25 marzo, 2026

Managua, Nicaragua – La Arquidiócesis de Managua ha anunciado una iniciativa de solidaridad crucial en medio de la creciente hostilidad gubernamental contra la Iglesia Católica en Nicaragua. Las colectas que se realicen durante la venidera jornada de Miércoles de Ceniza serán destinadas a apoyar a los sacerdotes ancianos y enfermos de la jurisdicción eclesiástica. Este gesto adquiere una relevancia particular tras la eliminación, por parte del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, del fondo de retiro sacerdotal que garantizaba la mínima subsistencia de estos clérigos.

El Cardenal Leopoldo Brenes, Arzobispo de Managua, hizo el llamado a la feligresía, instándolos a demostrar su generosidad. “Es un momento para que nuestra comunidad de fe se una y brinde su apoyo a aquellos que han dedicado sus vidas al servicio y al amor en el ejercicio del ministerio sacerdotal”, expresó el Cardenal, apelando a la conciencia de los fieles. La comunicación de la Arquidiócesis, al reforzar este mensaje, citó el Salmo 71, versículo 9: “No me deseches en el tiempo de la vejez, cuando mi fuerza se acabare, no me desampares”. Este pasaje bíblico subraya la profunda necesidad de cuidado y compañía en la etapa final de la vida, una necesidad que la Iglesia busca cubrir ante la desprotección impuesta desde el poder.

**El Desmantelamiento del Fondo Sacerdotal: Un Patrón de Represión**

La decisión de la Arquidiócesis de Managua no es un acto aislado de caridad, sino una respuesta directa a una medida gubernamental que ha dejado a muchos sacerdotes jubilados en una situación de vulnerabilidad extrema. En agosto de 2024, el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo procedió a cancelar la personalidad jurídica de la Asociación pro Fondo de Seguros Sacerdotales, una entidad vital para el bienestar de los clérigos en su retiro. Esta asociación fue una de las más de 1.500 organizaciones no gubernamentales (ONG) a las que el gobierno retiró su estatus legal en un proceso que ha sido calificado por organismos internacionales como una purga sistemática de la sociedad civil y cualquier voz disidente.

El fondo sacerdotal, establecido legítimamente por la Conferencia Episcopal de Nicaragua, había obtenido la aprobación de la Asamblea Nacional en 2005. Su propósito era claro: ofrecer un sistema de seguridad y retiro para los sacerdotes nicaragüenses, muchos de los cuales no cuentan con otras fuentes de ingresos o pensiones al finalizar su vida activa. Históricamente, las colectas del Miércoles de Ceniza habían sido el principal mecanismo de financiación de este fondo, creando un círculo virtuoso de caridad y previsión social dentro de la propia Iglesia. La cancelación de la personalidad jurídica en 2024, precedida por el congelamiento de sus activos en 2023, representa no solo un acto administrativo arbitrario, sino un golpe directo a la autonomía y capacidad de autogestión de la Iglesia en el país.

**La Persecución Sistemática contra la Iglesia Católica**

La eliminación del fondo sacerdotal es solo un eslabón más en la escalada de hostigamiento y persecución que el régimen de Ortega y Murillo ha desplegado contra la Iglesia Católica nicaragüense. Desde 2018, cuando la Iglesia asumió un rol mediador en las protestas sociales y denunció las violaciones a los derechos humanos, se ha convertido en uno de los blancos principales de la represión gubernamental. La retórica oficial ha tildado a obispos y sacerdotes de “golpistas” y “terroristas”, criminalizando su labor pastoral y social.

Entre las numerosas acciones represivas, destacan la detención arbitraria y condena a más de 26 años de prisión de Monseñor Rolando Álvarez, Obispo de Matagalpa y Administrador Apostólico de la Diócesis de Estelí, por cargos de “traición a la patria”. También se han documentado la expulsión de congregaciones religiosas con arraigada presencia en el país, como las Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta; el cierre de medios de comunicación católicos, como canales de televisión y radioemisoras; la confiscación de bienes y propiedades eclesiásticas y educativas; y la prohibición de procesiones y otras manifestaciones de fe. Estas acciones no solo buscan silenciar una de las pocas voces independientes que quedan en Nicaragua, sino también desmantelar la estructura y capacidad de la Iglesia para asistir a la población más vulnerable.

**El Miércoles de Ceniza: Un Símbolo de Resistencia y Esperanza**

En este contexto de adversidad, el llamado a la solidaridad en el Miércoles de Ceniza adquiere un significado que trasciende la mera práctica religiosa. Se convierte en un acto de resistencia pacífica y en una reafirmación de los lazos comunitarios que el régimen intenta disolver. El Miércoles de Ceniza marca el inicio de la Cuaresma, un período litúrgico de penitencia, reflexión, ayuno y caridad. Al enfocar las colectas hacia el sustento de sus sacerdotes más vulnerables, la Arquidiócesis no solo cumple con un deber moral, sino que también envía un mensaje poderoso: la Iglesia seguirá velando por los suyos y por los más necesitados, incluso cuando el Estado busque despojarla de sus recursos y capacidades.

Este acto de caridad no solo busca proveer un alivio material a los sacerdotes ancianos y enfermos, sino que también fortalece el espíritu de la comunidad católica nicaragüense. En un país donde la esperanza a menudo se ve amenazada por la opresión, la fe y la solidaridad se convierten en pilares fundamentales para mantener la cohesión social y la dignidad humana. La Iglesia Católica en Nicaragua, a pesar de las presiones, sigue siendo un faro de esperanza y un refugio para aquellos que sufren las consecuencias de un gobierno que ha optado por la confrontación en lugar del diálogo.

La situación de los sacerdotes ancianos y enfermos, despojados de su fondo de retiro, ilustra crudamente las consecuencias humanas de la represión. Para muchos de ellos, la ausencia de este respaldo representa una amenaza directa a su bienestar y calidad de vida en los años finales de su existencia. La colecta del Miércoles de Ceniza es, por tanto, más que una simple recaudación; es un compromiso renovado de la comunidad de fe con sus pastores, un testimonio de la inquebrantable vocación de servicio de la Iglesia y un llamado a la conciencia global sobre la difícil realidad que enfrenta el pueblo nicaragüense y su Iglesia.

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