinencia, describiéndolos como “un ejercicio concreto, carnal, corporal” que implica la renuncia a algo legítimo. Ejemplos de esta renuncia incluyen la abstención de carne los viernes o la reducción de la alimentación. No obstante, el sentido profundo del ayuno trasciende la mera privación física. Su verdadero propósito es “disponer el corazón al sí al Señor, al sí a los hermanos”, liberando espacio interior para una mayor receptividad espiritual.
Mons. Argüello enfatizó que, para afirmar plenamente el “sí a Dios”, es imperativo ayunar o abstenerse de dedicar tiempo a distracciones contemporáneas como la televisión, las redes sociales u otras actividades superfluas que consumen nuestra atención. La invitación se extiende a una renuncia y un sacrificio que impliquen “disminuir nuestros gastos en otras cosas”, abarcando no solo lo superfluo sino, en ocasiones, incluso lo necesario, con el fin de compartir con los más desfavorecidos. El prelado instó a los fieles a “quitarnos de eso que llamamos tiempo libre” para que la libertad personal se traduzca en “ofrecer el tiempo en el servicio, en la ayuda a otros”, destacando una dimensión de generosidad que va más allá de lo material y se convierte en un pilar de la Cuaresma.
**La Trascendencia de los Pequeños Gestos y la Renovación Pascual**
Frente a la tentación de trivializar estos gestos, considerándolos “sin importancia”, Mons. Argüello defendió su valor intrínseco. Argumentó que “es a través de estos pequeños detalles como recordamos lo esencial”, revelando su significado profundo como “indicadores de una práctica penitencial”. Estos actos, aunque aparentemente menores, son los cimientos sobre los que se construye una auténtica preparación espiritual para la Semana Santa.
El Arzobispo de Valladolid concluyó su mensaje con una exhortación vibrante a vivir la Cuaresma como una “oportunidad para hacer un exceso en la oración, en la limosna, en el ayuno”. El objetivo último de esta dedicación es “disponer el corazón” y, en la Noche Santa de Pascua, “renovar nuestro Bautismo”. Con la fuerza del Espíritu Santo, la vida cuaresmal culmina en una oración más intensa y profunda, que interroga al alma con una apertura total a la voluntad divina: “Señor, ¿qué quieres de mí?”. Este llamado subraya la aspiración a una transformación personal y comunitaria, central en la fe católica española.





