6 agosto, 2026

Buenos Aires, Argentina – El ambiente de expectación y esperanza marcó la Catedral Metropolitana de Buenos Aires este jueves, donde monseñor Michael Banach, el flamante Nuncio Apostólico de la Santa Sede en Argentina, celebró la Misa de inicio de su misión diplomática. Tras su reciente llegada al país y la presentación de sus credenciales ante las autoridades nacionales, el representante del Papa León XIV marcó el comienzo de su gestión con un mensaje de unidad y, de manera destacada, con el anuncio de una visita papal que llenó de alegría a los fieles.

La solemne Eucaristía, que simboliza el inicio formal de su tarea en la nación sudamericana, fue concelebrada por una nutrida comitiva de figuras eclesiásticas. Entre ellos, el arzobispo local, monseñor Jorge García Cuerva; el arzobispo emérito, cardenal Mario Aurelio Poli; el arzobispo de Mendoza y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Marcelo Colombo; y el arzobispo de Córdoba, cardenal Ángel Rossi. Su presencia, junto a otros obispos y sacerdotes, subrayó la importancia del evento para la Iglesia Católica en Argentina.

El ámbito civil también estuvo representado por destacadas figuras políticas, incluyendo a la vicepresidenta de la Nación, Victoria Villarruel, y al secretario de Culto y Civilización de la Nación, Agustín Caulo. La presencia conjunta de autoridades eclesiásticas y gubernamentales puso de manifiesto la relevancia diplomática de la misión del Nuncio y la fuerte relación entre el Estado argentino y la Santa Sede.

Durante su prédica, monseñor Banach transmitió dos mensajes centrales a los argentinos, provenientes directamente del Vaticano: “El primero, ¡Dios los ama! Y el segundo, ¡el Papa León también los ama!”. Con estas palabras, el Nuncio aseguró la cercanía espiritual y el afecto paternal del Santo Padre hacia la comunidad argentina, así como sus constantes oraciones. Este preámbulo culminó con el esperado anuncio que desató un aplauso entusiasta entre los asistentes: el Papa León XIV tiene previsto visitar el país en el mes de noviembre, una noticia que, según expresó monseñor Banach, busca que “sean muy felices de [recibir] esta noticia”. La visita del Pontífice se enmarca en un deseo profundo de que el pueblo de Dios que peregrina en Argentina pueda fortalecer y crecer en su fe católica.

Desde el inicio de su labor, el Nuncio Apostólico ha manifestado un claro propósito de fortalecer los lazos entre la Santa Sede y la Iglesia local. Dirigiéndose a los obispos, expresó su gran deseo de “trabajar con ustedes en espíritu de comunión para fortalecer los intercambios entre el Santo Padre y la Iglesia Católica en Argentina”. Esta visión subraya un compromiso con la colaboración mutua y el apoyo al episcopado en su misión pastoral.

La homilía del representante papal se centró en una profunda reflexión sobre el Evangelio, particularmente en la experiencia de Jesús con Pedro, Juan y Santiago en el monte de la Transfiguración. Monseñor Banach comparó la cima de la montaña con el éxito o los logros en la vida, esos momentos que deseamos que nunca terminen. Recordó cómo Pedro, abrumado por la gloria divina, quiso construir tres tiendas para prolongar la experiencia.

Sin embargo, el Nuncio planteó una perspectiva diferente. ¿Y si la verdadera experiencia cumbre no radicara en la permanencia de ese éxtasis, sino en la voz que emerge de la nube luminosa diciendo “Este es mi hijo querido en quien tengo puesta mi predilección. Escuchen”, y en la posterior invitación de Jesús: “Levántense, no tengan miedo”? El obispo describió cómo los apóstoles, confrontados con algo que superaba su entendimiento, cayeron al suelo aterrorizados. “Están viviendo algo más grande de lo que jamás imaginaron. Más de lo que jamás soñaron”, señaló, extrapolando esta vivencia a la vida de los fieles.

Monseñor Banach invitó a los presentes a reflexionar sobre esos momentos en los que la vida nos desborda con situaciones que superan nuestra capacidad de respuesta. Esos instantes de cambio inesperado, a veces deseado y otras veces temido, que nos dejan desorientados. “Quizás sea ahí donde te encuentras hoy”, afirmó, ofreciendo las palabras de Jesús como un bálsamo y una guía para el futuro: “Levántense y no tengan miedo”. Estas palabras, para el Nuncio, no solo son un consuelo, sino una promesa de futuro.

En un gesto de memoria y llamado a la conciencia global, monseñor Banach concluyó su mensaje haciendo referencia a la primera bomba atómica lanzada sobre Hiroshima (Japón) hace 81 años. Recordó las gravísimas consecuencias de ese ataque, la muerte y destrucción que dejó, para enfatizar que “al contemplar la gloria divina que resplandece en el rostro de Jesús en el monte de la Transfiguración, no debemos olvidar el sufrimiento causado por las guerras”. Este contraste entre la luz divina y la oscuridad de la violencia humana sirvió para reforzar la necesidad de escuchar el mensaje de esperanza y de levantarse sin temor.

“Pase lo que pase, siempre necesitamos escuchar las palabras fuertes y reconfortantes de nuestro Señor. Levántense, no tengan miedo. Levantarme y no vivir con miedo. Esa es la experiencia de estar en la cima de la montaña que yo deseo. ¿Y vos?”, concluyó el Nuncio, dejando a los fieles con una reflexión personal y un llamado a la valentía en su camino de fe, en un contexto que se anticipa histórico con la próxima visita del Papa León XIV.

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