**Ciudad del Vaticano** – Monseñor Filippo Iannone, recientemente designado Prefecto del Dicasterio para los Obispos por el Papa Francisco, ha presentado un llamado apremiante a la comunidad eclesial para revitalizar su camino a través de un redescubrimiento consciente del Concilio Vaticano II y una profundización en la conversión personal y comunitaria. Estas reflexiones, vertidas en una carta publicada en su rol anterior como Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina con motivo del Día de Hispanoamérica, que se conmemora cada 1 de marzo, subrayan la vitalidad inalterable de las enseñanzas conciliares como brújula para el presente y futuro de la Iglesia.
La misiva de Mons. Iannone parte de una observación perspicaz: a pesar de que el Concilio Vaticano II concluyó hace décadas, específicamente el 8 de diciembre de 1965, sus principios no solo mantienen su plena vigencia, sino que continúan ofreciendo una guía indispensable para la ruta eclesial contemporánea. Reconociendo la percepción superficial que podría llevar a algunos a considerar los documentos conciliares como “rebasados por la cambiante realidad del mundo y de la Iglesia”, el prelado enfatiza la sorprendente actualidad de su magisterio al ser releídos.
Esta actualidad, sin embargo, revela una verdad más profunda e incisiva: la aparente obsolescencia no reside en los textos conciliares per se, sino en una “falta de conversión” interna. Mons. Iannone argumenta que esta carencia es, con alta probabilidad, la principal responsable de que persistan desafíos y temáticas que demandan una mayor asimilación tanto a nivel individual como colectivo dentro de la Iglesia. Es un llamado a mirar hacia adentro y asumir la responsabilidad en la implementación de las directrices ya establecidas.
**La Sinodalidad como Gesto de Fidelidad al Evangelio**
Un aspecto crucial que Mons. Iannone destaca en su análisis es el de la “sinodalidad”, un concepto que ha cobrado especial relevancia bajo el pontificado actual. El presidente de la Pontificia Comisión subraya que la convocatoria del Papa Francisco a la renovación sinodal no brota de una búsqueda de ideas innovadoras por sí mismas, sino de un profundo “gesto de fidelidad al Evangelio y a la eclesiología” delineada en la constitución dogmática *Lumen Gentium*, uno de los pilares del Concilio Vaticano II.
En este sentido, la sinodalidad se presenta no como una moda, sino como una expresión contemporánea de la identidad intrínseca de la Iglesia. Se invita a comprender la unidad y comunión eclesial como una “realidad dinámica”, es decir, como el “pueblo de Dios que camina en la historia”. Esto implica una renovación profunda en la percepción y vivencia de la “identidad bautismal” y de la “constitutiva dimensión ministerial” que de ella emana, animando a cada miembro de la Iglesia a participar activamente en su misión.
La trascendencia de esta perspectiva se reflejó en la elección del lema para la jornada del Día de Hispanoamérica por parte de la Comisión Episcopal para las Misiones y Cooperación con las Iglesias de la CEE: “Caminamos juntos, compartimos con alegría”. Mons. Iannone celebra esta consigna, explicando que sintetiza el propósito de un caminar compartido, cuya meta es transmitir con gozo a Cristo, encontrado a través de una experiencia personal y transformadora. Este enfoque resalta la importancia de la comunión y la reconciliación como precondiciones esenciales para una evangelización efectiva, que busca inspirar la fe en el mundo.
**La Iglesia, un Farol para el Mundo**
Otro pilar en el mensaje de Mons. Iannone es la insistencia en que “la Iglesia no existe para sí misma”. Esta afirmación fundamental subraya que la vocación primaria de la Iglesia es proclamar con alegría la belleza inmutable del Evangelio a toda la humanidad y en todos los rincones del planeta. Esta visión misionera y extrovertida, según el prelado, constituye uno de los ejes transversales que definen el pontificado actual del Papa Francisco, orientando a la Iglesia hacia un servicio desinteresado al mundo.
El mensaje también pone de manifiesto la arraigada dimensión mariana de la misión en América Latina, haciendo una evocadora referencia a la labor de los misioneros españoles que han servido y continúan sirviendo a las iglesias particulares del continente. Mons. Iannone asevera que “la Virgen Santísima nos precede en todos estos esfuerzos”, recordando que María es simultáneamente “Madre” y “tipo” (modelo) de la Iglesia. El Capítulo VIII de la *Lumen Gentium* la describe como el primer miembro de la Iglesia y el arquetipo a seguir, sugiriendo que “ella es, en buena medida, la ‘Iglesia’ tal y como esta debe ser”. Esta dimensión mariana ofrece consuelo, guía y una profunda inspiración para todos los esfuerzos evangelizadores.
**Horizontes de Esperanza: Guadalupe y la Redención**
En sus palabras finales, el entonces presidente de la Pontificia Comisión para América Latina confía en que el camino de preparación hacia dos eventos de gran significado —el V Centenario del acontecimiento guadalupano en 2031 y el Jubileo de la Redención en 2033— sirva para mantener “muy presentes estos horizontes que nos ofrecen consuelo y ayuda real en nuestra labor evangelizadora y misionera”.
Estos hitos no solo marcan fechas importantes en el calendario de la fe, sino que actúan como faros que iluminan y fortalecen el compromiso de la Iglesia en su vocación evangelizadora. La reflexión de Mons. Iannone, aunque articulada desde su entonces rol, adquiere ahora un peso adicional con su reciente nombramiento como Prefecto del Dicasterio para los Obispos, reafirmando el compromiso de la Curia Romana con una Iglesia que, arraigada en sus concilios, avanza sinodalmente hacia una conversión profunda y un anuncio gozoso del Evangelio.



