9 marzo, 2026

**Santa Cruz, Bolivia** – En una reflexión profunda que resonó con la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, el Arzobispo Emérito de Santa Cruz, Mons. Sergio Gualberti, ofreció una homilía que entrelazó magistralmente la jornada global por los derechos femeninos con el evangelio del encuentro de Jesús con la mujer samaritana. Ante una congregación numerosa en la Catedral cruceña, el prelado enfatizó la “providencial coincidencia” entre ambas efemérides, transformando el relato bíblico en un potente mensaje contemporáneo sobre el respeto, la igualdad y la erradicación de la violencia.

La homilía del Arzobispo Gualberti, de origen italiano, se centró en la figura de Jesús como un precursor de la equidad de género, desafiando las convenciones sociales de su época. “Es una providencial coincidencia que el evangelio de hoy, Jornada Mundial de la Mujer, nos hable del encuentro de Jesús con una mujer, con la samaritana,” señaló el prelado, destacando cómo este episodio bíblico subraya el trato digno y respetuoso que Jesús dispensó a las mujeres, rompiendo con la mentalidad discriminatoria prevaleciente. Este ejemplo, afirmó Gualberti, es un llamado perenne a la sociedad actual para valorar la dignidad inherente de cada persona y a ofrecer el “agua de la vida,” simbolizando la gracia y la verdad.

El Arzobispo Emérito hizo un vehemente llamado a la acción y al compromiso social para combatir las flagrantes injusticias que aún afectan a las mujeres. “Nos anime a comprometernos para que no haya más violencias, ultrajes, abusos y feminicidios,” exhortó, enfatizando la necesidad de reconocer la igual dignidad entre hombres y mujeres, ambos considerados hijos e hijas amados por Dios. Su mensaje subraya la responsabilidad colectiva de construir una sociedad más justa y compasiva, donde la integridad y la vida de las mujeres sean plenamente respetadas y protegidas.

**Un Encuentro Profético que Rompe Barreras**

Mons. Gualberti profundizó en el significado de la interacción de Jesús con la samaritana, un acto que trascendió múltiples tabúes sociales y religiosos de su tiempo. Según las estrictas normas judías, Jesús no solo no debía hablar en público con una mujer, sino que la samaritana pertenecía a un pueblo considerado “hereje” por los judíos. Esta doble transgresión cultural es lo que provoca la sorpresa de la mujer en el pozo de Sicar.

El prelado destacó el “valor profético inestimable” de este gesto. Jesús, al entablar un diálogo abierto y respetuoso, no solo puso fin a la histórica división entre judíos y samaritanos, sino que también desafió la marginación de las mujeres y la exclusión de aquellos considerados pecadores. “Él rompe el círculo perverso de toda clase de exclusiones y marginaciones,” explicó Gualberti, resaltando la visión inclusiva y transformadora de Jesús que invitó a un cambio de paradigma social.

**El Agua Viva que Sacia Toda Sed**

Durante el encuentro, Jesús se reveló a la samaritana como la fuente de “agua viva,” una metáfora poderosa para la plenitud espiritual y existencial. Esta agua, explicó el Arzobispo, “aplaca para siempre la sed de amor, la sed de felicidad, la sed de vida.” La oferta de esta agua transformadora capturó el interés de la mujer, quien inicialmente solo buscaba agua física, pero encontró una promesa de satisfacción espiritual profunda y duradera.

El diálogo, que comenzó con una simple petición de agua, se tornó en una revelación personal y espiritual para la samaritana. Jesús, con profunda caridad, demostró conocer su vida pasada, marcada por errores, pero no la juzgó ni la apartó. En cambio, la acogió con una comprensión compasiva. Mons. Gualberti enfatizó que esta distinción entre el pecado y el pecador se ha convertido en una práctica fundamental de la Iglesia. “No podemos confundir el pecado con la persona que lo comete,” afirmó, subrayando la importancia de la misericordia sobre la condena.

**Verdad y Misericordia: Un Camino Hacia Cristo**

El Arzobispo Emérito aclaró que, si bien los cristianos no deben discriminar a ninguna persona, tienen la responsabilidad de mantener y proclamar la verdad. “Como cristianos no podemos discriminar, pero sí debemos cumplir con la verdad, iluminar y alertar para que no se acuda a las aguas estancadas y ponzoñosas del pecado que causan la muerte,” instó. Animó a todos a buscar a Cristo, quien es la verdadera “agua-vida,” la fuente de redención y propósito.

La transformación de la samaritana sirve como un ejemplo paradigmático. Al escuchar a Jesús, ella abandonó su cántaro, un símbolo de su vida pasada y sus antiguas búsquedas, y corrió a su ciudad para compartir la buena noticia del Mesías. Este acto de valentía y testimonio resalta el poder del encuentro personal con Jesús para inspirar un cambio radical y un deseo ardiente de compartir la fe.

**Un Tiempo de Actuar con Misericordia y Fraternidad**

Mons. Gualberti concluyó su homilía con una llamada a la acción, instando a los fieles a emular la misericordia de Jesús. “El Señor nos lleva a dejar atrás los males y pecados del pasado. Nos introduce en el plan de salvación y nos hace compartir la alegría de haber descubierto la buena noticia de la salvación,” manifestó. Este es, según el Arzobispo, “el tiempo de actuar con misericordia, con fraternidad y con ánimo de servicio y sin temor a los sacrificios, siguiendo el ejemplo del Señor.”

El Arzobispo Emérito reafirmó que el encuentro con Jesús brinda la fuerza y el coraje para no temer, para “beber el agua viva que nos transforma a nosotros también en agua de vida para los demás” y para renovar la fe. Finalmente, invitó a la comunidad a pedir al Señor la gracia de abandonar las “aguas ponzoñosas del pecado y del mal” para así beber del “agua viva” y nunca más experimentar la sed espiritual.

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