Amberes, Bélgica – Mons. Johan Bonny, obispo de Amberes (Bélgica), ha desvelado en una extensa carta pastoral su intención de ordenar a hombres casados al sacerdocio para el año 2028, una medida que, de concretarse, contravendría directamente el actual Código de Derecho Canónico de la Iglesia Católica de Rito Latino. La propuesta del obispo Bonny, quien encabeza la Diócesis de Amberes desde 2009, surge tras los debates del Sínodo de la Sinodalidad, celebrados en el Vaticano entre 2023 y 2024, donde el tema del celibato sacerdotal fue abordado.
A pesar de que la cuestión de la ordenación de hombres casados fue discutida abiertamente en el sínodo, ni el Papa Francisco ni los autores del documento final emitido tras las sesiones autorizaron tal práctica ni recomendaron modificaciones futuras al derecho canónico que la permitieran. Sin embargo, el obispo Bonny argumenta en su misiva pastoral de once páginas que en cada debate sinodal “surge la cuestión de ordenar a hombres casados… al sacerdocio”, afirmando que el “consenso sobre esta cuestión es casi total… especialmente entre los más fieles y devotos” y que “existe desde hace muchos años”.
Para Mons. Bonny, la discusión sobre la validez de esta práctica ya ha quedado atrás. “La cuestión ya no es si la Iglesia puede ordenar sacerdotes a hombres casados, sino cuándo lo hará y quién lo hará”, enfatiza el obispo. Añade que “cualquier demora se percibe como una excusa”, reflejando una urgencia palpable en su diócesis.
**El Derecho Canónico y sus Excepciones**
La postura del obispo belga contrasta con el canon 1042 del Código de Derecho Canónico, que explícitamente prohíbe la ordenación de hombres casados al sacerdocio en el rito latino bajo circunstancias normales. Esta normativa establece que el único orden sagrado al que un hombre casado puede acceder es el diaconado permanente, siempre que cuente con el consentimiento de su esposa y tenga al menos 35 años. Sin embargo, un diácono permanente que enviude no puede volver a casarse.
Es importante señalar que esta norma no es universal dentro de la Iglesia Católica. El Código de Cánones de las Iglesias Orientales sí permite la ordenación de hombres casados, una práctica arraigada en las Iglesias católicas de rito oriental. Además, existen excepciones limitadas incluso en el rito latino. Por ejemplo, sacerdotes anglicanos casados que se convierten al catolicismo pueden ser ordenados sacerdotes católicos y permanecer casados. Excepciones similares se contemplan para otros ministros protestantes casados que desean convertirse y acceder al sacerdocio católico. No obstante, fuera de estas raras excepciones, la norma general para el rito latino es el celibato sacerdotal.
Curiosamente, en su detallada carta pastoral, Mons. Bonny no hace referencia a los cánones pertinentes ni cita ninguna aprobación explícita del Vaticano para su iniciativa. Tampoco revela información alguna sobre un posible cambio en el derecho canónico en un futuro cercano. Aunque el obispo no ha afirmado que solicitará una aprobación previa formal para las ordenaciones, sí ha manifestado que garantizará “la comunicación y los arreglos necesarios” con el Vaticano y la Conferencia Episcopal Belga, con el objetivo de “aprender de las experiencias y perspectivas de los demás”.
**Motivaciones y Preparativos**
“Haré todo lo posible por ordenar sacerdotes a hombres casados en nuestra diócesis para el año 2028”, reafirma el obispo Bonny. Detalló que se pondrá en contacto personal con los candidatos y se asegurará de que para entonces “cuenten con la formación teológica y la experiencia pastoral necesarias, comparables a las de otros candidatos al sacerdocio”. Subrayó que esta preparación será “transparente pero discreta, alejada de la atención mediática”.
Entre los argumentos que esgrime Mons. Bonny para justificar su propuesta, destaca la “escasez histórica de sacerdotes locales en muchas diócesis”. Si bien reconoce que muchos sacerdotes nacidos en el extranjero actualmente cubren esta carencia, sostiene que “no sería justo cargarles a ellos con el peso de nuestra escasez”. El obispo también menciona que la Iglesia en Bélgica ya trabaja “con varios sacerdotes católicos casados”, refiriéndose a los sacerdotes de rito oriental y a los conversos bajo las limitadas excepciones ya existentes.
Otros puntos relevantes que Bonny expone incluyen “un conjunto de experiencias relacionadas con la salud psicosocial de los sacerdotes y la transparencia de su estilo de vida”. En un tono crítico, el obispo añadió que “el tema del abuso sexual sigue siendo una preocupación importante” y que “las subculturas y los estilos de vida clericales ya pasaron de moda”. Además, vincula la falta de vocaciones nacionales a la “falta de discernimiento sinodal en el ministerio vocacional clásico”. Concluye afirmando que al visitar parroquias, se encuentra “con frecuencia con personas que la comunidad consideraría buenas candidatas a sacerdote”, y que él mismo conoce a “varios compañeros que serían idóneos para la ordenación”.
**La Visión Canónica y Teológica**
La iniciativa de Mons. Bonny ha provocado reacciones entre expertos en derecho canónico y teología. Tom Nash, apologeta del equipo de Catholic Answers, expresó a EWTN News su esperanza de que Bonny “sea dócil al Santo Padre”. Nash enfatizó que “solo el Papa, sucesor de San Pedro, tiene la primacía divina para enseñar de manera definitiva sobre la fe y la moral, y también la primacía divina de autoridad para atar y desatar en materia de disciplina”. Por lo tanto, advirtió contra cualquier avance que “viole gravemente esa primacía papal de gobierno divinamente ordenada”.
Nash explicó que, si bien los hombres casados pueden ser ordenados válidamente al sacerdocio (como se observa en el rito oriental y en las excepciones latinas), sin la aprobación papal y una modificación del derecho canónico, tales ordenaciones en el rito latino serían *ilícitas*. Comparó la situación con la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), cuyas consagraciones episcopales de 1988 fueron válidas pero ilícitas. Un sacerdote ordenado válidamente pero de forma ilícita sería un verdadero sacerdote y podría celebrar la Misa válidamente, aunque tales celebraciones serían contrarias a la Santa Sede y pecaminosas. Sin embargo, Nash aclaró que otras facultades sacerdotales, como la absolución de pecados en el confesionario o la asistencia válida en matrimonios, podrían no ser válidas sin delegación papal.
Por su parte, David Long, director del Instituto de Investigación Política y Estudios Católicos de la Universidad Católica de América y canonista, fue contundente al afirmar que la ordenación de hombres casados “no recae dentro de la autoridad de un obispo diocesano que actúe por su cuenta”. Long subrayó que “cualquier cambio en la práctica actual en una diócesis latina requeriría la intervención de la Santa Sede y no podría lograrse mediante una decisión unilateral de un obispo diocesano, por muy urgentes que sean las circunstancias desde el punto de vista pastoral”.
La propuesta de Mons. Bonny abre un importante debate sobre la autonomía diocesana frente a la disciplina universal de la Iglesia, y pone de manifiesto las tensiones existentes en algunas regiones respecto a la escasez de clero y la adecuación de las normas eclesiásticas a las realidades pastorales contemporáneas. El desarrollo de esta situación en la Diócesis de Amberes será observado con atención por la Iglesia global en los próximos años.




